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viernes, 28 de diciembre de 2018

Consulado de Cuba en Barcelona firma convenio de colaboración para recuperar los restos de Pablo de la Torriente Brau


Tomado de FB Embajada de Cuba en España

Barcelona, España, 27 de diciembre de 2018. La Consul General de Cuba en Barcelona, Mabel Arteaga Rodriguez, procedió a la firma del Convenio de Colaboración entre el Departamento de Justicia de la Generalidad de Cataluña, el Ayuntamiento de Barcelona y el Consulado de la República de Cuba en Barcelona sobre las actuaciones a desarrollar para la recuperación de los restos óseos del Pablo de la Torriente Brau.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

El Partido filofranquista Ciudadanos intenta vestir de "Santo" a un criminal de la Corona española


Por Gustavo de la Torre Morales

Recientemente, el Ayuntamiento de Palma de Mallorca ha aprobado en el pleno celebrado el jueves 29 de noviembre, por unanimidad, una moción en la que se insta al Parlamento balear a «revisar y rectificar» una reciente proposición no de ley aprobada por la Cámara regional en la que se acusaba al general mallorquín Valeriano Weyler por el «exterminio de un tercio de la población cubana».
Por supuesto, la citada moción ha sido presentada por Cs por vía de urgencia, y con apoyo del Partido Popular, señalando de que las acusaciones contra el General Mayorquín eran "falsas".
Se puede decir mucho de las riquezas culturales compartidas entre España con las otroras colonias de ultramar, pero en el caso de Cuba y Cataluña se puede decir que también hemos compartido el sufrimiento que causa el crimen de la colonización y los personeros que la perpetúan.

martes, 18 de abril de 2017

"todos nosotros, orgullosos de nuestra Revolución (...), no vacilaremos, frente a quienes sean, en defenderla hasta nuestra última gota de sangre"


Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de Dobla República de Cuba, en las honras fúnebres de las víctimas del bombardeo a distintos puntos de la república, efectuado en 23 y 12, frente al cementerio de Colón, el día 16 de abril de 1961.


Compañeros del Ejército Rebelde y de las Milicias Nacionales Revolucionarias;
Cubanos todos:

Es la segunda vez que nos reunimos en esta misma esquina.  Fue la primera en ocasión de aquel acto de sabotaje que le costó la vida a casi un centenar de obreros y soldados.

Cuba recuerda inicio de invasión mercenaria por Playa Girón


Tomado de Tercera Información
arc/evm

Cuba recuerda hoy el inicio de la invasión mercenaria por Playa Girón, hecho que constituyó la prueba de fuego de la naciente Revolución socialista cubana, hace 56 años.

Tres días y dos noches de intensos combates bastaron para derrotar en 1961 la agresión orquestada desde Washington y ejecutada por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA por sus siglas en inglés) para revertir el proceso de cambio iniciado el 1 de enero de 1959.
La aventura militar involucró a más de mil 500 mercenarios entrenados, armados y equipados por la CIA y el Pentágono, agrupados en siete batallones -cinco de infantería, uno de paracaidistas y otro de armas pesadas- y el apoyo directo del Ejército estadounidense.
El propósito fue ocupar una cabeza de playa donde establecer un gobierno provisional que solicitaría inmediatamente el reconocimiento y la intervención de Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos.

Previamente al desembarco por ese punto del centro sur de la isla, ocho aviones B-26 camuflados con falsas insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria atacaron simultáneamente en La Habana, la base aérea de San Antonio de los Baños y la pista de Ciudad Libertad, así como el aeropuerto de Santiago de Cuba.
El 16 de abril de 1961, en el sepelio de las víctimas de esa agresión efectuada en la mañana del día anterior, el Comandante en Jefe Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución cubana, la 'de los humildes, por los humildes y para los humildes'.
En conmemoración de ese suceso, representantes de organizaciones juveniles junto a veteranos combatientes de Cuba se reunieron ayer en el Cine 23 y 12, en las cercanías del lugar donde el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, dio a conocer esa proclama ante miles de personas que la secundaron.
Desde ese momento, miembros del Ejército Rebelde, la unidad de tanques de Managua, las milicias obreras, campesinas y estudiantiles, el Batallón de la Policía, integrantes de la Escuela de Responsables de Milicias, y de la Fuerza Aérea Revolucionaria, acudieron a sus trincheras para defender la Revolución Socialista.
El 17 de abril se iniciaron los combates que culminaron dos días después con la primera gran derrota del imperialismo estadounidense en América Latina.
A 56 años de la invasión a Playa Girón, Cuba se empeña en otra batalla formidable, por su complejidad y urgencia, con el propósito superior de actualizar su modelo económico y social para consolidar un socialismo próspero y sostenible.

viernes, 10 de marzo de 2017

Identidad

Resultado de imagen para identidad cultural cubana
Tomado de Cuba por Siempre
Por Nitro*

