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lunes, 28 de julio de 2025

Cuánto dueles, Palestina

 

Por Waldo Leyva

Tomado de La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana

La guerra, siempre la guerra,

La ambición y la conquista,

Dolor y muerte a la vista

Ensangrentando la tierra.

El poder siempre se aferra

Y todo lo contamina

Hasta la luz, asesina.

Duele el aire hecho jirones,

No hacen falta otras razones

Para hablar de Palestina.


Por dónde andará Rachid

el amigo de mi casa

¿Será otro muerto de Gaza?

¿Lo habrá matado David?

¿No recogían la vid

En cierta estancia vecina

Juntos los dos? ¿No ilumina

El mismo sol de la estancia?

¿Por qué han borrado la infancia

De tus hijos, Palestina?


Mahmud Darwish, que tristeza,

sin luz, se nos muere el trigo,

y se ha vuelto tu enemigo,

¡qué dolorosa sorpresa!,

él que apoyó su cabeza

en tu pecho y hoy camina

por tu patio, por la esquina

que los vio juntos jugar,

pero ahora viene a matar.

¡Cuánto dolor, Palestina!


Ayer la prensa contaba

Que un médico cirujano

Cortó con su propia mano

El pie de un niño y que estaba

Llorando mientras cortaba,

Y la sangre pura, fina

Rodaba hasta la sentina

En que convirtió la guerra

Lo más puro de la tierra.

¡Cuánto duele Palestina!


Por qué los hijos y nietos

De los reos del horror

Imponen tanto dolor

A otros hijos y a otros nietos.

¿El síndrome de los guetos

Lo más noble contamina?

¿Da el trigo una amarga harina

O es la ambición quien la amarga?

Duele esa pesada carga

En tus hombros, Palestina.


¿Arrancarán los misiles

De raíz a tus olivos?

Tus hombres duros y altivos

están muriendo por miles.

Hoy, tus mujeres gentiles

Forman parte de la ruina

Y tu noche se ilumina

Con el fuego y la metralla

Por qué el mundo se nos calla

Ante este horror, Palestina.


Por Rachid alzo mi voz

Y una cólera sin fondo

Pues me duele en lo más hondo

Que nos maten a los dos.

En el nombre de qué Dios

Qué razón los ilumina

Para convertir en ruina

Madres, padres, niños, casa

Todos morimos en Gaza

Para volver, Palestina.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Estados Unidos ha matado a más de 20 millones de personas en 37 “Naciones víctima” desde la Segunda Guerra Mundial


Tomado de Resumen Latinoamericano
Fuente original: Global Research
Por James A. Lucas
El autor puede ser contactado en  jlucas511@woh.rr.com

Las causas de las guerras son complejas. En algunos casos, las naciones que no sean los EE.UU. pueden haber sido responsables de más muertes, pero si la participación de nuestra nación que parecía haber sido una causa necesaria de una guerra o conflicto que se consideró responsable de la muerte en el mismo. En otras palabras, probablemente no habrían tenido lugar si los EE.UU. no habíamos usado la mano dura de su poder. El poder militar y económico de los Estados Unidos fue crucial.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Las guerras encubiertas del siglo XXI

fuerzas_especiales.jpg
Tomado de ALAI. Agencia Latinoamericana de Información
Por Sandy E. Ramírez Gutiérrez.

We operate and fight in every corner of the world.[1]
Raymond A.  Thomas, US SOCOM
La guerra infinita es la marca de nuestros tiempos.  El Departamento de Defensa estadounidense (DoD) ha sido el principal arquitecto de un escenario colmado de guerras: preventivas, contra el terrorismo, el crimen organizado o supuestos gobiernos autoritarios.  Sin embargo, la lógica de estas guerras ya no consiste en hacerlas para que un bando salga victorioso sino para “mantener los territorios en situación de guerra porque [estas] ya no son el medio, sino el fin” (Ceceña, 2014).

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Más armas crean más guerras

Tomado ALAI. Agencia Latino Americana de Información.
Por Iosu Perales

La guerra se ha vuelto infinita. Su lógica no consiste tanto en hacerla para que un bando gane, sino para mantener regiones del mundo en situación de guerra, porque sospecho que ya no es un medio, sino el fin, tal y como señala Sandy E. Ramírez. Esta aseveración se inspira en una reflexión del escritor uruguayo Eduardo Galeano que en 2009 escribió: “Las armas exigen guerras”. A ello añade el escritor que “las guerras exigen más armas”, lo que supone el cierre de un círculo infernal. Creo que el 11 de septiembre de 2001 fue el punto de inflexión de un modo de hacer la guerra y también el momento en que se pasa a concebir la guerra como una necesidad permanente, a tal punto que, nuevamente en palabras de Galeano “es un absurdo que los cinco países más poderosos que deben velar por la paz sean los mayores productores y exportadores de armas”. Los cinco países son Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido.

domingo, 28 de mayo de 2017

Doble discurso: cobertura a quienes mueren en Europa, mientras silencian la muerte de niños en otras partes del mundo


La mayoría de los afectados sufrieron ataques de bombas y tiroteos.
La mayoría de los afectados sufrieron ataques de bombas y tiroteos. | Foto: Archivo de TeleSur
Tomado de Democracy Now.
Por Amy Goodman y Denis Moynihan.

