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sábado, 27 de junio de 2020

El latinoamericanismo hasta la segunda década del siglo XXI (1ra. parte)


Tomado de Contexto Latinoamericano. Ocean Sur

Por Reisel Romero Reyes
Las repúblicas de América Latina y el Caribe se erigieron sobre estructuras económicas, políticas y sociales deformadas, lo cual ha determinado, desde sus inicios, su condición dependiente con respecto a las grandes potencias económicas. Por ello, al estudiar el desarrollo de los Estados latinoamericanos, se evidencia que las relaciones centro-periferia han influido en los ciclos económicos a nivel global, impactando directamente en el curso de los procesos ocurridos en la región (Halperin Donghi, 2005). La proyección de los países desarrollados ha estado en función de establecer vínculos de dominación político-diplomáticos y económico-comerciales con los países del subcontinente, desde la etapa colonial hasta la actualidad.

viernes, 24 de mayo de 2019

Entre el silencio y el grito: recordando a Víctor Jara

Tomado de La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana.
Por Rafael de Águila
“Canto, que mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto”
Víctor Jara. (Último Poema).
“Hay voces imposibles de acallar. Voces inmortales. La de Víctor Jara lo es”. Foto: Internet
Hace unos días un amigo me hizo escuchar algo. Una voz y una música escuchada en la infancia. Desde entonces nunca había vuelto a oír aquello. Lo confieso. Se trata de la voz y la música de Víctor Jara. Once años tenía yo cuando lo asesinaron. Menos años la vez primera que mi padre me hizo oír al chileno. Tal vez fueran los aires de “Ni chicha ni limoná”, puede que “Canto libre” o la muy bella “Te recuerdo Amanda”. Todas las he vuelto a escuchar ahora. De un tirón. Lo hice y llegó, tremebunda, la nostalgia. Lo hice y recordé a mi padre. Mi padre llevándome de la mano a la Plaza: “vamos a escuchar al Presidente Allende”. Yo trepado a horcajadas en su cuello, y allá, en la lejanía, detrás de reverberante mar de pueblo, un hombre que habla en una tribuna. Un hombre que viste camisa o guayabera blanca.

viernes, 20 de abril de 2018

Desafíos de la Historia ante la crisis cultural contemporánea

Miles de chilenos fueron asesinados durante la dictadura de Pinochet
Tomado de La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
Por Ernesto Limia Díaz.


Friedrich von Hayek llegó al Hôtel du Parc de Mont-Pèlerin, Suiza, en abril de 1947. Tenía un propósito: levantar el estandarte neoliberal. A sus 48 años era doctor en Leyes y Ciencias Políticas, y formó parte del núcleo intelectual que hizo causa común con las fuerzas clericales fascistas de Austria, que derrotaron la República en 1934. Durante la década de 1930 había cruzado lanzas en Londres contra John Maynard Keynes, quien desde Cambridge sentaba las bases teóricas de un Estado de bienestar para el capitalismo en Europa. Concluida la II Guerra Mundial, las ideas de Keynes se abrían paso.

miércoles, 31 de agosto de 2016

ESTADOS UNIDOS EN FATÍDICOS ANIVERSARIOS


Tomado de Opiniones desde Cuba
Por Manuel Yepe


El once de septiembre coinciden los aniversarios de múltiples fechorías del gobierno de Estados Unidos en años recientes.
En esa fecha de 1973 ocurrió en Chile, organizado, financiado y dirigido por el Pentágono y la CIA de Estados Unidos, en conjura con los peores elementos de las fuerzas armadas chilenas, el golpe de estado contra el gobierno constitucional de Salvador Allende. Entre esa fatídica fecha y marzo de 1990, Chile vivió una horrible dictadura encabezada por el General Augusto Pinochet Ugarte
(1915-2006), quien dirigió el golpe de estado contra el gobierno legítimo de Allende y se convirtió en jefe de la junta militar que gobernó al país. Pinochet fue proclamado presidente de la república en 1974 y en 1981 fue confirmado en ese cargo por la pseudoconstitución diseñada por el tirano.
En 1988, después de un plebiscito de signo contrario, Pinochet anunció que conservaría la presidencia hasta 1990. Aunque las elecciones de 1989 le obligaron a ceder el cargo, el dictador se mantuvo como jefe supremo del ejército. En 1998 fue reclamado por la justicia española por sus crímenes.
Entre 1973 y 1990, en Chile los derechos humanos fueron
sistemáticamente violados por la dictadura militar de corte fascista, con apoyo de las clases acomodadas del país. La represión incluyó detenciones arbitrarias, secuestros, prisiones, asesinatos,
desapariciones forzosas, exilio y cementerios clandestinos. Las torturas eran tanto físicas como psicológicas, mediante la aplicación de descargas eléctricas, violencia sexual, golpes, aplicación de drogas, quemaduras, inmersión en líquidos e incluso violaciones de mujeres realizadas por perros entrenados.
Entre 1973 y 1975 hubo unas 42 mil 500 detenciones políticas a las que se sumaron 12 mil 100 detenciones individuales y 26 mil 400 detenciones masivas entre 1976-88, así como más de 4 mil situaciones de amedrentamiento entre 1977-88 con mil detenidos desaparecidos y 2 mil 100 muertos por causas políticas.
Unas 3 mil 200 personas murieron o desaparecieron entre 1973 y 1990 a manos de agentes represivos del estado. De estas, unas mil cien personas se consideran desaparecidas al margen de las antes citadas 2 mil 100 fallecidas.
El propio 11 de septiembre pero de 1980, en la ciudad de Nueva York fue ametrallado en plena calle por un pistolero miembro de un grupo de los exilados cubanos organizados, financiados y dirigidos por la CIA, el diplomático cubano Félix García Rodríguez, acreditado en la Misión de su país ante la ONU.
El diplomático cubano se convirtió en el primer representante extranjero acreditado en las Naciones Unidas asesinado en Estados Unidos.
De acuerdo con un informe del FBI, horas después del crimen el contrarrevolucionario de origen cubano Pedro Remón hizo una llamada telefónica a los medios noticiosos de Nueva York en la que reclamó la responsabilidad del asesinato en nombre de “Omega 7”, una de las organizaciones terroristas de exiliados cubanos que opera en Estados Unidos bajo la sombrilla de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). No obstante su extenso expediente terrorista, el asesino no fue encausado hasta mediados de la década de 1980, en tanto que la misión cubana en la ONU, sus funcionarios y familiares, siguieron siendo hostilizados sistemáticamente.
Pero para el pueblo estadounidense el aniversario más divulgado y el más doloroso ocurrido un 11 de septiembre es el que produjo el derribo de las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, que dejó un saldo de unas tres mil víctimas mortales, incluyendo a bomberos y demás personas participantes en labores inmediatas de rescate, afectadas por los gases tóxicos.
Permanece en espera de definición el carácter de este acto, dada la imposibilidad de calificar la acción como atentado terrorista clásico por la abundancia de pruebas que la presentan como una autoagresión oficial. Son inobjetables la evidencias que desmienten la versión oficial que se ofreció para justificar la proclamación de la llamada Ley Patriótica de Estados Unidos que ha sido vista como el proyecto terrorista estatal que derivó de este evento con horribles
consecuencias que llegan hasta el presente en todo el mundo. Finalmente, como acertadamente señala Néstor García Iturbe, periodista cubano experto en temas de la lucha contra el terrorismo, el gobierno de Estados Unidos pareció interesado en contribuir a la identificación de la fecha del 11 de septiembre con la ignominia cuando el Presidente Barack Obama escogió ese día de 2015 para renovar la inclusión de Cuba en la lista de naciones que sanciona la Ley de Comercio con el Enemigo -promulgada por Washington en 1917- como sanción a países con relaciones incompatibles con la política exterior de Estados Unidos. Este absurdo listado tiene hasta hoy un solo sancionado a nivel global: Cuba. Agosto 27 de 2016.