La identidad como concepto, es sinónimo de coincidencia, equivalencia, paralelismo, consonancia, semejanza. Todas  relacionadas con funciones de igualdad o semejanza.
La identidad también se utiliza para cualificar lo esencial, lo característico, lo que difiere y define los rasgos de un pueblo o nación.  Por eso se utilizan los términos identidad de un pueblo, identidad nacional, identidad política etc.
Al referirnos a la identidad nacional nos referimos al proceso de surgimiento y desarrollo, consolidación y transformación de una nación que  tiene un alto grado de espontaneidad, aunque desde la voluntad humana se cultiva y reproduce, y por tanto, se fortalece y desarrolla conscientemente.
La identidad nacional es parte de la realidad objetiva en la que nacen los individuos que forman su personalidad en el medio social y natural en el que se desarrollan. En su formación personal influyen la familia, el barrio, la comunidad, la escuela, el grupo de amigos, la lengua materna y el lenguaje gestual, las lecturas, la música y otras expresiones del arte, los símbolos, los hábitos, las tradiciones, las costumbres, las creencias, la naturaleza circundante, los olores, el hábitat en el que se desenvuelve, la actividad deportiva, las formas de recreación, las normas morales, en fin un conjunto de contenidos y modos de ser que configuran lo que podríamos definir como “lo cubano”.
La formación de la identidad nacional es un proceso histórico que tiene sus raíces en la consolidación de la nación cubana. La identidad nacional está ligada a la cultura cubana la cual se refleja en el cubano mismo, en su forma de ser, de hacer y pensar, en su mezcla de razas, que ha ido perfilando su autenticidad, expresada desde siempre en el sentido de independencia y soberanías plenas, de pensamiento propio y libertad en las ideas.
A lo largo del Siglo XIX fueron cuajando nuestra identidad cultural y la nación cubana, cuyo alumbramiento fue el 10 de octubre  de 1868, cuando el Padre de la Patria  unió a los criollos blancos con los negros esclavos y los convidó a luchar por la independencia nacional y por la formación de la nación cubana.
También en la  formación de la identidad nacional,  la cultura cubana  ha jugado un importante papel, en esa forja se destacan por mencionar algunos nombres y a riesgo de obviar importantes figuras, Félix Valera, José de la Luz y Caballero, José Martí, Enrique José Varona, Fernando Ortiz, Alejo Carpentier, Amadeo Roldan, Alejandro García Caturla, Ernesto Lecuona, Alicia Alonso, Juan Marinello, Benny Moré, Nicolás Guillen, y otros muchos que han conformado y modelado el carácter, también universal de nuestra cultura.
Una de las características más importante de la formación de nuestra identidad nacional  es el papel progresista que en ella ha jugado la cultura cubana, que  desde sus orígenes,  ha tenido una  vinculación con la causa del progreso social y con los intereses del pueblo trabajador. En la cabal comprensión de este hecho ha estado, la fuerza, la riqueza y la capacidad expresiva de lo mejor del movimiento intelectual cubano.
No fueron las clases conservadoras las que crearon el arte en Cuba, han sido las capas más humildes progresistas de la población las que dieron origen, vigor y fuerza al arte y a la literatura cubana. Esta el ejemplo de la música que ha sido, en alto grado, creación del pueblo y de sus sectores más humildes y que han alcanzado relieve universal.
La identidad nacional,  es un proceso dialéctico que constantemente se está enriqueciendo o   contrario con el devenir histórico de la sociedad. En la etapa neocolonial, Cuba fue sometida a una maniobra descubanizadora a gran escala por parte del imperialismo norteamericano, que utilizó un amplio repertorio instrumental: desde algunos “generosos” programas aplicados durante la primera intervención (de carácter pedagógico, de orden  público y judicial, y de salubridad) hasta el uso sistemático de los medios de comunicación para falsificar y desacreditar símbolos y valores nacionales, y en la exaltación correspondiente  del american way of life.
Cuando este proyecto de absorción y desmantelamiento fue detenido y cortado de raíz por el triunfo de la Revolución cubana, se alcanzó para Cuba una nueva opción histórica en todos los ordenes y con ella la consolidación de la identidad nacional y la cultura cubana, asediada hasta entonces por las fuerzas antinacionales, encontraba un espacio inédito de plenitud.
Ahora, una vez más, se pone de a prueba la resistencia de nuestra cultura. Desde el corazón del imperio, se renuevan planes anexionistas para dañar los fundamentos de nuestra identidad nacional y revolucionarios de la sociedad cubana. Nuestra Revolución, nuestras aspiraciones de edificar un socialismo próspero y sostenible  y la cultura nacional cubana, tienen hoy enemigos comunes, y están unidos ante los desafíos y peligros del presente y del porvenir.
No hay mejor arma para los retos externos e internos que la resistencia cultural, la reafirmación de nuestros valores nacionales, a profundizar en nuestra identidad, a luchar por lo cubano.
*Colaborador de Cuba por Siempre

jueves, 24 de noviembre de 2016

Las coordenadas de la Utopía

Viva La Revolucion Graffiti
"Y la cultura del tener, la capitalista, nos rodea como «la maldita circunstancia del agua por todas partes»" (...) "Solo la Revolución puede superar a la Revolución y hacernos avanzar; solo si la pasión por la justicia social no cede, si no se renuncia a la búsqueda de un camino alternativo que garantice el consumo y dignifique la vida, pero que eluda el consumismo y las visiones pragmáticas; solo si los sueños no se domestican, si no se nos cortan las alas en nombre de una racionalidad castrada, podremos construir un futuro más digno para todos los cubanos. Donde no hay «imposibles» por conquistar, no hay revolucionarios."
Tomado de Granma
Por Enrigue Ubieta Gómez