En su primera gira oficial como presidente, Donald Trump, el pretendido líder del mundo libre, visitó a una monarquía absoluta, el Reino de Arabia Saudita, un Estado petrolero conocido por la ausencia de instituciones democráticas y las flagrantes violaciones de los derechos humanos. El principal acontecimiento en materia de política exterior que Trump anunció el fin de semana en Riad fue un amplio acuerdo para la venta de armas a Arabia Saudita por 110.000 millones de dólares. Muchas personas morirán como consecuencia de este flujo de armamento. Sin embargo, el acuerdo aún no es una realidad. La afinidad de Trump con autócratas, hombres poderosos y matones afronta resistencia. Mientras el mundo procesa el horror del ataque suicida ocurrido esta semana en Manchester, Inglaterra, en el que la mayoría de las víctimas eran adolescentes que asistieron a un concierto, deberíamos prepararnos para una ola similar de muertes inocentes, esta vez en Yemen, el blanco de los incesantes bombardeos lanzados por Arabia Saudita, con el apoyo de Estados Unidos.

Partamos de la premisa de que matar niños está mal, y punto. Tanto en Manchester como en Saná, Yemen. Está mal matar niños como parte de un acto de guerra, ya sea que la matanza sea perpetrada por un soldado estadounidense, un avión Predator de Estados Unidos controlado en forma remota, un piloto saudí de un F-35 proporcionado por Estados Unidos, o, para utilizar el término actual, por un terrorista.

Cuando un atacante suicida hizo estallar una bomba en el concierto de Ariana Grande en Manchester esta semana, las víctimas mortales fueron casi en su totalidad sus fans: chicas jóvenes, pre-adolescentes, y sus padres. Los medios de noticias etiquetaron el ataque acertadamente de “salvaje”. Pero recordemos un acontecimiento ocurrido durante la primera semana de gobierno de Trump. En aquel entonces, con característica soberbia, Trump y sus funcionarios calificaron de “exitoso” a un ataque contra Yemen, a pesar de que murió un miembro de la Armada y se perdió un helicóptero. Sin embargo, inicialmente no se informó de la muerte de 30 civiles en el ataque, muchos de ellos mujeres y niños, entre los que se encontraba la niña de 8 años de edad Nawar Anwar al-Awlaki. Su nombre es conocido porque era la hija de Anwar al-Awlaki, un clérigo musulmán que fue asesinado en 2011 en un ataque con un avión no tripulado de Estados Unidos. El hermano mayor de Nawar, Abdulrahman al-Awlaki, un joven de 16 años de edad nacido en Denver, murió en otro ataque de un avión no tripulado dos semanas después de que su padre fuera asesinado. Abdulrahman no sabía que habían asesinado a su padre y estaba intentando ubicarlo cuando las fuerzas estadounidenses mataron a Abdulrahman.

El ataque fallido de enero tuvo lugar tras el desastroso ataque de Arabia Saudita contra un funeral en Saná el 8 de octubre de 2016, en el que más de 140 personas murieron, en su mayoría civiles. Tras el ataque, el Presidente Barack Obama, que había autorizado una venta de armas a Arabia Saudita por 115.000 millones de dólares, retiró las municiones de precisión de la venta, dado que muy probablemente serían utilizadas contra civiles. Donald Trump levantó la restricción a esas armas. El Rey de Arabia Saudita, un dictador, ahora posee armamento de última generación para lanzar contra la población de Yemen.

En respuesta al ataque en Manchester, Tariq Ali, comentarista político, escritor, editor de la New Left Review y un activista pacifista británico de gran trayectoria, declaró en el noticiero “Democracy Now!”: “Estos ataques terroristas no solo ocurren en Europa. Ocurren cada día en Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, Yemen y Bahrein. Todos deploramos la pérdida de vidas inocentes. Es así. Todos lo hacemos. Pero no podemos tener un doble discurso según el cual sostenemos que si alguien muere en Europa, su vida es más valiosa que las vidas de las personas que mueren en gran parte del mundo musulmán. Y a menos que Occidente comprenda que este doble discurso provoca y enoja cada día a más personas, esto seguirá sucediendo”.

Así como han cubierto las historias de las víctimas del ataque de Manchester, los medios de comunicación deberían cubrir las conmovedoras biografías y la historia de vida de cada joven fallecido en Yemen, Siria, Irak y Afganistán. Tenemos que conocer los nombres, tenemos que escuchar las historias de estas personas que también perdieron sus vidas.
Cadáveres de niños que murieron en un ataque saudí contra Yemen
Foto tomada de HispaniaTV
El acuerdo armamentista de Trump con Arabia Saudita es un error. Exacerbará la situación en una región que ya ha sido devastada por la guerra y afectará a Yemen de manera muy severa. Debido a la terrible destrucción del país, Yemen sufre una epidemia de cólera, hambruna y un colapso casi absoluto de su infraestructura de saneamiento, agua y de asistencia médica y hospitalaria. Se trata de una crisis humanitaria de gran magnitud.


Después de haber vendido este nuevo arsenal al rey de Arabia Saudita, el Presidente Trump se dirigió a Israel y luego se reunió con el Papa. Tras la reunión, Trump tuiteó: “Me voy del Vaticano con mayor determinación que nunca de lograr la PAZ mundial”. Algunos quizá tengan la esperanza de que Trump realmente haga lo que tuitea. Mientras tanto, millones de personas en todo el mundo se están organizando para poner fin a las guerras y detener las ventas de armas que las promueven.

Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

The original content of this program is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 United States License. Please attribute legal copies of this work to democracynow.org. Some of the work(s) that this program incorporates, however, may be separately licensed. For further information or additional permissions, contact us.

lunes, 10 de abril de 2017

Como dijo Galeano: "LA GUERRA SE VENDE MINTIENDO".


Por Gustavo dela Torre Morales

Las invasiones militares imperialistas no se mueven por fines humanitarios, no son instrumentos diplomáticos ni pacíficos, no son métodos de conservación del medio ambiente: la guerra es un instrumento devastador, de aniquilamiento, de genocidio... un instrumento de colonización.

Las llamadas "Primaveras", las afamadas "Revoluciones de Colores" y gran parte de los titulados movimientos "rebeldes" por parte de la gran prensa (todas con asesoramiento y financiación de potencias imperialistas_ auto tituladas democráticas y libertarias) han sido creadas para crear golpes de Estados, justificar incursiones militares, imponer sanciones como el bloqueo económico, propiciar inseguridad y caos mediante acciones terroristas por parte de grupos antisociales (que la prensa capitalista llama “pacíficos”) o paramilitares, sólo con el objetivo de “torcerle el brazo” (como dijo Barack Obama en entrevista a Vox) y derrocar gobiernos llamados “molestos”. Sí, son esos sistemas políticos alternativos no alineados a los designios del Tío Sam y sus lacayos.

Pero, regresando a la frase de Galeano… lo peor no es, únicamente, la mentira en sí, orquestada por élites en búsqueda de grandes recursos, crear oportunidades de grandes negocios, gestionar el control y el poder sobre zonas geoestratégicas; sino el aniquilamiento de pueblos como resultados de las guerras; además del daño ecológico ocasionado al planeta (lo cual tendrá sus secuelas en años venideros y como boomerang, las nefastas consecuencias se revertirán sobre el propio ser humano).

Es la mentira en la cual cooperan lucrativamente los grandes monopolios de la “in”-formación… sí, formación de opinión pública, de crear borregos que asimilen como propios conceptos de odio, xenofobia, vandalismo, banalidad, frivolidad, enajenación, individualismo, egoísmo, discriminación, etc.

Es la mentira creada con vil manipulación para que se acepte el asesinato, el genocidio, el crimen contra otros seres humanos… es la mentira creada para que la resignación y la subyugación sea la normalidad… la mentira que sigue facilitando el poder de gobernar a la élite política que impone recortes económicos contra la mayoría social, deroga derechos, expolia recursos ajenos, discrimina, reprime y, para colmo, vive de la corrupción, del fraude, de paraísos fiscales y de vender guerras.

El mayor enemigo de los pueblos es el imperialismo y su sistema económico capitalista.

Digamos ¡No! A la Guerra No Convencional que se está llevando a cabo contra gobiernos constitucionales de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Irán o Cuba (con el vil servilismo de las burguesías locales o de financiados grupúsculos de oposición que edulcoran como disidencia)… Digamos ¡No! a la guerra imperialista que se está llevando a cabo contra los pueblos de Siria, Palestina y Yemén.

¿Dónde están las ansiadas y tan afamadas democracia y libertad en Irak, Afganistán, Libia o en Honduras y Puerto Rico? ¿En qué ayuda el capitalismo a países de África o latinoamérica? ¿Por qué México o Colombia, inmersos en el capitalismo, son países con alto índice de torturas y asesinatos de líderes campesinos, indígenas, sindicalistas, ambientalistas o de periodistas que denuncian la corrupción del sistema y los gobiernos?

Los grandes medios pagados por el gran capital o los alternativos financiados por organizaciones al servicio del imperialismo son los que le largan las piernas a las mentiras, son los que te sumergen en la incultura y te convierten en cómplice involuntario del crimen.

Culpan a Venezuela o a Siria de ser “amenazas” para sus regiones, cuando nunca han invadido otros pueblos y crearon conquistas sociales para sus pueblos… entonces, ¿Qué son EEUU y los gobiernos europeos que conforman la OTAN y que sí han invadido, bombardeado y declarado la guerra contra otros pueblos dentro y fuera de sus regiones geográficas?


NO COMPRES LAS MENTIRAS QUE TE VENDEN O SERÁS CÓMPLICE Y CULPABLE DE LOS CRÍMENES DE LAS GUERRAS.

viernes, 13 de enero de 2017

El genocidio palestino por parte de Israel: el más prolongado y velado de la historia

 Palestina
Tomado de Crónicas del Nuevo Siglo
Por José Ernesto Schulman.

La reciente resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, de condena a la ocupación israelí de territorios palestinos bajo la forma de “colonias” de propósito productivo o habitacional, ha desatado la furia de las élites israelíes y potenciado un debate de larga data: ¿cuál es el carácter del conflicto entre el Estado de Israel y la población palestina?

Incómodos, porque se pone en duda el mito sionista de que “los palestinos impiden la plena ocupación pacífica de los territorios ancestrales heredados del mismo Dios según su interpretación del Antiguo Testamento”; aislados de buena parte del mundo que le resulta difícil no hacer al menos un gesto ante la brutalidad extrema de los ocupantes, las elites israelíes se abrazan al neo fascista presidente electo de los EE.UU. que en sus bárbaras definiciones (llevaría la Embajada de los EE.UU. a la ciudad de Jerusalén, consagrada como ciudad compartida por todos los acuerdos y resoluciones de la ONU; desconocería la formula dos pueblos dos estados con que se puso en marcha el proceso de diálogos de Oslo en 1994, proceso que prometía crear al fin el prometido Estado Palestino de la resolución de la ONU de 1947, promete ayuda militar irrestricta y respaldo a toda violación de los derechos humanos del pueblo palestino) y de este modo, en el abrazo, confirman su ideología fascista y su política colonialista alineada al Imperio norteamericano.