lunes, 14 de marzo de 2016

Latinoamérica: Los avatares de la izquierda y los pueblos

Tomado de Segunda Cita
Por Guillermo Rodríguez Rivera.


No recuerdo, con exactitud, el momento en el que Rafael Correa dijo que en América Latina no estábamos viviendo una época de cambio  sino un cambio de época.

Se trata del nuevo tiempo en que los pueblos de la región que había sido considerada el patio trasero de los Estados Unidos, comenzaban a transformar en serio su historia y su destino: si en el siglo XIX habíamos vencido el colonialismo español, en el XX comenzaban las victorias frente al neocolonialismo.  América Latina advertía que no hay verdadera  democracia sin independencia económica.

Sucesivamente aparecían líderes como Hugo Chávez, Evo Morales, Néstor Kirchner, Lula Da Silva, Fernando Lugo, Mel Zelaya o el propio Correa que, con diversos énfasis e intensidades, se desmarcaban de la política norteamericana e iniciaban un camino destinado a resolver los ancestrales  problemas de sus pueblos, que los regímenes de nuestras oligarquías jamás habían intentado solucionar, porque ellos eran los beneficiarios de esos problemas.

La lista de esos males comprendía el analfabetismo de amplias zonas de la región, el desempleo, la falta de viviendas, la extrema pobreza en países cuyos recursos naturales estaban plenamente en manos extranjeras y de grupos oligárquicos que se enriquecían con los males de sus pueblos.

De pronto, esos líderes populares ganaban las elecciones en las que antes solo triunfaban los burgueses, los servidores de los intereses estadounidenses.

El tácito punto de partida de esos cambios había sido Cuba, cuya revolución el imperio había intentado aniquilar primero por las armas y luego con el quincuagenario bloqueo que dura hasta hoy contra la voluntad del mundo.

Par impedir los cambios que Cuba inspiró, Lyndon  Johnson ordenó la invasión de la República Dominicana; Henry Kissinger alentó el golpe de estado que derrocó al presidente Allende en Chile y, enseguida, el plan Cóndor que pobló de criminales tiranías Bolivia, Argentina y Uruguay; Ronald Reagan armó a la Contra nicaragüense e invadió Granada.

Pero el cambio de época que veía Correa no implica que todo se desarrolle linealmente, sin circunstanciales retrocesos en países en los que todavía casi todo el ámbito mediático está en manos de los adversarios.

El desprestigio que en Venezuela vivían los partidos que se alternaban en el poder para hacer lo mismo --Acción Democrática y COPEI-- hizo que fueran reemplazados por El Nacional,  Venevisión y O Globo, que diariamente tenían la libertad de decirle a Venezuela y al mundo, que en Venezuela no había libertad.

A veces los pueblos se desesperan y quieren quitarse de encima los males que sus opresores vencidos aún pueden imponerles. Reagan le impuso a Nicaragua una guerra sucia que tenía sus bases en Honduras y el pueblo trató de librarse de ella dándole el gobierno a la moderada derecha que representó Violeta Chamorro, pero la rápida decepción determinó que en otras elecciones regresaran al poder los sandinistas.

Esperemos a ver qué ocurre en Argentina con el régimen de Mauricio Macri y en Venezuela con la Asamblea Nacional que debiera sacarlos de la impuesta crisis económica. La época ha cambiado, pero todavía los pueblos tienen que aprender,  como deben aprender el imperio y sus servidores.

domingo, 25 de octubre de 2015

Mantener alejado a Estados Unidos y a la OTAN.