Vivimos tiempos difíciles. La tierra que antes se divisaba en el horizonte y que nos compulsaba a remar con fuerza, sin reparar en obstáculos y sacrificios, se desdibujó en los años noventa; los agoreros del Apocalipsis dicen y repiten que no podrá alcanzarse, que apenas era un motivo literario que nos ayudaba a crecer, lo que nos dejaría a solas con el presente, un presente que sin pasado y sin futuro, sin una visión móvil, un desde y un hacia, se convierte en charco sucio, en agua estancada. Ciertas tendencias en la literatura, el teatro o el cine —y fuera o dentro del arte, en la crítica social—, son el reflejo del corte de luz, de la falta de percepción de (o la renuncia a) un horizonte. Son miradas miopes —no ven más allá de lo inmediato— que las trasnacionales promueven, las que establecen el nuevo dog­ma que debe paralizar la navegación. Un profesor de fotografía decía a sus alumnos, mientras mostraba la foto de un anciano desvalido que pasaba junto a un almendrón roto: esta es la imagen que tipifica a Cuba en el mundo. La que ellos quieren, desde luego. Es una verdad a medias decir que el arte refleja la realidad, también la construye.
Digamos que el capitalismo jamás renuncia a fabricar sentidos de vida, aunque falsos y de corte individualista: las mayorías que respiran en puntas de pie sobre el agua, sueñan con un golpe de suerte que los catapulte hacia el éxito económico personal. Los que habitan las favelas de Río no se ofenden si las telenovelas brasileñas no reflejan sus vidas y presentan a sus coterráneos en lujosas mansiones: ellos sueñan con vivirlas. El capitalismo se las arregla para que los explotados sueñen con ser explotadores. Pero si se cancelan los sueños, los destinos, el mundo colapsa. Obama y Trump, por muy diferentes que sean o parezcan, lo saben, y le dicen a los suyos, a los estadounidenses simples, que tienen una misión, divina o histórica, da igual. Si durante el viaje perdemos los puntos cardinales, si el socialismo, que solo puede entenderse como un viaje hacia otro mundo, pierde los referentes de partida y de llegada, todo termina: decir que el pasado que nadie vivió era peor y que un futuro capitalista que nadie ha vivido también sería peor, es pura abstracción.
Pésima explicación para los jóvenes. El futuro es esperanza y si lo queremos socialista, no basta con alertar sobre las seguras consecuencias de uno capitalista. Son los límites sobre los que se encuadra el dilema, pero el dilema es el hoy.
Si los ciudadanos perciben que ha comenzado la era posrevolucionaria, buscarán sus islas personales, harán maletas para sus viajes privados. Nadie puede vivir sin un sentido, sin una ruta de viaje y un horizonte por alcanzar. Y la cultura del tener, la capitalista, nos rodea como «la maldita circunstancia del agua por todas partes». Nuestros ciudadanos descreídos no reparan en lo obvio que tienen, quieren al fin dos pantalones vaqueros, un celular «inteligente» y un auto; los jóvenes descreídos del «primer mundo» (al que por cierto, no pertenecemos) tienen los dos pantalones, el teléfono y el auto, y pelean en la calle contra las fuerzas antimotines por aquello que los nuestros tienen y a veces no valoran. Hay que soñar alto. Si los jóvenes cubanos soñaran bajito, a ras de tierra, el futuro de la Patria estaría hipotecado.
¿Pero por qué los jóvenes deben defender la Revolución, el presente al que llamamos Revolución? ¿Por lo que han hecho sus padres y abuelos? No es poco lo que han hecho, pero ese es apenas el punto de partida. Debemos defenderla por lo que ellos (los jóvenes) harán. Para los que no han perdido la fe —y creo que son mayoría— no basta lo mucho que hicimos: la Revolución debe defenderse porque todas las pequeñas, medianas y grandes imperfecciones actuales, las que ellos detectan con justa inconformidad y todas las conquistas invisibles (porque ya se asumen como naturales), podrán superarse o mantenerse solo si esta se preserva. Solo la Revolución puede superar a la Revolución y hacernos avanzar; solo si la pasión por la justicia social no cede, si no se renuncia a la búsqueda de un camino alternativo que garantice el consumo y dignifique la vida, pero que eluda el consumismo y las visiones pragmáticas; solo si los sueños no se domestican, si no se nos cortan las alas en nombre de una racionalidad castrada, podremos construir un futuro más digno para todos los cubanos. Donde no hay «imposibles» por conquistar, no hay revolucionarios.
Ser revolucionario es defender a los humildes, a los «pobres de la tierra». No puede existir otra interpretación. Esta es una Revolución de, por y para los humildes. Raúl lo ratificó el primero de enero del 2014, cuando recordó las palabras fundacionales de Fidel: «La Revolu­ción llega al triunfo sin compromisos con na­die en absoluto, sino con el pueblo, que es al único que le debe sus victorias», y reiteró Raúl: «Cincuenta y cinco años después, en el propio lugar, podemos repetir con orgullo: ¡La Re­volución sigue igual, sin compromisos con nadie en absoluto, solo con el pueblo!».
A veces, sin embargo, ante la ausencia de una teoría que salve y demuela, que restaure el concepto de socialismo por caminos nuevos, nos acecha el espejismo socialdemócrata. En justo escape de esquemas y dogmas, caemos en los brazos de la socialdemocracia: una puerta llena de artificiales luces rojas, que nos conduce de vuelta al capitalismo. Los cambios en Cuba son imprescindibles y están en marcha. Hay quienes pretenden empujarlo, subrepticiamente, hacia el capitalismo. Y hay quienes se oponen a ellos, porque viven cómodamente instalados en las telarañas de la burocracia. Ni los primeros ni los segundos se interesan por el pueblo.
En Cuba hay personas que viven en condiciones aún más difíciles. Son hombres y mujeres entrampados en las redes de la pobreza. Los revolucionarios cubanos tenemos que pelear por ellos; son los más afectados por el bloqueo estadounidense, por la abrupta caída del imperfecto pero justo sistema socialista de relaciones comerciales y por la impericia, el despilfarro y la corrupción. Que no carezcan de la alimentación elemental, puedan estudiar y reciban atención médica gratuita de primero, segundo y tercer grados, los diferencia de sus pares latinoamericanos. Pero la Revolución quiere más, los revolucionarios queremos más. Son sobrevivientes de una guerra que ya sobrepasa las cinco décadas. Para ello tendremos que ser eficientes, a pesar del implacable bloqueo económico, financiero y comercial, de la guerra abierta y solapada, de la subversión y de los funcionarios ineptos. La defensa de lo que somos, permitirá que avancemos hacia lo que nos proponemos ser, hacia una Patria próspera, más socialista, justa y solidaria. Solo desde la pelea del hoy podrán visibilizarse las coordenadas del movimiento: lo que fuimos y lo que queremos y podemos ser.
No hay que ser solemne para decir una verdad sencilla y rotunda: qué grandes nos hizo a los cubanos, a los latinoamericanos, Fidel y esa Revolución que su generación, y atrás otra, y después la mía y las que llegan ya, hicieron, hacen, harán. Qué grandes nos hizo el Che o Allende, Chávez o Evo, y antes Bolívar, Martí, Zapata y Sandino, con sus maneras distintas e iguales de enarbolar la dignidad de nuestros pueblos. Qué grande y qué fuerte es un pueblo que tiene un Camilo y, unas pocas décadas después, un Gerardo, un Tony, un Ramón, un Fernando, un René. Que sabe que hay hijos que actúan en el silencio o el anonimato, ahora mismo, porque conoce el rostro de los pocos que finalmente fueron revelados. Que acuna a jóvenes intelectuales comprometidos con su tiempo y a médicos capaces de saltar sobre todas las previsiones individualistas y curar a los necesitados en África o donde sea. No hay que ser solemnes, pero tenemos derecho a sentirnos orgullosos y optimistas.

martes, 21 de junio de 2016

Operación Verdad: primera batalla contra la manipulación mediática

Tomado de Pensar en Cuba
Por José Gabriel Martínez Rodríguez.

Las agresiones mediáticas contra Cuba no son exclusivas del presente siglo. Desde el mismo inicio del proceso revolucionario, en 1959, gobierno y pueblo tuvieron que enfrentar juntos los embates de campañas propagandísticas, orquestadas por los monopolios norteamericanos de la información que se negaban a tolerar un proyecto alternativo de nación y construcción social, opuesto desde su esencia a la hegemonía que durante años habían mantenido los poderosos. Los pocos participantes que han testimoniado la Operación Verdad coinciden en que tuvo dos momentos claves: la concentración popular del 21 de enero frente al antiguo Palacio Presidencial, donde Fidel se dirigió al pueblo, y su intercambio del día siguiente con los periodistas nacionales e invitados extranjeros, en el salón Copa Room del Hotel Havana Riviera.

