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viernes, 7 de diciembre de 2018

Frei Betto: “Las izquierdas latinoamericanas debemos pensar por qué los más pobres ya no nos apoyan tanto”

Foto: Federico Gutiérrez
Tomado de La Diaria
Por Stephanie Demirdjian.

La vida del fraile y teólogo brasileño Frei Betto está marcada por hitos de todos los colores y formas desde el día en que nació, hace 74 años, en la ciudad brasileña de Belo Horizonte. Militó en la Juventud Estudiante Católica, trabajó como periodista, se unió a la orden de los domínicos, fue encarcelado y torturado por oponerse a la dictadura militar, estudió teología, filosofía y antropología, y fue asesor de varios gobiernos progresistas de América Latina, incluido el primer mandato del ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.

martes, 24 de abril de 2018

Culpable por defender a su pueblo

La detención de Lula es parte de una gran conspiración. (entreriosya.com)
Tomado de Bohemia. Revista Cubana de Actualidad General
Por Maryam Camejo
Les hierve la sangre a algunos con la idea de que un hombre, alma de Brasil, vuelva a ser presidente. Entre ellos, al juez Sérgio Moro, que se apresuró en dictar la orden de prisión contra Luiz Inácio Lula da Silva, después de negársele el habeas corpus. Y Lula, muy consciente de dónde están sus raíces, rechazó la posibilidad de huir hacia otro país. Se quedó porque es inocente y lo saben todos, quienes gritan apoyando su gestión, y también quienes lo condenan.
El gran teatro montado en torno a los procesos que enfrenta el exmandatario es parte del espectáculo preparado por la derecha para impedir su candidatura a las próximas elecciones, consideradas ahora impredecibles desde el fin de la última dictadura militar en 1985.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Persecución a Lula confirma que ya no hay democracia en Brasil

Tomado de ALAI, Agencia Latino Americana de Información
Por Emir Sader.

La obsesión de intentar sacar a Lula de la vida política brasileña, configurando una verdadera persecución política, confirma que Brasil se salió de la democracia y avanza peligrosamente hacia una dictadura, por medio de un golpe, de la acción o inacción de la Justicia y de las campañas sistemáticas de difamación llevadas a cabo por los medios.

Es lo que Lula denuncia, al afirmar que entramos en un Estado de excepción y lo que expresa en su documento a las Naciones Unidas, siguiendo el mismo camino de Julián Assange, amparado por el mismo abogado.

El escándalo político y jurídico de acusar a Lula sin ninguna prueba, por declaraciones sin fundamento hechas por un político confeso, alegando que Lula habría intentado interrumpir investigaciones sobre corrupción; el intento de tomarlo preso sin nada que lo justificara, configuran una persecución política que supera cualquier límite de los espacios democráticos. Cuando el Poder Judicial es cómplice de esa persecución, cuando los medios son los principales agentes que intentan culpabilizarlo en la opinión publica sin ninguna prueba, los marcos del Estado democrático de derecho han sido rebasados y sustituidos por la persecución pura y simple.

Intentar excluir de la vida política brasileña al único líder que tiene prestigio frente al pueblo es intentar imponer en última instancia un golpe en la legitimación de la política brasileña, para abrir espacio a aventureros golpistas y a los salvadores fascistas de la patria. Para ello es indispensable intentar invalidar el liderazgo político que ha rescatado la dignidad de Brasil y la autoestima de los brasileños. Es indispensable intentar medir con la misma vara a los golpistas y corruptos que asaltan al Estado brasileño y al líder popular que más ha contribuido para democratizar el país.

Si continúa existiendo un liderazgo como el de Lula en la plenitud del ejercicio de su liderazgo popular, esos aventureros no podrán continuar con la destrucción sistemática de la democracia que promueven, con la liquidación del patrimonio público, los derechos de los trabajadores, los recursos públicos que han servido para democratizar el acceso del pueblo a los derechos elementales garantizados por las políticas públicas.          

Lula es la última piedra en el zapato de esos vándalos que atacan a la democracia y asaltan al Estado brasileño. Están coaligados los más corruptos políticos y los que dicen combatir a la corrupción. La existencia de un liderazgo popular incuestionable como el de Lula desmiente la tesis de que los políticos son todos malos, de que la vida política brasileña está totalmente pervertida, de que no hay esperanza de rescate de Brasil y de que debemos entregarnos, arrodillados, al Imperio que ellos tanto adulan.

La obsesión de destruir la imagen pública de Lula solo puede concretarse por actos dictatoriales de violación de los derechos del expresidente y candidato favorito a volver a ser presidente de Brasil. Si ellos confían en las encuestas que ellos mismos fabrican, dejen que Lula sea derrotado por el pueblo en una competencia democrática. No habría más grande condena a Lula que la practicada por el pueblo, democráticamente.