Podrán, quién sabe, mantener un tiempo más la ocupación militar y el sojuzgamiento del pueblo palestino, pero algo se ha quebrado en la formula sionista: su presunta legitimidad.  Cada vez son más los que en el mundo comprenden que la experiencia no trata de “liberación nacional” del pueblo judío perseguid por siglos, sino de otra cosa: un dominio colonial que cumple las condiciones para considerarlo genocidio según la normativa internacional y la práctica teórica de estos años de Juicio y Castigo a los represores de Argentina y América Latina.

En mayo de este año (2016), invitado por Addameer, cuya página se puede visitar en www.addameer.org, organismo de lucha por los derechos humanos y en defensa de las y los presos políticos palestinos, tuve la oportunidad de recorrer Cisjordania y Jerusalén Oriental; luego, invitado por organismos de derechos humanos y la izquierda israelí, estuvimos en Jerusalén Occidental y Tel Aviv.

Fue un viaje distinto a lo que ofrecen las agencias de Turismo.  Casi nada de los sitios sagrados para las tres religiones monoteístas más importantes del mundo: el Judaísmo, el Cristianismo y el Islamismo. Muy, pero muy poco de las famosas playas del Mar Muerto o el Mediterráneo. Apenas una rápida recorrida por el Vía Crucis hasta el Santo Sepulcro, un acercarse al Muro de los Lamentos y un asomarse al patio de la Mesquita de la Roca.

Entonces, ¿qué hicimos durante los días que transitamos por las viejas ciudades y los nuevos barrios?, pues recorrer los campos de refugiados de los palestinos (construidos en 1948, primero en territorio jordano y luego,  desde 1967, encerrados en los territorios ocupados militarmente por Israel); entrar a las casas de palestinos en diversos barrios de Jerusalén Oriental para conversar con las mujeres y los hijos de los presos políticos; presenciar en una sesión de la corte militar que funciona casi en el mismo edificio que la Cárcel de Ofer, en el límite entre Ramalah y Jerusalén; recorrer minuciosamente el Valle del Jordán, entrar a alguna de sus aldeas y llegar hasta la naciente de un río que los israelíes, literalmente, se roban por medio de bombas y cañerías para dejar sin agua a los palestinos y alimentar las colonias productivas de la zona; también recorrimos colonias israelíes en las ciudades de Jerusalén y Hebrón, y algunas en regiones rurales

También dialogamos con diversos militantes y expertos, estudiosos y estudiantes, trabajadores y ex presos políticos, dirigentes de la Autoridad Palestina pero también del movimiento social y de otras fuerzas políticas de la izquierda laica y de Hamas, todo eso en Palestina; en tanto que en Jerusalén Occidental y en Tel Aviv conversamos con diversos organismos de derechos humanos israelíes y fuerzas no partidarias de la ocupación militar, lo que en el escenario israelí se podría considerar la izquierda y la centro izquierda (de nuevo, claro que en relación al derechizado panorama israelí). Participamos en una movilización de repudio a la designación como Ministro de Defensa del nazi de origen ruso Avigdor Lieberman en el centro de Tel Aviv, organizada por la coalición Lista Unidad, encabezada por los comunistas de Israel.

Se podría decir que tuvimos, junto a dirigentes de organismos de derechos humanos de Paraguay, Chile, Colombia, México y el País Vasco, con los que compusimos una delegación bastante cercana en sus convicciones y compromisos éticos y políticos, el raro privilegio de ver la trama oculta de la realidad palestina e israelí, aquello que tanto se empeñan en ocultar, deformar o negar los medios de comunicación hegemónicos y buena parte de los observadores y académicos que estudian el tema y se siguen manejando por los mismos prejuicios que Edward Said denunciara en diversos libros, pero especialmente en su indispensable Orientalismo (Said, Edward, Orientalismo, , 2013 Penguin Random House  Grupo Editorial España.)

¿Y qué es lo que nosotros pudimos ver de modo prístino y que no ven los turistas llevados en confortables combis o los académicos de los más diversos signos, incluidos algunos autotitulados progresistas o de izquierda?: pues sencilla y de un modo contundente, un genocidio en tiempo presente.

Un genocidio tal como lo definió el artículo dos de la Convención de Prevención y Castigo al Delito de Genocidio, asumido por las Naciones Unidas el mismo año en que los israelíes expulsaron cerca de setecientos cincuenta mil palestinos de sus casas y aldeas, a las que todavía no pudieron regresar.  Para el mundo, 1948 es el año de la declaración de los derechos humanos y de la sanción de la Convención de Genocidio, para el pueblo palestino, el año de la Nabka o tragedia. Lo que dice mucho más sobre las Naciones Unidas y el sistema internacional de garantías a los derechos humanos que mil tratados y libros de “expertos”.