Las agresiones mediáticas contra Cuba no son exclusivas del presente siglo. Desde el mismo inicio del proceso revolucionario, en 1959, gobierno y pueblo tuvieron que enfrentar juntos los embates de campañas propagandísticas, orquestadas por los monopolios norteamericanos de la información que se negaban a tolerar un proyecto alternativo de nación y construcción social, opuesto desde su esencia a la hegemonía que durante años habían mantenido los poderosos.
Cuba empezaba a constituirse en ejemplo para los países del área y demás explotados del mundo y había que detenerla a cualquier costo y por cualquier vía posible. Es así que los enemigos de la Revolución decidieron emplear como uno de los primeros métodos el manejo de la opinión pública.
No habían transcurrido ni dos semanas del triunfo del 1ro de enero y ya las agencias noticiosas de los Estados Unidos -en aquel entonces la Associated Press (AP) y la United Press International (UPI)-, revistas como LifeNewsweekUS News and World Report y los principales periódicos del continente, organizados a través de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), desarrollaron una intensa campaña mediática de alcance internacional contra la Revolución y sus dirigentes. Funcionarios del ejecutivo del presidente estadounidense Dwight Eisenhower (1952-1960) y varios congresistas apoyaron e instaron la campaña con declaraciones tendenciosas y falsas acusaciones.
Las principales líneas de mensaje de la argucia propagandística estaban encaminadas a crear en la opinión pública una imagen tergiversada de los líderes revolucionarios y su capacidad para dirigir el país tras la caída de Batista. En los contenidos difundidos como noticias y artículos periodísticos, acusaban a los rebeldes del Movimiento 26 de Julio y al primer Gobierno Revolucionario de convertir a Cuba en un «baño de sangre» con los juicios y sanciones de fusilamiento a un grupo de criminales de guerra de la dictadura derrocada.
Es pertinente aclarar que, durante los siete años del gobierno ilegítimo de Fulgencio Batista (1952-1959), efectivos de la impopular Guardia Rural y de grupos paramilitares fomentados por él causaron la muerte de más de 20 mil civiles cubanos, sin que ninguno de esos hechos fueran denunciados por los medios de prensa que entonces atacaban a la Revolución.
Juan Marrero, editor del sitio web Cubaperiodistas y redactor de Radio Voz por aquella época, cuenta que por el solo hecho de ajusticiar a algunos de esos verdugos del pueblo cubano, se comenzó a difamar y calumniar a la Revolución Cubana con el objetivo de aplastarla cuando aún estaba recién nacida. Los mismos que permanecieron en silencio con los crímenes de Batista, los mismos que callaron sobre el trato justo que tuvo el Ejército Rebelde con el enemigo y cómo millares de prisioneros fueron devueltos en los campos de batallas y cientos de heridos enemigos atendidos por los pocos médicos rebeldes, ahora hablaban de la existencia de matanzas, baño de sangre de opositores políticos en Cuba, sin mencionar los crímenes y atroces torturas en que participaron. [1]
En respuesta a la afrenta, y para intentar contrarrestarla, Fidel Castro, líder de la Revolución, encomendó a las instituciones periodísticas de entonces(Colegio de Periodistas y la Asociación de Reporteros de La Habana) organizar lo que trascendió a la postre como Operación Verdad.
¿En qué consistió?
Se decidió invitar a la Isla a periodistas del mundo para que comprobaran de primera mano si los argumentos de la campaña de desinformación tenían un sustento real o no.
Ya el comandante Ernesto Guevara había esbozado desde la lucha en la Sierra Maestra la idea sobre la necesidad de aglutinar a profesionales de la información una vez logrado el triunfo, para dar a conocer la verdad sobre Cuba. Ante el embate de la prensa enemiga, el momento oportuno había llegado.
En el comité organizador de la operación se destacaban el argentino Jorge Ricardo Masetti y el uruguayo Carlos María Gutiérrez,[2] junto a la heroína de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra Celia Sánchez. Con un rol relevante en su organización también estuvieron Santiago Riera, quien vivió exiliado en Argentina; Jorge Quintana, decano del Colegio Nacional de Periodistas y quien también estuvo exiliado; Mario Kuchilán, periodista que había sido torturado por esbirros de Batista tras los hechos del Moncada, y Baldomero Álvarez Ríos, corresponsal en Cuba de la revista norteamericana Visión durante los años de la dictadura y redactor del diario Información.
Los preparativos se terminaron en menos de dos días y fue así que el 21 y 22 de enero de 1959 pudo celebrarse la reunión a la que finalmente concurrieron cerca de 400 periodistas de América Latina y otras regiones del mundo. Mayormente fueron hospedados en el Hotel «Havana Riviera», en Paseo y Malecón, acondicionado con facilidades para la transmisión de las informaciones y el transporte de los periodistas.
A su llegada a La Habana cada periodista recibió un portafolio con fotos sobre algunos de los asesinatos y torturas de la dictadura. También las ediciones especiales de Bohemia con fotos y textos que denunciaban los crímenes de la tiranía y que la censura había prohibido publicar en su momento. [3]
De Estados Unidos asistieron profesionales de la prensa de veinte ciudades. Entre ellos estuvo Jules Dubois por el Chicago Tribune, quien después presidiría la SIP con una marcada hostilidad hacia Cuba y se revelaría su condición de coronel de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Los representantes norteamericanos Adam Clayton Powell y Charles O. Porter, junto al senador puertorriqueño Juan Fronfrías, asistieron también, invitados por el Gobierno Revolucionario.
Powell era un legislador negro de Harlem que desde el triunfo revolucionario marcó su posición con respecto a Cuba al solicitar a la Casa Blanca que reconociera al Gobierno Provisional de Cuba y destituyera a Earl T. Smith como embajador en La Habana, por haber sido favorable a Batista. De igual forma abogó por que se otorgase una ayuda de emergencia a Cuba equivalente a 200 millones de dólares, ante el desangramiento al que fue sometido el tesoro público cubano por parte de Batista y sus partidarios, que huyeron de Cuba con maletas repletas de dinero y sus mal habidas fortunas.
Otros medios que enviaron representantes a la reunión fueron la Broadcasting CorporationToronto PressMiami NewsCincinnati InquiererBaltimore Sun yWashington Daily News, de Estados Unidos; London Daily Mail de Londres; Jours de France de París; NacionalNovedades Excelsior, de México, y El Mundo y El Imparcial, de Puerto Rico. [4]
Llegados y acomodados los invitados, todo estuvo listo para iniciar la Operación Verdad y desmontar las manipulaciones y tergiversaciones que se lanzaban contra Cuba.
Primer día: concentración en Palacio
Los pocos participantes que han testimoniado la Operación Verdad coinciden en que tuvo dos momentos claves: la concentración popular del 21 de enero frente al antiguo Palacio Presidencial, donde Fidel se dirigió al pueblo, y su intercambio del día siguiente con los periodistas nacionales e invitados extranjeros, en el salón Copa Room del Hotel Havana Riviera.
La asistencia estimada de la concentración del primer día fue de un millón de personas. Los periódicos cubanos de la época resaltaron la masividad del pueblo capitalino y de provincias cercanas como Pinar del Río y Matanzas, que se trasladaron para ver y escuchar al líder indiscutible de la Revolución.