Tomado de La Marea.com
Por Pascual Serrano.

Una de las buenas noticias recientes es el posible avance sin retorno de las conversaciones de paz en Colombia, una guerra que dura más de cincuenta años. Si miramos a América Latina no es difícil concluir que se encuentra en uno de los periodos más pacíficos de su historia. Atrás quedan las dictaduras del cono Sur, las guerras civiles de Centroamérica o los conflictos fronterizos tan desgraciadamente frecuentes en esa región. Tampoco se nos puede escapar que es precisamente ahora cuando la presencia de Estados Unidos, y su control sobre los gobiernos de ese continente, está en su perfil más bajo. Probablemente estas dos circunstancias, menor influencia norteamericana y paz regional, tengan una estrecha relación.

Si miramos al pasado observamos que el papel del vecino del norte fue fundamental en los golpes de Estado de Guatemala, Chile, Haití y tantos otros países donde la dictadura, la represión y la guerra de resistencia marcaron a toda una generación. La ayuda militar norteamericana a Centroamérica supuso una década de terror y muerte en esa región: su apoyo a los escuadrones de la muerte fue fundamental en el desangramiento de El Salvador, la financiación del terrorismo de grupos mercenarios (la contra) para desestabilizar al gobierno sandinista de Nicaragua llegó a ser condenada por la ONU tras el minado estadounidense de los puertos nicaragüenses. Es indiscutible que ha sido la ausencia norteamericana la que ha permitido que la paz se vaya consolidando en la dulce cintura de América, como la llamaba Pablo Neruda.

En Colombia, durante la presidencia de Álvaro Uribe la presencia y financiación militar estadounidense era abrumadora. Al final de su mandato estaba decidida la instalación de ocho bases militares estadounidenses en el marco de la Operación Colombia, que convirtió a ese país en el segundo mayor destinatario de apoyo militar norteamericano en el mundo. Pero el poder judicial colombiano atendió las demandas de inconstitucionalidad de la instalación de las bases y rechazó el acuerdo. Concluido el mandato de Uribe, el nuevo presidente, Juan Manuel Santos, no renovó la demanda y frustró así ese intento norteamericano.

La llegada de Rafael Correa a Ecuador supuso la expulsión de Estados Unidos de la base militar de Malta, donde la infraestructura del ejército estadounidense era impresionante. La excusa era la lucha contra el narcotráfico, pero todos sabían que sus funciones eran mayores, desde la base incluso se operaba en la lucha contra la guerrilla colombiana.

El repaso de este retroceso estadounidense nos permite observar la estrecha relación entre su presencia militar y la desestabilización de la zona. O lo que es lo mismo, la progresiva pacificación se va alcanzando según Estados Unidos se retira con sus infraestructuras de guerra, sus militares, sus asesores y sus contratistas.

Mientras esto ha estado sucediendo en América Latina, las escalonadas invasiones presentadas como intervenciones humanitarias en Yugoslavia, Afganistán, Iraq, Libia o Siria han provocando desestabilización, terror y muerte hasta el punto que a nadie se le escapa la multiplicación de refugiados a medida que Estados Unidos y la OTAN van “liberando” y “democratizando” un país. Hemos bombardeado e invadido países en reacción a la masacre de cientos de personas (limpieza étnica en Yugoslavia, chiítas asesinados por Sadam u opositores reprimidos por Al Assad y Gadafi) para terminar asesinando a miles (hospitales incluidos, como el de Afganistán). En ninguno de esos países ha conseguido Estados Unidos y la OTAN frenar la muerte de opositores, terminar con limpiezas étnicas, liberar a las mujeres del fundamentalismo, democratizar las instituciones o que se respeten los derechos humanos. Al contrario, se ha redoblado el caos, las violaciones de los derechos humanos, las guerras étnicas y tribales, la creación de estados fallidos, el extremismo islámico y las masacres de inocentes.

Todavía queda mucha buena gente en Occidente que piensa que ante un conflicto o un gobierno opresor “algo tenemos que hacer”. El problema es que ese “algo” siempre termina siendo lo mismo: bombas de la OTAN, envío de mercenarios o financiación de grupos armados locales que terminan siendo más terrorífico que la situación anterior. La paz que avanza en América Latina y la guerra que asola Oriente nos muestra uno de los caminos que conduce a lo que “tenemos que hacer”: mantener alejado a Estados Unidos y a la OTAN.

martes, 9 de junio de 2015

Felipe González, la impudicia de un político indecente

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Tomado de La Radio del Sur
Por: Marcos Roitman Rosenmann /La Jornada.

Para muchos, Felipe González es un ícono de la democracia española. Sin embargo, nada más alejado de la realidad. Su pasado es otro. Hoy se presenta al mundo como el abogado defensor del derechista Leopoldo López, dirigente del partido Voluntad Popular, y del alcalde, Antonio Ledezma, de la autodenominada Mesa de Unidad Democrática (MUD). Ambos políticos venezolanos, imputados por participar y urdir la trama de golpe de Estado para derrocar al gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro.

Felipe González tiene una cara oculta. Tiene en su debe político urdir parte del proceso desestabilizador que culminó en el fallido golpe de Estado del 23-F en España, para crear un gobierno cívico-militar. También gestar la guerra sucia contra la izquierda abertzale y ETA. Siendo presidente de gobierno, entre 1983 y 1985 dio luz verde a la actuación de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). El resultado: 27 personas asesinadas y cientos de damnificados colaterales.