Cómo un anticipo cruel de lo que vendría, una interminable e inútil seguidilla de condenas formales, exhortaciones humanistas pero banales, e informes que no cambian un ápice de la realidad, el Convenio de Prevención y Condena al Delito de Genocidio no solo fue contemporáneo con el inicio del genocidio contra el pueblo palestino, en algún modo fue parte fundante del dispositivo discursivo que lo ha justificado desde entonces, y todavía.

¿No es una verdadera paradoja de que, en el discurso oficial sionista y de buena parte de historiadores, el Estado de Israel es el producto de un genocidio -en el sentido de que se constituye como respuesta al terror diseminado por el nazismo, el terror a que se repitiera un genocidio semejante- y al mismo tiempo, para su constitución arrasa otro pueblo, negando su identidad nacional, generando el terror de los palestinos por ya más de setenta años?

El creador del concepto de Genocidio, Raphael Lemkin, fue un abogado polaco de origen judío que buscaba una clasificación penal adecuada a lo que, entendía él, constituía un fenómeno de nuevo tipo surgido de la mano del fascismo y la Segunda Guerra Mundial: no solo la destrucción de la identidad de un grupo nacional, no solo la destrucción del grupo nacional como tal sino la imposición de la identidad del sujeto genocida (sea un Estado o un conjunto de fuerzas diversas) al grupo agredido.

Lemkin decía sencillamente: “Genocidio es el crimen de la destrucción de grupos nacionales, raciales o religiosos” aunque distinguía dos fases: la destrucción de la identidad nacional del grupo y la imposición de la nueva identidad; como veremos más adelante, el caso del genocidio palestino por parte del Estado de Israel, con el apoyo del gobierno de los EE.UU. y del movimiento sionista internacional, contando con la pasividad cómplice de la Comunidad Internacional, es la demostración más potente de aquella idea casi intuitiva de Lemkin.

Al adoptar el concepto, luego de largos debates, las Naciones Unidas dijeron  en la Convención ya mencionada:  “Artículo II :   En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:

  1. a) Matanza de miembros del grupo;

  1. b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;

  1. c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;

  1. d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;

  1. e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.”

Como cualquier observador medianamente imparcial debería confirmar sin dudas, el Estado de Israel, con el apoyo entusiasta de amplios sectores de su población y el apoyo indispensable y fundamental del gobierno de los EE.UU. y del sionismo internacional, someten al pueblo palestino a un proceso genocida, que como todo proceso genocida, tiene características particulares y únicas.

En el caso palestino, una de las particularidades viene del lado de la duración.

Se podría decir, al menos de manera tentativa, que el proceso genocida comenzó en 1948 con lo que los palestinos llaman la Nabka, la tragedia, que consistió en la expulsión de sus aldeas y hogares de unos 750 mil palestinos, separados de su pueblo y sometidos a condiciones de existencia que inevitablemente acarrearían “su destrucción física, total o parcial”.

Durante estos largos años, cerca de la mitad de los varones palestinos han pasado por las cárceles del Estado de Israel, sometidos a condiciones de supervivencia que acreditan un estado de tortura permanente y actualmente hay unos siete mil presos políticos, de los cuales 56 son mujeres, 340 niños y unos 700 están bajo “detención administrativa” lo que justifica la aplicación de los incisos B y C del citado artículo dos de la Convención.

Si unos seis millones viven fuera de los territorios administrados de un modo directo por Israel y relativo por la Autoridad Palestina, y poco más de cuatro millones y medio lo hacen en los territorios ocupados militarmente por Israel de Cisjordania y Gaza, amén de que otro millón y medio lo hace en la ciudad de Jerusalén Oriental o en otras ciudades del Estado de Israel, se puede demostrar que todos ellos sufren condiciones de discriminación que han sido equiparadas con el “apartheid” sudafricano, lo que nos remite nuevamente a los incisos B y  C de la Convención.

Cada palestino que viva fuera de Jerusalén o el Estado de Israel, desde que nace hasta que muera, vivirá encerrado entre muros que solo podrá traspasar cruzando un “check point” militar en el que deberá mostrar pases administrativos emitidos por la autoridad militar, que de cualquier modo podrá demorarlo el tiempo que quiera o directamente negarle el paso sin mayores fundamentos que las armas largas que portan las soldadas y los soldados israelíes en cada punto de paso.  En esos “encierros temporales” extrajudiciales, se han registrado muertes de madres embarazadas que esperaban llegar a un centro de salud o un hospital al cual nunca las dejaron ingresar, lo que de por sí amerita la aplicación del punto D del Artículo dos de la Convención: “Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo” (todas las cifras y datos históricos están tomados del libro en castellano: Palestina y palestinos del Grupo de Turismo Alternativo, www.atg.ps  donde se pueden consultar  información enciclopédica actualizada en tiempo real sobre la historia y la actualidad palestina)

¿En qué artículo del Convenio encuadrar el asesinato de los niños en Gaza, sorprendidos mientras jugaban al futbol en la playa o la de los niños del Campo de Refugiados Aída de Belén, cazados como animalitos con rifles de mira telescópica por los soldados israelíes que deberían garantizar su seguridad?   La letra fría diría que en el primer inciso del articulo dos, el que condena “la matanza de miembros del grupo”, pero uno presiente que en obstinado ataque a los niños hay algo mucho más profundo y revelador sobre el proceso genocida en curso: los matan, los arrestan, los torturan, y si uno de ellos alza una piedra, los tratan como terroristas y ahí aparece el coro de voces “progresistas” clamando por la seguridad de Israel, o sea, justificando el genocidio presente.