En su intervención,[5] Fidel alabó la masiva asistencia, síntoma inequívoco del apoyo popular y mayoritario al movimiento revolucionario, y comenzó a denunciar la campaña mediática que se cernía sobre Cuba, específicamente contra los juicios que aplicaban los tribunales revolucionarios.
Explicó que la causa principal de las agresiones de los medios radicaba en la voluntad del pueblo cubano de ser libre política y económicamente, lo cual constituía un ejemplo «peligroso» para toda la América Latina.
El monopolio informativo de Estados Unidos y sus aliados estaba al tanto de que la Revolución triunfante iba a anular todas las concesiones onerosas que hizo la dictadura a las empresas, y de ahí el odio y los ataques.
Al referirse a las sentencias de fusilamiento, Fidel afirmó que «donde hay justicia no hay crimen» y que cuando el pueblo apoyaba el castigo era porque el castigo era justo y merecido.
Los periodistas participantes en la Operación Verdad pudieron constatar en la concentración el espaldarazo popular a la justicia que se estaba aplicando contra los criminales de guerra, pues en el momento climático del discurso y ante la solicitud de Fidel de que todo el que apoyase los juicios y las sanciones lo expresase, el millón de asistentes alzó su mano en señal de aprobación.
Segundo día: conferencia de prensa en el Hotel Riviera. Concepción de una alternativa mediática
Durante los dos días del encuentro, a los periodistas se les garantizó libertad de movimiento para que entrevistaran a su antojo a miembros del pueblo e incluso presenciaran los juicios públicos como el celebrado el 23 de enero a Jesús Sosa Blanco, quien, como comandante del ejército batistiano, asesinó a más de 50 campesinos, además de ser conocido por sus incendios de caseríos enteros, robos y torturas.
Pero la actividad más importante en la segunda jornada de la Operación Verdad fue el encuentro sostenido por Fidel con los periodistas en el salón Copa Room del Hotel Havana Riviera, en el que se sometió a cualquier pregunta que quisieran hacerle como muestra de la transparencia de la dirección de la Revolución.
Cerca de 50 periodistas lanzaron sus interrogantes, a las que el Comandante en Jefe de las fuerzas revolucionarias respondió con sólidos argumentos.
Fue en esa conferencia de prensa cuando se abordó por primera vez la posibilidad de un cerco económico, comercial y financiero por parte de Estados Unidos contra Cuba.
«Un periodista mexicano preguntó a Fidel cómo se defendería Cuba si la campaña iniciada contra el país desembocaba un bloqueo económico y Fidel respondió que enfrentar medidas de ese tipo sería posible por la disposición de sacrificio que tenía y tiene el pueblo cubano». [6]
Sobre los reportes de los medios internacionales, Fidel explicó a los periodistas que «en los cables hay una insidia permanente (…) Siempre mencionan “losrápidos procesos de los partidarios de Batista”. Lo recalcan. Aparentemente, son imparciales, pero emplean determinadas palabras y sutilezas, como maestros que son de la intriga (…)». [7]
En cuanto a la forma de hacer frente a esas intrigas, lamentó que las naciones pequeñas que luchan por su emancipación no dispusieran de cables internacionales propios para que los periodistas latinoamericanos no se vieran obligados a acatar las informaciones de los poderosos.
Fidel sentenció que la prensa de América Latina debería poseer sus propios medios para conocer la verdad y «no ser víctimas de la mentira». [8]
Guiada por esos propósitos, y considerada como la hija mayor de la Operación Verdad,[9] comienza a funcionar en junio de 1959 la agencia latinoamericana de noticias Prensa Latina. Su organización corrió a cargo fundamentalmente de los periodistas Jorge Ricardo Masetti, su primer director, Carlos María Gutiérrez (uruguayo), Armando Villanueva (peruano), Armando Rodríguez Suárez (mexicano) y el cubano Enrique de la Osa.
La agencia emergió desde su fundación como una alternativa tercermundista al cerco informativo impuesto por las grandes potencias y aún hoy, más de 55 años después, cumple cabalmente en su empeño y objetivos, junto a otros medios alternativos como la televisora multiestatal Telesur, emisoras radiales, diarios y publicaciones digitales. Un cúmulo mediático que hace posible una mayor democratización de la opinión pública, a diferencia de lo que ocurría por aquellos años, y que permite al mundo acceder a la realidad cubana y latinoamericana con una óptica plural, no adscrita de forma exclusiva a los intereses de quienes poseen los grandes medios.
En el recuerdo de sus protagonistas
Cuestionado 56 años después acerca de esos hechos y su trascendencia e impacto inmediato, Juan Marrero opina que quizás no tuvo la magnitud prevista, porque se sobrevaloró la autonomía de los periodistas invitados: «Muy pocos pudieron publicar en sus periódicos, con una orientación marcada por la SIP y ceñida a los dictados de Washington, lo que vieron o escucharon en Cuba durante esos días. Como nunca antes, tanto ellos como nosotros comprobamos que la libertad de prensa era un mito, que más bien se debía hablar de libertad de empresa y políticas editoriales marcadas por los dueños». [10]
Sin embargo, la Operación Verdad mostró al mundo, especialmente al continente latinoamericano, la voluntad de transparencia de la Revolución Cubana. Campañas mediáticas como aquella inicial se han sucedido unas a otras, construidas con finas técnicas basadas en la manipulación, tergiversación y ocultamiento de hechos y datos y en la exposición de medias verdades en concordancia con las líneas de mensaje que pretenden fijar en la opinión pública.
Cuba, aunque no siempre con los niveles de inmediatez y oportunidad requeridos, ha sabido responder con contundencia a muchos de estos embates que hoy conocemos como guerra mediática.
Y aunque el enfrentamiento en este escenario es permanente y no se hayan cumplido de forma inmediata los objetivos de aquella primera batalla, la Operación Verdad fue un triunfo indiscutible contra la manipulación y la mentira. La Revolución Cubana, con virtudes y deficiencias, goza de un apoyo mayoritario en la opinión pública mundial, que celebra sus conquistas y la impulsa a mantener su camino auténtico de permanente construcción en pos de lograr una sociedad cada vez mejor.
[1] Juan Marrero, Operación Verdad, La Habana, 2004. Disponible en http://www.cubadebate.cu/opinion/2004/01/22/operacion-verdad/
[2] Masetti y Gutiérrez habían ascendido previamente como periodistas a la Sierra Maestra para entrevistar a los líderes guerrilleros que luchaban contra la dictadura de Batista y conocer de cerca sus proyectos e ideas. El libro de Masetti resultante de esos intercambios, Los que luchan y los que lloran, constituyó una alternativa a las campañas desinformativas de los medios que desfiguraban la esencia del movimiento de resistencia popular y sus líderes.
[3] Juan Marrero, Hace 55 años: Breve historia de la Operación Verdad, La Habana, 2014. Disponible enhttp://www.cubaperiodistas.cu/noticias/enero14/19/01.htm
[4] Ibídem.
[5] Fidel Castro, discurso pronunciado en la concentración popular en el Palacio Presidencial, 21 de enero de 1959. Disponible en:http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f210159e.html
[6] Juan Marrero, en entrevista con el autor, La Habana, 23 de marzo de 2015.
[7] En Bertha Mojena, Operación Verdad: para no ser víctimas de la mentira, La Habana, 2014. Disponible en www.cubahora.cu
[8] En Juan Marrero, Hace 55 años: Breve historia de la Operación Verdad, La Habana, 2014. Disponible enhttp://www.cubaperiodistas.cu/noticias/enero14/19/01.htm
[9] Ángel Augier, La hija mayor de la Operación Verdad, La Habana, 2009. Disponible en www.lajiribilla.cu
[10] Juan Marrero, en entrevista con el autor, La Habana, 23 de marzo de 2015.