La historia de Felipe González está ligada indisolublemente a la evolución del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde los años 70 del siglo XX. La modernización política había desplazado a los viejos camisas azules y una generación de nuevos políticos tecnócratas asaltaban el poder. En este contexto, Franco nombraría en 1969 a su sucesor. El régimen tendría continuidad bajo la restauración monárquica. El elegido no sería el hijo de Alfonso XIII, don Juan, sino su nieto, Juan Carlos, saltándose la cadena sucesoria. El 20 de noviembre de 1975, Franco, tras 40 años de dictadura, moría en la cama. Su régimen sobrevivía. El 22 de noviembre de 1975 Juan Carlos I es coronado rey. En noviembre de 1976 las cortes franquistas aprueban convocar un referendo para la reforma política, a celebrarse el 15 de diciembre. Los actores de la modernización están en el poder. Adolfo Suárez preside el gobierno y una oposición tolerada se legitima. En febrero de 1977 se legaliza al PSOE y en abril del mismo año el Partido Comunista. Los interlocutores se reconocían, pero el itinerario había sido diseñado con el caudillo en vida. El objetivo, encontrar una salida negociada, redactar una ley de amnistía y punto final para salvaguardar a los dirigentes del régimen.

Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña, valedores de Franco, agradecidos por su papel en la lucha anticomunista, requerían una organización opositora fiable, capaz de negociar una vez muerto el dictador. Sus ojos se ponen en el PSOE. Partido con poca actividad durante la dictadura y considerado pro occidental. En esta estrategia, el Departamento de Estado estadounidense entra en contacto con un hombre oscuro, abogado laboralista y militante del partido: Felipe González. En poco tiempo pasaría a transformarse en una figura destacada de la “transición”. La operación contó con fondos y aval de los países señalados y la socialdemocracia internacional. Previamente, Felipe González y su equipo debía tomar las riendas del PSOE, en manos de la vieja guardia desde 1944. El momento idóneo, el 26 congreso, a celebrarse en la localidad francesa de Suresnes, en 1974.

En dicho evento, Felipe González será nombrado secretario general, desplazando a Rodolfo Llopis. Dos años más tarde, en diciembre de 1976, el PSOE celebrará, en la clandestinidad, su 27 congreso en Madrid; radiado y televisado nadie será detenido. En ese instante, Felipe González, aclamado por el partido, se convierte en el hombre de Estados Unidos en España y el interlocutor de la socialdemocracia europea para América Latina. En 1982 su partido obtendrá mayoría absoluta, siendo elegido presidente de gobierno. Allí se quita su careta. En medio de la guerra contrainsurgente en Centroamérica, declara: Habría que ayudar a Estados Unidos a encontrar la dimensión positiva de su liderazgo en América Latina.

Su periplo por América Latina no tiene desperdicio. En su currículum debemos destacar la relación con el entonces miembro de la Junta Militar Argentina, almirante Eduardo Massera, para crear el partidoDemocracia Social, integrado a la Internacional Socialista. Maniobra que fracasó estrepitosamente, no sin antes González presentar a Massera como socialdemócrata. Dichos datos salieron a la luz en la causa instruida por el juez Garzón contra la dictadura Argentina. Publicitados por el equipo Nizkor y el periódico argentino La Nación.

Durante la dictadura de Videla, Felipe González condecoró a varios militares. Entre otros, al almirante Rubén Franco, condenado posteriormente a 25 años de cárcel por participar en el secuestro y apropiación de hijos de desaparecidos, con la Gran Cruz de la orden del merito aeronáutico. Asimismo, no tuvo escrúpulos en convertirse en fiador para la venta de armas a las dictaduras latinoamericanas. Sólo en el Chile de Pinochet, entre morteros, lanzacohetes, ametralladoras, aviones de entrenamiento, helicópteros, en el año 1983, los beneficios superaron los 80 millones de dólares. No es de extrañar que pidiera la libertad de Pinochet con tanto ahínco tras su detención en Londres, sin olvidar que en los años 80 recomendó a Ricardo Lagos que fuese Pinochet el timonel de la transición. La visita de ministros de Pinochet a España para asesorar las privatizaciones, la reforma laboral y abrir las puertas a Telefónica, Iberdrola, Endesa, Repsol, Santander, BBVA, en Chile fue una constante. 

Felipez Gonzalez financió la contra nicaragüense, apoyó el informe Kissinger y negó apoyo al FDR-FMLN en El Salvador. Tras su salida de la política se transformó en asesor de lobbys y empresas trasnacionales españolas, estadunidenses y europeas, entre otras de venta de armamento, obteniendo pingües beneficios. Además de asesorar empresarios latinoamericanos para esquilmar sus riquezas, entre los que destaca Carlos Slim.

Ahora se presenta como un demócrata comprometido con las libertades en América Latina. Nunca lo estuvo ni lo estará. Mientras cultiva su hobby, comprar y diseñar joyas, alienta la desestabilización de golpistas. No puede ser de otra forma. Siempre revoloteó en su nido. Estados Unidos se lo agradece. Su impudicia no tiene límite.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Fracaso millonario de EE.UU. con el Plan Colombia

Estados Unidos ha gastado miles de millones de dólares en el Plan Colombia.
Estados Unidos ha gastado miles de millones de dólares en el Plan Colombia. | Foto: Reuters
Tomado de TeleSur.


Desde su instalación en 1999 el Plan Colombia ha causado afectaciones ambientales, pérdidas humanas y desplazamientos forzados en muchos departamentos de ese país andino. Luego que Estados Unidos pusiera en marcha el Plan Colombia bajo la excusa de luchar con el narcotráfico, el número de víctimas no ha cesado en un país sumergido en un conflicto de más de 50 años. Desde su activación en 1999, Estados Unidos ha invertido miles de millones de dólares, cifra que para muchos politólogos ha sido una de las estrategias del imperio para mantener activa a la derecha en América Latina. Este martes el Gobierno de Estados Unidos informó que el número de hectáreas de cocaína sembrada en Colombia aumentó en 2014 tras varios años presentando una importante reducción. La noticia divulgada en un informe por la Oficina Antinarcóticos de la Casa Blanca confirma que ese plan fue una fachada para encubrir la presencia militar de Estados Unidos para acabar con la insurgencia y evitar el avance hacia las conversaciones de paz.