Ocurre que ellos saben que sus encuestas son forjadas. Pongan a Lula y cualquier otro candidato en campaña, a ver lo que ocurre.  Los otros ni siquiera van a ser capaces de organizar los comicios, no se van a exponer públicamente a los escraches de la población. Cada vez que Lula se encuentra con el pueblo, en comicios, en reuniones, por las calles, los golpistas tiemblan y se dan cuenta de que solo mediante un golpe, la persecución jurídica y política, lo pueden sacar de la cancha. Pero al hacerlo, confirman que Brasil ya vive en una dictadura.

Si les incomoda el llamado de Lula a las Naciones Unidas, den la demostración de que Brasil aún vive en una democracia, dejando que el pueblo se pronuncie libremente sobre quien quiere que dirija al país. Abandonen definitivamente la persecución a Lula, renuncien a un gobierno golpista por la forma como accedió al poder y por la perversión de poner en práctica un programa opuesto con el que el golpista fue electo. 

No hay más democracia en Brasil si el más grande líder popular de la historia del país es perseguido sistemáticamente sin ninguna prueba en su contra e impedido de someterse a la decisión democrática del pueblo en las urnas. De nada sirven las protestas por las denuncias de Lula al mundo. Hasta hace poco la opinión pública internacional se dejaba llevar por lo que decían los medios golpistas brasileños. Pero cuando los medios internacionales vinieron a Brasil, se dieron cuenta de las mentiras que los medios locales propagaban y han desmoralizado a los medios brasileños en todo el mundo. Ahora han perdido toda credibilidad.  Al mismo tiempo que los medios internacionales han constatado que los corruptos están del lado de Michel Temer y de Eduardo Cunha, los golpistas, y no de Dilma y de Lula.

Ahora los medios internacionales reiteran las denuncias de Lula y la apreciación de que el criterio fundamental para juzgar si hay todavía democracia o no en Brasil es terminar de una vez por todas con las persecuciones a Lula y dejar en manos de los brasileños y no de los golpistas y corruptos, el destino de Brasil.

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

miércoles, 23 de marzo de 2016

La manipulación de una escucha ilegal

Tomado de ALAI Agencia Latinoamericana de Información
Por Paulo Moreira Leite

Fue William Randolph Hearst, patrón de los imperios de medios de comunicación, construida con audacia y sin ningún escrúpulo, cuya historia inspiró la obra maestra Ciudadano Kane de Orson Welles, quien descubrió la importancia de la mentira para consolidar sus propios beneficios y proteger intereses políticos.

A finales del siglo XIX, después que un acorazado de la Marina de Estados Unidos sufrió un atentado no esclarecido en el puerto de La Habana, en la entonces colonia española de Cuba, Hearst abrió una campaña nacional para llevar el país a la guerra contra España, que ayudó a convertir EE.UU. en un imperio mundial. En un período en el que la fotografía gateaba y la televisión no había sido inventada, las ilustraciones ocupaban un papel clave en el convencimiento de la población, que debería ser movilizada a manifestaciones y actos públicos destinados a presionar al Congreso y el gobierno a favor de la guerra. Enfrentando la resistencia de uno de sus ilustradores para producir imágenes muy fuertes, falsos retratos de un enemigo que pretendía atacar de cualquier manera, Hearst acuñó una frase famosa: "Usted proporciona las imágenes y voy a proveer la guerra".

En el Brasil de 2016, los grandes medios fueron a la guerra contra el gobierno de Dilma empleando los métodos de Hearst en su versión siglo XXI para crear una nueva ofensiva contra las instituciones que expresan el funcionamiento de una democracia construida con sacrificios, que no precisan ser recordados aquí. En una nueva demostración de la absoluta falta de escrúpulos democráticos, se valió de una escucha ilegal, no autorizada, para sustentar una versión absurda: que Dilma Rousseff nombró a Luiz Inacio Lula da Silva, el más popular presidente brasileño, para ocupar la Casa Civil, el ministerio más importante en el Gabinete, tan sólo para permitir que se quede alejado de las investigaciones de Sergio Moro. No hay una palabra, una frase, en el transcurso del diálogo que permita sustentar esta afirmación. En la conversación, Dilma simplemente informa a Lula que le está enviando el “plazo de posesión” (termo de posse), documento jurídico que hace parte de la documentación de todo ocupante de un cargo político. Sólo eso.