viernes, 20 de mayo de 2016

El pueblo en la proyección del pensamiento político de José Martí

Cartel de Raúl Martínez
Autor: Manuel E. Rodríguez Llata

Cuando asumimos a Martí, no lo hacemos sólo por la profundidad, relevancia y proyección futurista de su pensamiento político, en total concordancia con el momento histórico que le tocó vivir y la predicción de un devenir inmediato. Martí se nos presenta como un paradigma de la más pura cubanía y su ideario revolucionario ocupa un lugar cimero en la definición y consolidación de la identidad propia del cubano, que se manifiesta hasta nuestros días.

En la obra político–revolucionaria del Maestro, se sintetiza lo más avanzado y progresista de toda la producción teórico–práctica que le precedió, tanto nacional como latinoamericana, siendo capaz de interpretar objetiva y acertadamente la nueva etapa por la que atravesaba el movimiento revolucionario cubano, caracterizada entonces por una continua agudización de la contradicción metrópoli–colonia y el nacimiento de un imperialismo que desde sus propios antecedentes ya aspiraba a convertir a nuestra isla en una estrella más del pabellón norteamericano. Lograr la organización y la fundamentación ideológica de ese movimiento revolucionario, concebido por Martí como un producto de las grandes masas, fue la misión fundamental a la que dedicó su corta pero fructífera e intensa vida, desde una perspectiva eminentemente humanista y enraizada en la tradición nacional.

Las concepciones de José Martí acerca del pueblo –o los pueblos- y su lugar y papel en la historia, son diversas, condicionadas fundamentalmente, como en toda actividad política, por el contexto o por el objeto con el que interactuaba en franca función educativa y movilizadora de masas.

En este sentido, podemos encontrar la relación del pueblo con la cultura artística y literaria; con el trabajo, visto éste como actividad creadora de bienes; con la formación de valores necesarios para su propio desarrollo y evolución como comunidad social, etc. Sin embargo, nos proponemos resaltar, sin restarle importancia al resto de las dimensiones, aquellas donde el planteamiento adquiere un matiz eminentemente político, relacionando íntimamente al pueblo, a las amplias masas, con su capacidad y papel en la transformación revolucionaria de la sociedad.

El análisis crítico que realiza Martí de toda la experiencia histórica acumulada por el pueblo cubano hasta entonces, particularmente a partir de la guerra de 1868, lo orienta hacia una producción ideológica desde y por los intereses populares. “Un pueblo está hecho –afirmaba- de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo, que acapara, y de la justicia, que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos”.[1]

Es una realidad que si bien Martí no fue marxista, tampoco fue antimarxista. Más bien mostró simpatía hacia Marx y los socialistas en general, al tomar partido, al igual que él, por la causa de los humildes.

Tanto la aspiración a una sociedad emancipada, como el método de abordar la realidad social, aproximan mucho a Martí con el marxismo. El método de conocimiento de la sociedad que elabora Martí en la etapa madura de su pensamiento -a partir de 1886-1887-, identificado por Carlos Rafael Rodríguez y estudiado con profundidad por las doctoras Isabel Monal y Olivia Miranda, asume como elementos esenciales la Historia y la Política con sus mediaciones culturales.

Aunque diferente en su fundamentación cosmovisiva, epistemológica y metodológica de las concepciones marxistas y leninistas, le permitieron un estudio comparado de la sociedad de su época, sobre todo la norteamericana, en extremo realista, en el que fundamentó la teoría y la acción revolucionaria, avanzadamente humanistas.

Las ideaciones más radicales para su época en este lado del mundo, contenidas tanto en el método, como en el proyecto revolucionario y en el modelo de república martianos, pudieron inducir a sus continuadores en el siglo XX a asumir creadoramente el marxismo y el leninismo, como guía para analizar problemas nuevos o no suficientemente desarrollados en los tiempos de Martí, y para encontrarle soluciones revolucionarias acorde con las nuevas condiciones histórico-sociales.

Dicho de otra manera, las proyecciones y métodos martianos propician la asunción de la Concepción Materialista de la Historia y su interpretación de forma creadora, no por sus fundamentos cosmovisivos, epistemológicos y metodológicos, pero sí por su orientación revolucionaria y aspiración a la emancipación humana y la justicia social.