"El cultivo de coca en Colombia se redujo 53 por ciento desde 2007 hasta 2012 y se mantuvo estable en 2013, debido a que los programas de erradicación aérea y manual mostraron buenos resultados", detalla el texto. Sin embargo, los campesinos colombianos siguen denunciado ser víctimas de los químicos utilizados en tierras de cultivos, mientras que la Casa Blanca insiste en que el aumento de la producción de coca se debe a varios factores en zonas fuera del alcance de erradicación aérea que practica EE.UU. El expresidente colombiano Andrés Pastrana fue quien pactó con Estados Unidos el llamado Plan Colombia, un programa promovido como cooperación en la lucha contra el narcotráfico que resultó ser una pantalla para reforzar la presencia de fuerzas armadas estadounidenses en el país suramericano. Plan Colombia usó grupos paramilitares para combatir a la insurgencia.



Consecuencias del Plan Colombia:

– Miles de víctimas

– Genocidio de muchos indígenas

 – Afectaciones ambientales

– Afectaciones a la salud humana

– Pérdidas humanas

– Desplazamientos forzados
– Inseguridad alimentaria

lunes, 4 de mayo de 2015

Ecuador y los nazis: el complot norteamericano

Tomado de Pensando América.
Por CARLOS FREILE GRANIZO.

Desde antes de la invasión peruana en 1941, la OSS (antecesora de la CIA) inició una sorda pero eficaz campaña para vincular a nuestro país con la Alemania nazi. La razón de esa acción sucia era ayudar al Perú a conseguir el apoyo de los Estados Unidos en el conflicto con nuestro país. La OSS respondía a los intereses de compañías norteamericanas con inversiones en el Perú. Como es sabido el “hermano” del Sur anhelaba ocupar nuestras tierras orientales hasta la Cordillera.
 
Con certeza para esos años ya se sabía de la existencia de petróleo en esa área. La conducta de la delegación norteamericana y de su aliada, la brasileña, no deja lugar a dudas: trataron de que el Perú sacara toda la ventaja posible. Es más, contradiciendo las afirmaciones del presidente Roosevelt permitieron la firma de un tratado entre dos países cuando las tropas del uno ocupaban territorio del otro.

Nuestro gobierno no simpatizaba con los nazis, antes al contrario: cedió a los EE. UU. la isla de Baltra para una base naval, sin compensación (cuando se fueron arrojaron al mar todo lo móvil). Un producto de enorme valor estratégico, el palo de balsa (indispensable para los salvavidas), se vendía a los norteamericanos a un precio inferior al del mercado. Varias familias alemanas e italianas fueron deportadas (entre ellas una alemano-ecuatoriana que antes exportaba el palo de balsa) o enviadas a campos de concentración en los EE. UU. El gobierno de Arroyo expropió los bienes de esas familias, los que pasaron a otras muy adictas a los EE. UU. Que se sepa, nunca fueron devueltos.

Varios funcionarios consulares ecuatorianos ayudaron a escapar del genocidio nazi a familias judías, tanto de Alemania como de Italia; alguno de ellos ya ha sido reconocido de manera oficial. Esta es otra versión de una historia medio oculta y olvidada. Vale la pena que por lo menos en este aspecto no hagamos caso de lo dicho por quienes nos perjudicaron aprovechando nuestra crisis y debilidad. Todos aplaudimos la paz, pero aceptarla no significa renunciar ni a la verdad ni a la dignidad.

Tomado de Contrainjerencia

miércoles, 28 de enero de 2015

Cuba y Estados Unidos: La acción histórica de Obama

Foto
El presidente estadunidense, Barack Obama, durante un discurso pronunciado en la Universidad de Kansas, en Lawrence, el jueves pasado. Foto Ap
Tomado de La Jornada.
Por Noam Chomsky

El establecimiento de vínculos diplomáticos entre Estados Unidos y Cuba ha sido ensalzado en el mundo como un suceso de importancia histórica. El corresponsal John Lee Anderson, quien ha escrito con perspicacia acerca de la región, sintetiza una reacción general entre los intelectuales liberales cuando escribe, en The New Yorker, que: 

Barack Obama ha mostrado que puede actuar como estadista de altura histórica. Y también, en este momento, Raúl Castro. Para los cubanos, este momento será emocionalmente catártico e históricamente transformacional. Durante 50 años su relación con su rico y poderoso vecino norteamericano se ha mantenido congelada en la década de 1960. Hasta un grado surrealista, sus destinos también se congelaron. Para los estadunidenses el suceso es importante también. La paz con Cuba nos devuelve momentáneamente a aquella era dorada en la que Estados Unidos era una nación amada en todo el mundo, cuando un joven y apuesto presidente JFK estaba en el cargo… Antes de Vietnam, de Allende, de Irak y de todas las miserias, y nos permite sentirnos orgullosos de nosotros mismos por hacer lo correcto.

El pasado no es tan idílico como lo retrata la persistente imagen de Camelot. JFK no fue antes de Vietnam o ni siquiera de Allende o Irak, pero dejemos eso a un lado. En Vietnam, cuando JFK asumió el cargo, la brutalidad del régimen de Diem impuesto por Washington había finalmente provocado una resistencia nacional que no pudo enfrentar. Kennedy se vio confrontado por lo que llamó un asalto desde adentro,agresión interna, según la interesante frase favorecida por su embajador ante la ONU, Adlai Stevenson.