También, y eso corresponde al ya citado punto C del artículo dos: “Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”, los palestinos son limitados en la provisión del agua potable y en el acceso a la energía eléctrica, impedidos de mejorar sus viviendas o de tener un pleno acceso a los servicios de salud, esparcimiento, cultura y turismo.

Pero no tengo dudas que la segunda gran particularidad del genocidio que sufre el pueblo palestino a manos del Estado de Israel, sus seguidores y cómplices nacionales e internacionales, es que ese genocidio es negado por el Estado perpetrador y por muchos de los actores que a nivel internacional no dudan en condenar el sufrido por los pueblos de América Latina en los años setenta del siglo pasado o el pueblo armenio alrededor de 1915.

 Un genocidio en tiempo presente pero oculto ante los ojos de la mayoría de la humanidad.

Si el Dr. Zaffaroni dice “que no hay crimen de estado que no se sostenga en un discurso justificatorio”, el negacionismo del genocidio palestino se sostiene en la firme base histórica que los pueblos judíos en la diáspora han sido perseguidos durante muchos siglos.  Y de un modo especial desde finales del siglo XIX hasta la mitad del siglo XX, cuando se consuma el exterminio nazi de unos seis millones de judíos, como parte del exterminio de cincuenta millones de europeos, lo que ha permitido construir el mito del “eterno pueblo perseguido”, que ahora se resignifica en aras de la justificación de otro genocidio: el de los palestinos.

Como si los palestinos hubieran sido habitantes de Berlín o soldados de la SS, y  como si hubiera dolor o agravio pasado que justifique la tortura, el asesinato, la violación de mujeres, el escarnio de los niños, la destrucción sistemática de sus viviendas y aldeas, es decir, como si el hecho cierto que algunos de los actuales perpetradores del genocidio hayan sido parte o sean familiares de los que formaron parte del grupo sometido a genocidio por los nazis, impidiera que ahora puedan ser sujetos de la infamia completando de un modo trágico y perverso aquello que Lemkin, un polaco de origen judío, había anticipado casi literalmente: el genocidio no consiste solo en que un pueblo sea sometido a condiciones para que sea anulada su identidad nacional, sino que luego de eso asuman la del grupo genocida.  Aunque duela a tantas y tantos, el sionismo y sus competidores ultra religiosos han asumido la ideología y las prácticas de quienes dicen tanto odiar, los nazis.  Y todo eso pude comprobar con mis propios ojos en mi viaje por Palestina e Israel, tal como lo conté en mis Crónicas Palestinas[1]

[1] Crónicas Palestinas, José Schulman, ediciones Crónicas del Nuevo Siglo, 2016

José Ernesto Schulman

Secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre

sábado, 27 de agosto de 2016

La guerra contra la historia


Tomado de la Pupila Insomne
Por Sara Rosenberg.