Lo anterior nos da la medida de la dimensión revolucionaria del pensamiento político de José Martí, el cual, dado su realismo político y el conocimiento profundo de la psicología social, fue capaz de sentenciar con justeza y objetividad que los hombres van de dos bandos, los que aman y fundan, y los que odian y destruyen.

Las concepciones políticas de Martí están basadas en el humanismo y en un profundo amor y justicia hacia los sectores trabajadores y humildes de la sociedad, lo que lo llevan a conformar y proponer un proyecto emancipador de arraigado carácter popular que condujera, como necesidad, a la fundación de una República del pueblo, justa y unitaria, “con todos y para el bien de todos”.

José Martí concebía la igualdad social a partir de una distribución equitativa de la riqueza social, y de la consideración de que son quienes con sus manos e inteligencia producen los bienes materiales y espirituales, los que integran el verdadero sujeto de la historia y de la cultura, y por ello debían convertirse en jefes de las revoluciones para que dieran como resultado sociedades en las cuales la justicia social, sobre todo para los humildes, y el respeto a la dignidad plena del hombre constituyeran divisas esenciales.[2]

Por tanto, la proyección martiana de la futura república concebía el desarrollo de una sociedad caracterizada por la justicia y el amor hacia las masas del pueblo, cuyo fundamento fuera la defensa y satisfacción de los intereses de los trabajadores, de los oprimidos, de los humildes.

Mas el logro de ese justísimo objetivo debía ir precedido de la acción decidida de las masas del pueblo, como sujeto verdaderamente revolucionario, capaces de promover y conquistar la independencia nacional, la emancipación social y la dignificación humana, pues para Martí los deseos y los intereses más genuinos de los pueblos se expresan más firmemente cuando éstos se alzan en armas para conquistarlos. De ahí que afirmara que “las etapas de los pueblos no se cuentan por sus épocas de sometimiento infructuoso, sino por sus instantes de rebelión.” [3]

La obra emancipadora y dignificadora, la concibe desde el propio proceso de la lucha por la independencia; fue contrario a toda acción precipitada e infundada, que violentara los valores éticos de la sociedad por construir. Al mismo tiempo era consciente de que el cambio principal en la emancipación y dignificación de la sociedad cubana ocurriría una vez alcanzada la independencia nacional, no de golpe, sino mediante un proceso de transformación y educación del pueblo como objeto y sujeto de este proceso. Esta idea queda reflejada explícitamente cuando le dice a Carlos Baliño que Revolución no es la que se haría en la manigua, sino la que se realizaría una vez fundada la República.

 Y la fundamentación de esta idea, que llega a convertirse en firme convicción, nos la da el propio Martí, cuando afirma que “Un pueblo no es independiente cuando ha sacudido las cadenas de sus amos; empieza a serlo cuando se ha arrancado de su ser los vicios de la vencida esclavitud, y para patria y vivir nuevos, alza e informa conceptos de vida radicalmente opuestos a la costumbre de servilismo pasado, a las memorias de debilidad y de lisonja que las dominaciones despóticas usan como elementos de dominio sobre los pueblos esclavos”.[4] De ahí que considerara firmemente que“el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones”.[5]

Históricamente se ha pretendido, por parte de las clases explotadoras, enraizar en la conciencia popular la idea de que los pueblos constituyen multitudes impotentes e incapaces de toda acción transformadora, asignándosele sólo el papel de sumisión ante los sectores más poderosos y, por tanto, “más preparados y aptos política y económicamente” para gobernar y decidir. El pueblo cubano no fue la excepción de tales infundios, y ante ello Martí desenvainó su arsenal de argumentos eminentemente revolucionarios, colocando en su justo lugar el verdadero papel que la historia le ha asignado a las grandes masas del pueblo, pues para el Apóstol “... siempre es poderosa la voluntad de un pueblo que lucha por su independencia”[6]

Para Martí la dignidad humana era una categoría central de su pensamiento político, un valor inconmensurable con respecto a la riqueza material, al punto que consideró necesario que en la futura república, la dignidad fuera la ley primera que presidiera su Constitución.

 De ahí que sentenciara con profunda convicción que “un pueblo no es una masa de criaturas miserables y regidas: no tiene el derecho de ser respetado hasta que no tenga la conciencia de ser regente: edúquese en los hombres los conceptos de independencia y propia dignidad: es el organismo humano compendio del organismo nacional: así no habrá luego menester estímulo para la defensa de la dignidad y de la independencia de la patria”.[7]

Esta convicción acerca del pueblo como verdadero sujeto de los cambios revolucionarios y de su capacidad, su valor, su dignidad, para lograr no sólo la conquista de la independencia, sino para desarrollar después la necesaria transformación de la sociedad en defensa de sus propios intereses, Martí la reitera con fuerza, ocupando un lugar esencial y central en su pensamiento político, materializándola en toda su práctica revolucionaria. De ahí que consideremos necesario, a modo de enfatizar en esta importante cuestión, citar dos ideas claves del Maestro, que nos dan la verdadera medida del concepto de pueblo en su pensamiento y accionar político.

“Los pueblos, como las bestias, no son bellos cuando, bien trajeados y rollizos, sirven de cabalgadura al amo burlón, sino cuando de un vuelco altivo desensillan al amo”.[8]

“Y cuando a un pueblo se le niegan las condiciones de carácter que necesita para la conquista y el mantenimiento de la libertad, es obra de política y de justicia la alabanza por donde se revelan, donde más se las niega, o donde menos se las sospecha, sus condiciones de carácter”.[9]

Otra importante enseñanza que nos legara Martí, se refiere al papel de los hombres, que por determinadas cualidades y en coyunturas históricas concretas, devienen líderes de los pueblos en su lucha por la conquista y defensa de sus más preciados intereses.

En este sentido afirmaba: “Nada es un hombre en sí, y lo que es, lo pone en él su pueblo. En vano concede la naturaleza a algunos de sus hijos cualidades privilegiadas; porque serán polvo y azote si no se hacen carne de su pueblo, mientras que si van con él, y le sirven de brazo y de voz, por él se verán encumbrados, como las flores que lleva en su cima una montaña”.[10]

 Esta idea, matizada con su original estilo literario, adquiere una singular relevancia para la determinación, en nuestra propia tradición, del papel de las masas y del individuo en la historia.

Sobre el papel del liderazgo en la historia, Martí nos presenta un enfoque eminentemente ético, como una exigencia planteada a los líderes revolucionarios para encauzar y dirigir el proceso de cambio. Por tanto, los valores éticos debían caracterizar tanto a la masa del pueblo como a sus líderes, considerando que hay hombres que sintetizan en sí el decoro de muchos otros.