En consecuencia, Kennedy aumentó de inmediato la intervención estadunidense a la escala de una agresión, ordenando a la Fuerza Aérea bombardear Vietnam del Sur (según límites sudvietnamitas, que no engañaban a nadie), autorizando la guerra química y con napalm para destruir cultivos y ganado, y lanzando programas para llevar a los campesinos a virtuales campos de concentración para protegerlos de los guerrilleros, a quienes Washington sabía que la mayoría de ellos apoyaban.

Hacia 1963, los informes desde el terreno parecían indicar que la guerra de Kennedy triunfaba, pero surgió un grave problema. En agosto, la Casa Blanca se enteró de que el gobierno de Diem buscaba negociaciones con el Norte para poner fin al conflicto.

Si JFK tenía la menor intención de retirarse, eso le habría dado una oportunidad perfecta para hacerlo graciosamente, sin costo político, e incluso afirmando, en el estilo acostumbrado, que fue la fortaleza estadunidense y la defensa de la libertad lo que obligó a los norvietnamitas a rendirse. En cambio, Washington respaldó un golpe militar para instalar halcones militares, más apegados a los compromisos reales de JFK; el presidente Diem y su hermano fueron asesinados en el proceso. Con la victoria en apariencia a la vista, Kennedy aceptó a regañadientes una propuesta del secretario de Defensa Robert McNamara de comenzar el retiro de tropas (NSAM 263), pero con una condición crucial: después de la victoria. Kennedy mantuvo con insistencia esa demanda hasta su asesinato, unas semanas después. Muchas ilusiones se han tejido en torno a esos sucesos, pero se derrumban con rapidez ante el peso del rico registro documental.

La historia en otras partes no fue tan idílica como las leyendas de Camelot. Una de las decisiones de Kennedy que tuvieron mayores consecuencias se dio en 1962, cuando cambió en los hechos la misión de los militares latinoamericanos de ladefensa hemisférica –remanente de la Segunda Guerra Mundial– a laseguridad interna, eufemismo para nombrar la guerra contra el enemigo interno, la población. Los resultados fueron descritos por Charles Maechling, quien dirigió la contrainsurgencia estadunidense y la planeación de la defensa interior de 1961 a 1966.

La decisión de Kennedy, escribió, llevó la política estadunidense de la tolerancia a la rapacidad y crueldad de los militares latinoamericanos a lacomplicidad directa en sus crímenes, al apoyo de los métodos de los escuadrones de exterminio de Heinrich Himmler. Quienes no prefieren lo que el especialista en relaciones internacionales Michael Glennon llamó ignorancia intencional pueden con facilidad aportar los detalles.

En Cuba, Kennedy heredó la política de Eisenhower de bloqueo y planes formales de derrocar al régimen, y con rapidez los intensificó con la invasión de Bahía de Cochinos. El fracaso de la incursión causó algo cercano a la histeria en Washington. En la primera reunión de gabinete después de la fallida invasión, la atmósfera era casi salvaje, observó en privado el subsecretario de Estado Chester Bowles: Hubo una reacción casi frenética a un programa de acción. Kennedy expresó la histeria en sus declaraciones públicas: “Las sociedades complacientes y blandas están a punto de ser eliminadas junto con los desechos de la historia. Sólo los fuertes… tienen la posibilidad de sobrevivir”, dijo a la nación, aunque estaba consciente, según admitió en privado, de que los aliados creen que estamos un poco dementes por el tema de Cuba. No sin razón.

Las acciones de Kennedy eran acordes con sus palabras. Lanzó una campaña terrorista asesina, diseñada para llevar los terrores de la Tierra a Cuba, según la frase de su consejero, el historiador Arthur Schlesinger, en referencia al proyecto asignado por el presidente a su hermano Robert como su más alta prioridad. Aparte de dar muerte a miles de personas junto con una destrucción en gran escala, los terrores de la Tierra fueron un factor principal en poner al mundo al borde de una guerra mundial terminal, como revela un estudio reciente. El gobierno reanudó los ataques terroristas tan pronto como la crisis de los misiles se desactivó.

Una forma común de evadir los temas desagradables es limitarse a las conjuras de la CIA para asesinar a Castro, ridiculizar su absurdo. Existieron, sí, pero fueron apenas un pie de página a la guerra terrorista lanzada por los hermanos Kennedy luego del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, guerra a la que es difícil encontrar parangón en los anales del terrorismo internacional.

Hoy día existe mucho debate sobre si Cuba debe ser retirada de la lista de países que apoyan el terrorismo. Sólo puedo traer a la mente las palabras de Tácito de que el crimen una vez expuesto sólo tiene refugio en la audacia. Excepto que no está expuesto, gracias a la traición de los intelectuales.

Al asumir la presidencia luego del asesinato, Lyndon B. Johnson relajó el terrorismo, que sin embargo continuó durante la década de 1990. Pero no permitió que Cuba viviera en paz. Explicó al senador Fulbright que si bien no iba a entrar en ninguna operación de Bahía de Cochinos, quería asesoría sobre cómo debemos pincharles las bolas más de lo que lo estamos haciendo. En su comentario, el historiador sobre América Latina Lars Schoultz observa que pinchar las bolas ha sido la política estadunidense desde entonces.

Algunos, sin duda, han sentido que tales métodos delicados no bastan, por ejemplo Alexander Haig, miembro del gabinete de Richard Nixon, quien pidió a ese presidente: Usted ordene y convierto esa pinche isla en estacionamiento.

Su elocuencia captura con vividez la prolongada frustración de los líderes estadunidenses con esa infernal pequeña república cubana, frase de Theodore Roosevelt al desahogar su furia por la resistencia de Cuba a aceptar graciosamente la invasión de 1898 para bloquear su liberación ante España y convertirla en una colonia virtual. Sin duda su valerosa incursión en la colina de San Juan había sido una noble causa (por lo regular se pasa por alto que esos batallones africano-estadunidenses fueron en gran medida responsables de conquistar la colina).