Si hay una guerra silenciosa y constante es la guerra contra la historia de los pueblos. Ya decía Rodolfo Walsh que la burguesía pretende borrar la historia de las luchas del pueblo, porque el secuestro de nuestra historia y nuestra memoria es un modo de hacer que estemos empezando siempre de cero, es un robo –a veces a mano armada- de la identidad del pueblo, de sus luchas y de su capacidad de organizarse y aprender para seguir adelante.
Ayer, el episodio de la orden de detención contra Hebe de Bonafini, nos llenó a todos de bronca, de impotencia, de necesidad de reaccionar contra este nuevo hecho de barbarie de la dictadura neoliberal. La gente salió a la calle y el juez del partido burgués-judicial que había emitido la orden tuvo que dar marcha atrás. Habían tocado profundamente no sólo a una persona, a una Madre de Plaza de Mayo, sino a un símbolo nuclear de la lucha contra el terrorismo de estado.
Pasada la tormenta de las redes y las calles, ganada esta batalla, es necesario preguntarnos con profundidad las razones y las sin razones de esta orden de detención. La burguesía no actúa espontáneamente, no fue casual que la orden se emitiera el mismo día de una gran movilización contra el tarifazo y las políticas de hambre del gobierno macrista, que estaba siendo “visitado” por el secretario de estado americano, Kerry, de paso hacia Brasil. Y el mismo día en que se está negando a Venezuela la legítima asunción de la presidencia del Mercosur, utilizando al gobierno títere de Paraguay y al ilegítimo y provisional gobierno de Brasil.
La prensa internacional informó que Kerry le había entregado a Macri algunos archivos desclasificados sobre la represión en Argentina. No dijo más, ni a qué venía ni para qué necesitaba hacer esa escala, aparte de “profundizar los buenos vínculos de amistad”, es decir -leído desde nuestra historia- profundizar el sabotaje a las conquistas sociales y a la unidad latinoamericana.
Durante los doce años de gobierno kirchnerista, no hubo día en que las calumnias y la manipulación mediática no se ejercitaran contra cada una de las medidas del gobierno, contra los gobernantes, contra todo aquello que significara un avance en políticas sociales. Se pervirtió el discurso político y se transformó el debate en un espectáculo, porque esa es la única arena donde los políticos de la derecha y sus tecnócratas tenían alguna posibilidad. Envilecieron constantemente la misma vida política del país. Degradaron la discusión, alteraron datos y pruebas. El pedido de detención de Hebe de Bonafini forma parte y es la continuación de esta estrategia de acusación infundada, de dictadura judicial, de basura mediática.
Por eso hablo de la estrategia de guerra contra nuestra historia, de guerra contra nuestra memoria de lucha y resistencia. Atacar a nuestros símbolos de resistencia, crear dudas sobre su ética y sobre su recorrido de lucha ha sido una constante. Desgraciadamente hay sectores de la sociedad que se han dejado engañar y que se siguen dejando engañar porque están completamente sometidos por la propaganda y ya son incapaces de tener un pensamiento social, un sano y verdadero sentimiento de amor a sus semejantes, sectores que han sido embrutecidos con el discurso del miedo, de la competitividad, del consumo. El discurso del capitalismo criminal. Y esos sectores que trágicamente son también parte del pueblo, son utilizados contra si mismos y contra sus semejantes.
Hay muchos ejemplos de guerra contra la historia y todos tienen que ver con aquello que decía Goebels, repite una mentira incesantemente y se volverá verdad; esa técnica de propaganda es tan amplia que hoy si preguntas a un joven educado
en colegios de Europa quien derrotó a los nazis, muchos te contestarán que los Estados Unidos. Cuando sabemos que fue el heroico pueblo ruso el que venció a los nazis y que en esa guerra hubo 26 millones de rusos que perdieron su vida. También parte de la tragedia en España es que se ha escondido y se ha manipulado tanto la historia de la guerra civil, que las nuevas generaciones ni siquiera saben que todavía los asesinados por el fascismo franquista siguen esperando una reparación, siguen en las cunetas y desaparecidos sin que nadie haya sido juzgado por los crímenes.
La guerra, la lucha por la historia de nuestros pueblos es importantísima, y adjunto la carta que Hebe de Bonafini escribió al juez que mandó detenerla, como ejemplo de esa lucha:
Al Sr. Juez de la Nación
Marcelo Martínez de Giorgi
Me dirijo a Ud. Para manifestarle el motivo de la respuesta a su citación.
Que desde el año 1977, más precisamente el día 8 de Febrero de ese año, vengo padeciendo las agresiones de la mal llamada justicia, implementada por jueces de la Nación. En ese momento empezó mi calvario, hice 168 presentaciones por mi hijo Jorge, luego en conjunto reclame por mi otro hijo Raúl, que fue desaparecido en diciembre del mismo año, en una constante peregrinación por los juzgados, siempre padecí las mismas injusticias, las mismas agresiones. Luego en mayo de 1978, desapareció también mi nuera María Elena, nada cambio.
Siempre la misma ignominia, la misma indiferencia, yo sentía como la denominada justicia era cómplice de los asesinos militares y marinos. Una justicia sin solidaridad, sin sentir por los otros, sin sufrir por ellos.
Después de un tiempo en el año 2001, más precisamente un 25 de mayo, a mi hija María Alejandra que se encontraba sola en mi casa, mientras yo estaba de viaje, la torturaron casi hasta matarla. Y allí otra vez mi peregrinación para ver si encontraba algún juez que nos muestre el valor de la Justicia, y que esta existía, pero otra vez la burla y la sin razón.
Y llego el caso Schoklender, allí las madres con gran esfuerzo aportamos voluntariamente 60 cajas con pruebas, junto con 40 backup, y otros elementos más, primero a Oyarbide y después a ud. que ni siquiera leyeron algo de lo aportado.
Asistimos cuantas veces nos llamaron a declarar, hicimos pericias de las firmas que constataron que no eran mías, siempre a disposición por la verdad, incluso hace unos meses asistí voluntariamente a su despacho para informarme ante la indigna marcha de la causa.
Y otra vez sufrimos en carne propia la burla, que nos castiga a todas, ancianas de 85 a 90 años, y nos condena a pagar las deudas, injustas y ajenas.
Las madres siempre vamos a defender los valores de solidaridad social, extender las manos a los vulnerados, por sus sueños, en este tiempo y en los que vendrán. Y vamos a luchar para que alguna vez nos enfrentemos con jueces probos que nos ayuden a sentir en nuestros cuerpos el valor de la Justicia.
Hebe de Bonafini – Presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo
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Aprovecho este artículo para felicitar de todo corazón y con una admiración absoluta el 90 cumpleaños de nuestro querido Comandante, historia viva, historia humana y Hombre Nuevo, que nos ha enseñado a no claudicar nunca.
Venceremos, gracias comandante Fidel Castro, Cuba es un ejemplo de dignidad y resistencia, es la Historia que nos empuja a seguir luchando.