Para el Maestro estaba claro que el devenir de los pueblos no dependía del ideal de un hombre, por lo cual alertó que “un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes”.[11]

Martí ve al dirigente, ante todo, como un servidor del pueblo. En la división social del trabajo, los que cumplen funciones de dirección no pueden divorciarse del pueblo, el dirigente no puede dejar de ser y sentir como pueblo. Esto constituye un aspecto esencial en el pensamiento martiano, que también se expresa en el marxismo-leninismo y posteriormente en Fidel.

El compañero Carlos Rafael Rodríguez resalta esta cualidad del ideario martiano y su presencia en el líder de nuestra Revolución, cuando afirma: "Recibí, a la vez, de Martí, un sentido eticista de la política y del quehacer diario, que es evidente en su obra, y que años más tarde Cuba volvería a encontrar en Fidel Castro". [12]

Singular importancia adquiere, en el pensamiento martiano, el papel que le asigna a las ideas como fuerza movilizadora de las masas en su accionar revolucionario. Para Martí, las ideas justas deben calar profundamente en la conciencia del pueblo, nacidas de su propio afán de justicia y libertad, y no de la infructuosa imposición.

En tal sentido, el Apóstol afirmaba que “... las ideas, aunque sean buenas, no se imponen ni por la fuerza de las armas, ni por la fuerza del genio. Hay que esperar que hayan penetrado en las muchedumbres”.[13] Y cuando éstas penetran y llegan a convertirse en convicciones, entonces triunfan: “...las ideas justas, por sobre todo obstáculo y valla, llegan a logro. Será dado precipitar o estorbar su llegada; impedirla, jamás. –Una idea justa que aparece, vence. Los hombres mismos que la sacan de su cerebro, donde la fecundaron con sus dolores, y la alimentan luego que la traen a luz, no pueden apagar sus llamas que vuelan como alas, y abrasan a quien quiere detenerlas”. [14]

Estas reflexiones de Martí, nos conducen a afirmar que concibió la ideología, en tanto elemento aglutinador y orientador de las masas, como expresión de la conciencia y de la actividad de las mismas, proclamando, pues, una ideología eminentemente revolucionaria, en la cual se expresase la soberanía y los más puros intereses y aspiraciones del pueblo, siendo éste –el pueblo- el verdadero portador y generador de la misma.

Y como momento esencial y cimero de esta ideología revolucionaria, y basada en ella, a partir de las experiencias de las luchas anteriores, concibe la necesidad de la fundación de un partido revolucionario, como agente imprescindible en la organización del pueblo para la guerra necesaria y condicionante de la futura república, cuya esencia funcional y organizativa emanara de la más estrecha relación con el pueblo como sujeto masivo de la política, y subordinado, por su contenido, a la voluntad e intereses propios de éste. Es decir, que fuera un partido de masas, que garantizara, entre otros factores, la necesaria unidad de los diferentes sectores populares realmente interesados en la independencia nacional, pues para Martí “cuando un pueblo se divide, se mata”. Así surge el Partido Revolucionario Cubano, genuino antecesor de nuestro Partido Comunista de Cuba.

Un último aspecto del pensamiento político martiano que queremos destacar, es la importancia que él le concede al problema de la preparación del pueblo para su defensa, como única vía de salvaguardar las conquistas obtenidas en la lucha y en el proceso revolucionario posterior, convergiendo totalmente con la teoría leninista de que toda revolución vale algo sólo si es capaz de defenderse. En este sentido, Martí asegura que “preparar un pueblo para defenderse, y para vivir con honor, es el mejor modo de defenderlo”.[15]

Mas la preparación del pueblo para su propia defensa, Martí no sólo la concibe en el plano militar. Para él las amplias masas, hasta entonces incultas y excluidas, necesitan educarse e instruirse, pues, como él mismo afirmara, “a un pueblo ignorante puede engañársele con la superstición, y hacérsele servil. Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre” [16]Ello parte de la convicción martiana de que el único medio de salvarse de la esclavitud es la educación.

En este mismo sentido de reflexión, la cultura para Martí juega un papel primordial, esencial, en el desarrollo de los pueblos y el logro de una verdadera emancipación humana. Es bien conocida la genial idea martiana de que ser culto es el único modo de ser libre, sin embargo, hay una sentencia del Maestro que nos da la exacta medida de la importancia que le diera a la formación cultural del pueblo: “...la madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la República y el remedio de sus vicios, es, sobre todo lo demás, la propagación de la cultura”.[17]


[1] José Martí. "Los pobres de la tierra". Tomado de Diccionario del pensamiento martiano. Ramiro Valdés Galarraga. Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 2002. Pág. 578.
[2] Olivia Miranda. "Articulación del marxismo, el leninismo y las tradiciones nacionales revolucionarias en Cuba". Artículo. Revista Marx Ahora, No. 8/1999. Pág. 47.
[3] José Martí. Discurso en honor a Fermín Valdés Domínguez, el 24 de febrero de 1894. Tomado de Diccionario del pensamiento martiano. Edición citada. Pág. 588.
[4] José Martí. Escenas mexicanas. Idem. Pág. 571.
[5] José Martí. Lectura en la reunión de emigrados cubanos. Idem. Pág. 572.
[6] José Martí. La República española ante la Revolución cubana. Idem. Pág. 570.
[7] José Martí. Escenas mexicanas. Idem. Pág. 570.
[8] José Martí. Discurso en honor de Fermín Valdés Domínguez. Idem. Pág. 588.
[9] José Martí. "Sobre los oficios de la alabanza". Idem. Pág. 749
[10] José Martí. "Henry Ward Beecher". Idem. Pág. 569.
[11] José Martí. "El tercer año del Partido Revolucionario Cubano". Idem. Pág. 577.
[12] Carlos Rafael Rodríguez. "Palabras en los setenta". Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1984. Pág. 108.
[13] José Martí. "Notas sobre Centroamérica". Diccionario del pensamiento martiano. Edición citada. Pág. 299.
[14] José Martí. Prólogo a cuentos de hoy y de mañana, de Rafael de Castro Palomino. Idem. Pág. 301.
[15] José Martí. "Haití y los Estados Unidos". Idem. Pág. 575.
[16] José Martí.  "Educación popular". Idem. Pág. 570
[17] José Martí. "Tilden". Idem. Pág. 117.

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