El historiador cubano Louis Pérez escribe que la intervención estadunidense, ensalzada en Estados Unidos como una intervención humanitaria para liberar a Cuba, logró sus objetivos verdaderos: Una guerra cubana de liberación se transformó en una guerra estadunidense de conquista, la guerra entre Estados Unidos y España en la nomenclatura imperial, diseñada para oscurecer la victoria cubana, que fue absorbida rápidamente por la invasión. El desenlace alivió las ansiedades estadunidenses acerca de lo que era anatema para todos los responsables de las políticas estadunidenses desde Thomas Jefferson: la independencia de Cuba.

Cómo han cambiado las cosas en dos siglos.

Ha habido esfuerzos tentativos por mejorar las relaciones en los pasados 50 años, revisados en detalle por William LeoGrande y Peter Kornbluh en su reciente estudio integral, Back Channel to Cuba. Es debatible que debamos sentirnos orgullosos de nosotros por los pasos que Obama ha dado, pero sí son lo correcto, aunque el aplastante bloqueo siga en vigor en desafío a todo el mundo (excepto Israel) y el turismo aún esté prohibido. En su mensaje a la nación en el que anunciaba la nueva política, el presidente dejó en claro que también en otros aspectos el castigo a Cuba por no plegarse a la voluntad y a la violencia de Washington continuará, repitiendo pretextos que son demasiado ridículos para comentarlos.

Sin embargo, son dignas de atención las palabras del presidente, tales como las siguientes: “Orgullosamente, Estados Unidos ha apoyado la democracia y los derechos humanos en Cuba a lo largo de cinco décadas. Lo hemos hecho sobre todo mediante políticas que apuntan a aislar la isla, evitando los viajes y el comercio más básicos que los estadunidenses pueden disfrutar en cualquier otro lugar. Y aunque esta política ha estado fincada en la mejor de las intenciones, ninguna otra nación nos secunda en imponer estas sanciones y ha tenido poco efecto más allá de dar al gobierno cubano una justificación para imponer restricciones a su pueblo… Hoy, les soy sincero: nunca podemos borrar la historia entre nosotros”.

Uno tiene que admirar la asombrosa audacia de esta declaración, que nuevamente hace evocar las palabras de Tácito. Obama sin duda está consciente de la historia verdadera, que no sólo abarca la asesina guerra terrorista y el escandaloso bloqueo económico, sino también la ocupación militar del sureste de Cuba durante más de un siglo, incluyendo su puerto más grande, pese a solicitudes de su gobierno desde la independencia de devolver el territorio robado a punta de pistola, política justificada sólo por la adhesión fanática a bloquear el desarrollo económico de la isla. En comparación, la ilegal anexión de Crimea por Putin parece hasta benigna. La dedicación a la venganza contra los cubanos impúdicos que resisten el dominio estadunidense ha sido tan extrema que incluso se ha contrapuesto a los deseos de normalización de la comunidad de negocios –empresas farmacéuticas, agronegocios, energéticas–, algo inusitado en la política exterior estadunidense. La cruel y vengativa política de Washington ha aislado prácticamente a Estados Unidos en el hemisferio y atraído el desprecio y el ridículo en todo el mundo. A Washington y sus acólitos les gusta fingir que han aislado a Cuba, como Obama expresó, pero la historia muestra con claridad que es Estados Unidos el que está siendo aislado, lo que es probablemente la principal razón de este cambio parcial de curso.

Sin duda, la opinión interna es otro factor en la histórica acción de Obama, aunque el público ha estado durante mucho tiempo en favor de la normalización sin que tenga relevancia. Una encuesta de CNN de 2014 mostró que sólo uno de cada cuatro estadunidenses considera hoy día a Cuba una amenaza seria a Estados Unidos, en comparación con más de dos tercios hace 30 años, cuando Ronald Reagan advertía sobre la grave amenaza a nuestras vidas planteada por la capital de la nuez moscada en el mundo (Granada) y por el ejército nicaragüense, a sólo dos días de marcha de Texas. Ahora que los miedos se han abatido un poco, tal vez podamos relajar ligeramente nuestra vigilancia.

En los extensos comentarios a la decisión de Obama, un tema dominante ha sido que los esfuerzos benignos de Washington por llevar la democracia y los derechos humanos a los sufridos cubanos, manchados sólo por infantiloides rufianes de la CIA, han sido un fracaso. Nuestros nobles objetivos no se alcanzaron, así que se impone un cambio de orden, aun sin desearlo.

¿Fueron un fracaso las políticas? Depende de cuál fuera el objetivo. La respuesta es clara en el registro documental. La amenaza cubana era la ya conocida que aparece en toda la historia de la guerra fría, con muchos precedentes. Fue explicitada con claridad por el gobierno de Kennedy. La preocupación primordial era que Cuba pudiera ser un virus queesparciera el contagio, para tomar prestados los términos de Kissinger sobre el tema de costumbre, en relación con Chile en la era de Allende. Eso se reconoció de inmediato.

Con la intención de enfocar la atención en América Latina, antes de asumir el cargo Kennedy estableció una misión latinoamericana, encabezada por Arthur Schlesinger, quien informó las conclusiones al presidente entrante. La misión advertía sobre la susceptibilidad de los latinoamericanos a la idea de Castro de tomar las cosas en sus propias manos, serio peligro, explicó Schlesinger más adelante, cuando “la distribución de la tierra y otras formas de riqueza nacional favorecen grandemente a las clases propietarias… (y) Los pobres y menos privilegiados, estimulados por el ejemplo de la revolución cubana, demandan ahora oportunidades de una vida decente”.