Ríos de tinta corren en las redes y en los periódicos y una vez más la agenda “viral” está fijada por el criminal.  Es el cuerpo del crimen que se esconde en la seudo conciencia incapaz de actuar.
Denuncian. Miles de  botones, cientos de miles de emoticones replican la atroz fotografía -“viralizada”- para sacudir a las sensibles almas que beben, comen y pasean  mientras a unos kilómetros las bombas caen  y pocos virus dicen que son bombas terroristas financiadas -con impuestos e indiferencia- por las potencias occidentales implicadas en esta guerra brutal y por supuesto asimétrica contra el pueblo sirio. 
¿Tengo que poner la lista completa de las atrocidades de Estados Unidos contra la población civil de tantos países y pueblos bombardeados del mundo, o seguiremos creyendo que Hiroshima y Nagasaki han sido casos aislados? No me cansen, por favor.  Por favor. No hay derecho a no relacionar  y no relacionar y olvidar sólo son signos de barbarie y complicidad. No ser capaces de articular un hecho con otro tiene que ver con la desidia, con la derrota aceptada o consumada en esta guerra contra la historia que es un guerra constante y esencial.  Hemos de verla.   
Me había prometido no escribir sobre el tema porque hay ríos de tinta sobre el niño, y cada vez que leo algo mascullo y me enfado. Cuánta pornografía sentimental, cuánta enfermedad emocional, cuánto abuso. Desde la semiótica a la denuncia abierta, desde las macabras ongs hasta los autores de las masacres con sus campañas poderosas, desde los púlpitos a las calles, el niño vuelve a ser utilizado como mercancía de una política siniestra.
No quiero ver al niño, no quiero ver sufrir a más niños.
Quiero ver la cara del sujeto, del autor de esta masacre. Es necesario nombrarlo y condenarlo. Es necesario juzgarlo y detenerlo.
Tiene nombre, tiene apellido, circula ahora mismo sobre mullidas alfombras en reuniones donde se prepara el próximo asalto a la dignidad de un pueblo –y de tantos- y a su vida. Es un criminal. Es un fascista. Es un enemigo de la vida. Es el causante de estas muertes y de este dolor.  
Quiero ver al sujeto criminal, quiero ver al asesino. No quiero que utilicen más a las víctimas y me oculten al mismo tiempo la heroica resistencia al fascismo y a su guerra imperialista.
Quiero que el rostro del asesino aparezca con toda claridad. Lo conocemos bien,  pero se oculta como se ocultan sus crímenes y además nos utiliza para eso. En una letanía de falsas banderas y de atrocidades, todo el mundo replica la falsa denuncia y la llaman viral, porque hay mucho dinero invertido en virus y ninguno en  pensamiento. 
Quiero recordar al sujeto criminal, no quiero olvidarlo: tiene nombre y apellido, es un asesino serial y eso es lo que de verdad ahora importa.
Pero en los ríos de tinta se ha escamoteado al criminal y de esta manera se lo protege. Incluso esta campaña ha sido urdida como parte de la disolución del crimen.
Esta campaña ha sido creada para acusar al gobierno legítimo de Siria y a sus aliados y hay que decir alto y claro:  que están derrotando al enemigo fascista, a la OTAN y a sus mercenarios que tanta muerte y tanta destrucción han causado.
Quiero ver las fotos de Obama, Clinton, Holande, Rajoy, Merkel, el FMI, el Banco mundial, los jeques árabes, Netanyahu, el presidente de Polonia, y de las republicas bálticas, al fascista Poroshenko de Ucrania, a sus sirvientes y albaceas, a cada burgués criminal implicado en la masacre, quiero ver esas caras no en reuniones con corbatas impolutas sobre alfombras democráticas, quiero verlos en el momento de dar la orden concreta al Daesh y a sus ramificaciones de avanzar, matar, tirar bombas, degollar, vender petróleo barato, negociar en las salas de sus entidades bancarias, pagar sueldos a criminales adiestrados para matar y destruir, quiero verlos en acto. En sus actos verdaderos. Sin virus y a pelo.
En el acto de dar la orden de matar y torturar y robar sobre la que se asienta el sistema que tan enérgicamente defienden: el capitalismo que tiene ya ribetes marrones: el color del fascismo.  
Tenemos memoria, o quizás es que Europa ha caído en el alzhéimer absoluto, pero  habrá que recordarle una y mil veces que el crimen impune está sucediendo y que son parte de ese crimen. Que España está sembrada de bases militares americanas, que el gobierno ha cedido en permanencia su territorio a cambio de negocios sucios y sin discusión parlamentaria, que son parte de una guerra injusta contra el  pueblo sirio y que ya no pueden seguir ocultando esta barbarie en el rostro mercantilizado y como no, abusado y doblemente abusado de un niño, de una víctima más de la guerra que están llevando ahora mismo adelante. 
Me revienta la hipocresía, la doble moral, la pornografía sentimental del europeo -y el norteamericano medio y de tantos otros- atosigado por la mala conciencia y paralizado frente a su concreta complicidad. Es hora de denunciar dicen y denuncian cualquier cosa que les sirva para mantener esa maldita buena conciencia paralítica que ni siquiera les permite diferenciar quien es el enemigo, quien es el causante de estas atrocidades. Y viralmente enfermos siguen adoptando la cara de póker de causas generales  que son funcionales a sus amos de la OTAN, sin capacidad de actuar, como si la denuncia, el dedo que pulsa el botón fuera bastante, como si esta pavorosa homogeneidad y falsa simetría entre la víctima y el asesino les garantizara que nada cambiará.
¿Acaso el miedo a “estar peor” es ya dueño de todo el espíritu de este tiempo?  ¿Acaso el miedo es el señor al que sirven de rodillas?
¿Adónde has huido bendita rebeldía?
No lo se, pero supongo que el virus y lo viral sólo puede prosperar en un cuerpo enfermo. Y la mentira y la pornografía de la muerte han sido previamente instaladas en una cultura enferma, una cultura zombi. La cultura que llamamos hegemónica, la que padecemos cada día.  
Quisiera creer que ha llegado la hora de actuar y de no permitir que sigan manipulando y robándonos hasta la infancia.

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