La movida es jurídica y política. Se basa en una mistificación respecto del Tribunal Superior Federal (STF, siglas en portugués), ahora señalado como una especie de templo de impunidad que beneficia a ricos y poderosos del país –calificativo discutible al menos cuando se trata de acusados vinculados al Partido de los Trabajadores-. En mi opinión, en 2012, en la sentencia de la AP 470, el Supremo ha hecho más que juzgar y condenar con severidad y rigor. Condenó a un diputado sin prueba de la corrupción, como José Genoíno. Elevó –eso fue admitido claramente en el tribunal- artificialmente las penas a José Dirceu para que permanezca en régimen cerrado. Cerró los ojos a las pruebas y testimonios que eran de gran utilidad para la defensa de los acusados, que se los mantuvo en un proceso aparte, número 2474, decisión que provocó protestas indignadas del decano Celso de Mello. Al mismo tiempo, envió a los acusados del PSDB a la primera instancia, en la que, hasta la fecha, nadie ha sido condenado de manera definitiva.

Comencemos con la escucha, que exhibe la conversa entre Lula y Dilma, que acumula varias ilegalidades, por lo que desde el primer momento debía ser tratada como un crimen. La escucha no debía realizarse para grabar una conversación ocurrida a las 13h20 de ayer (16/03). Esto porque, dos horas antes, el juez Sergio Moro había determinado que las escuchas telefónicas a Lula quedaban suspendidas, ya que asumirá la Casa Civil y, por lo mismo, la investigación se transfiere al Ministro Teori Zavaski, del STF. Incluso hay una documentación de la PF que demuestra que la disposición llegó a los canales competentes, por lo que no hay razón para que no se haya cumplido. Aun así, la grabación continuó durante un plazo no autorizado, como una típica escucha clandestina que nadie tiene derecho de hacer, y mucho menos una autoridad policial. Esto no es una sospecha. Es un hecho flagrante.

En segundo lugar, el propio Sergio Moro decidió romper el sigilo del material, lo que es discutible, desde el punto de vista de la postura libre que se espera del poder judicial, y lamentable, cuando se recuerda la circunstancia en que fue obtenida la escucha Lula x Dilma.

Antes que nada, cabría investigar exactamente lo que ocurrió, ya que una orden para detener la escucha no se cumplió. Comprobada la irregularidad, la prioridad es saber cómo y por qué se produjo una escucha ilegal -lo que torna a la divulgación posterior especialmente inapropiada, escandalosa-.

Para complicar, el audio contiene indicios que muestran que es posible que haya sido registrada una conversación que la Policía Federal no está autorizada a grabar. El sonido ambiental sugiere que la llamada puede haber partido de un teléfono de Dilma a un teléfono de Lula. Lo obvio: ningún agente de policía está autorizado para interceptar el número de la presidenta, ni con la autorización de un juez de primera instancia. Es preciso autorización expresa del Tribunal Superior Federal. Para varias personas que tuvieron acceso al audio, el ruido de la marcación y voces posteriores muestran que ella era el blanco que permitió aquella intercepción.

Siguiendo la escuela de Hearst, la noche fue pródiga en periodistas haciendo muecas, besitos, ojos saltones. La orientación evidente de la TV Goebbels era dramatizar, en una reproducción fiel del comportamiento de los ilustradores del siglo XIX, proveedores de imágenes a quien iba a proveer la guerra. El psicodrama, destinado a alimentar un irresponsable sensacionalismo electrónico, autoritario y policíaco, se prolongó durante la noche, generando una profecía que se auto-realiza por las calles de Sao Paulo. Era preciso hacer decir a la escucha aquello que ella no dijo.

El esfuerzo para sofocar el gobierno de Dilma se encuentra cerca de su punto máximo, que se obtiene cuando el oponente pierde la capacidad de moverse. Ayer, se retiró del gobierno el derecho a hablar.

El capítulo final está lejos de haber sido escrito, sin embargo. Es lo que demuestra la honrada demostración de resistencia de intelectuales en la PUC paulista, la noche anterior. Es lo que confirman los preparativos de las protestas de mañana, que avanzan en volumen y articulación. Solo en Sao Paulo, la previsión es que 500 autobuses serán fletados para mañana.

Los jóvenes y adultos mayores del futuro estudiarán, revisarán y discutirán las jornadas que vivimos hoy. El país es uno de esos momentos cuando hay vergüenza en el presente, pero puede haber la gloria en el horizonte.

El patrono Randolph Hearst, cuyas mentiras le permitieron construir un imperio de 30 periódicos y un buen paquete de revistas, nunca ocultó el desprecio que sentía por la población que consumía sus mentiras. Su máxima era simple y claro: "Nadie ha perdido dinero invirtiendo en la poca inteligencia de los lectores". (Traducción ALAI)

- Paulo Moreira Leite, periodista y escritor, es director del periódico digital 247 en Brasilia.

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