Schlesinger reiteraba los lamentos del secretario de Estado John Foster Dulles, quien se quejaba al presidente Eisenhower de los peligros representados por los comunistasdentro del mismo Estados Unidos, que eran capaces de ganar control de los movimientos de masas, ventaja injusta que no tenemos capacidad de duplicar.

La razón es que los pobres son a los que convocan, y ellos siempre han querido despojar a los ricos. Es difícil convencer a gente atrasada e ignorante de seguir nuestro principio de que los ricos deben despojar a los pobres.

Otros elaboraron sobre las advertencias de Schlesinger. En julio de 1961, la CIA informó que “la extensa influencia del castrismo no es función del poderío cubano… La sombra de Castro se engrandece porque las condiciones sociales y económicas a lo largo de América Latina invitan a oponerse a la autoridad gobernante y alientan la agitación por el cambio radical”, del cual la Cuba de Castro es un modelo. El Consejo de Planeación de Políticas del Departamento de Estado explicó que “el peligro primordial que enfrentamos con Castro reside… en el impacto que la mera existencia de su régimen ha dejado en muchos países latinoamericanos… El hecho simple es que Castro representa un desafío triunfal a Estados Unidos, una negación de toda nuestra política hemisférica de casi siglo y medio”, desde que la Doctrina Monroe declaró que la intención estadunidense de dominar el hemisferio. Para expresarlo en términos simples, observa el historiador Thomas Paterson, Cuba, como símbolo y realidad, desafió la hegemonía de Estados Unidos en América Latina.

La forma de tratar con un virus que podría extender el contagio es acabar con él e inocular a las víctimas potenciales. Esa razonable política es precisamente la que aplicó Washington, y en términos de sus objetivos primordiales, ha sido muy exitosa. Cuba ha sobrevivido, pero sin la capacidad de alcanzar su temido potencial. Y la región fue inoculadacon perversas dictaduras militares para prevenir el contagio, empezando por el golpe militar inspirado por Kennedy que estableció un régimen de Seguridad Nacional de terror y tortura en Brasil poco después del asesinato del presidente estadunidense, régimen al que Washington dio entusiasta bienvenida. Los generales habían llevado a cabo una rebelión democrática, telegrafió el embajador estadunidense Lincoln Gordon. La revolución fue una gran victoria para el mundo libre, que evitó unapérdida total para Occidente de todas las repúblicas sudamericanas, y debíacrear un clima grandemente mejorado para las inversiones privadas. Esta revolución democrática fue la victoria más decisiva para la libertad de mediados del siglo XX, sostuvo Gordon, uno de los mayores puntos de quiebre de la historia mundial en ese periodo, que eliminó lo que Washington veía como un clon de Castro.

La plaga se extendió luego por el continente, y culminó en la guerra terrorista de Reagan en Centroamérica y finalmente en el asesinato de seis destacados intelectuales latinoamericanos, sacerdotes jesuitas, por un batallón salvadoreño de élite, recién desempacado del entrenamiento en la Escuela de Guerra Especializada JFK en Fort Bragg, siguiendo órdenes del alto mando de asesinarlos junto con cualquier testigo, su ama de llaves y la hija de ella. El 25 aniversario del asesinato acaba de pasar, y fue conmemorado con el silencio que se considera apropiado para nuestros crímenes.

Mucho de esto se aplica asimismo a la guerra de Vietnam, también considerada un fracaso y una derrota. Vietnam en sí no era causa de ninguna inquietud, pero, como revela el registro documental, Washington se preocupaba de que un desarrollo independiente exitoso extendiera el contagio en toda la región y llegara a Indonesia, rica en recursos, y quizá hasta Japón: el superdominó, como lo describió el historiador asiático John Dower, que se pudiera adaptar a un este de Asia independiente y se convirtiera en su centro industrial y tecnológico, al margen del control estadunidense, que construyera un nuevo orden en Asia. Estados Unidos no estaba preparado para perder la fase del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial a principios de la década de 1950, así que se dispuso con rapidez a apoyar la guerra de Francia para reconquistar su antigua colonia, y luego los horrores que siguieron, los cuales se intensificaron cuando Kennedy asumió el cargo, y más tarde sus sucesores.

Vietnam quedó prácticamente destruido: ya no sería modelo para nadie. Y la región fue protegida con la instalación de dictaduras asesinas, muy al modo de América Latina en los mismos años: no es innatural que la política imperial siga líneas similares en diferentes partes del mundo. El caso más importante fue Indonesia, protegida del contagio por el golpe de Suharto de 1965, un pavoroso asesinato en masa, como lo describió con exactitud el New York Times, aunque se unió a la euforia general porun rayo de luz en Asia (el columnista liberal James Reston). En retrospectiva, el consejero de seguridad nacional de Kennedy y Johnson McGeorge Bundy reconoció que nuestro esfuerzo en Vietnam fueexcesivo después de 1965, ya con Indonesia fácilmente inoculada.

La guerra de Vietnam es descrita como un fracaso, una derrota estadunidense. En realidad fue una victoria parcial. Estados Unidos no logró su máximo objetivo de convertir a Vietnam en Filipinas, pero las principales preocupaciones fueron superadas, al igual que en Cuba. Tales desenlaces, por tanto, cuentan como derrota, fracaso, decisiones terribles.

La mentalidad imperial es asombrosa de contemplar. Apenas si pasa un día sin nuevas ilustraciones. Podemos añadir el estilo del nuevomovimiento histórico en Cuba, y su recepción, a esa distinguida lista.

*Publicado originalmente en https://zcomm.org/zcommentary/obamas-historic-move/ Se publica en La Jornada con autorización del autor.
Traducción: Jorge Anaya

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