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lunes, 5 de febrero de 2018

Cuba rechaza el retorno de la Doctrina Monroe

Tomado de CubaMINREX

El Ministerio de Relaciones Exteriores alerta sobre la gravedad del mensaje de arrogancia y desprecio con que el Secretario de Estado de los Estados Unidos inició una gira por varios países de América Latina y el Caribe.

En vísperas de su viaje, el jueves 1ro. de febrero, el secretario de Estado Rex Tillerson, en una comparecencia en la Universidad de Texas en Austin,  realizó declaraciones alarmantes e injerencistas que instigan abiertamente al derrocamiento, por cualquier vía, del Gobierno legítimo de Venezuela y están dirigidas también a socavar el repudio unánime de la región a las medidas de retroceso y endurecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, que tienen como propósito dañar a la economía y al pueblo cubanos para tratar de doblegar al país.

martes, 12 de septiembre de 2017

CUBA Y AMÉRICA LATINA


Tomado de Contexto Latinoamericano. Revista de Ocean Sur
Por Alberto Prieto Pozos

En Cuba, el primero de enero de 1959, contra la tiranía proimperialista de Fulgencio Batista, triunfó la rebeldía armada encabezada por Fidel Castro, cuya vanguardia era el Ejército Rebelde. A partir de ese momento se intervinieron las propiedades malversadas por los antiguos gobernantes. Se rebajaron los alquileres para luego entregar la propiedad de los domicilios a sus inquilinos.

«No dejaremos que la luz de la Revolución Cubana se apague para los pueblos hermanos de Nuestra América»

Raúl Castro Ruz en Casa de las Américas, el 11 de septiembre de 1959. Foto: Cortesía Casa de las Américas
Tomado de Granma
Por 

El 11 de septiembre se cumplen 58 años de una importante conferencia pronunciada por el entonces Comandante Raúl Castro Ruz en Casa de las Américas. Aquel día de 1959, con voz firme y enérgica transmitió un trascendental mensaje de la Revolución Cubana a los pueblos latinoamericanos y caribeños:
«El entusiasmo de las masas latinoamericanas por la Revolución Cubana se mantiene, se reafirma y extiende debido, principalmente, a su carácter, a su profundidad, a que es una Revolución radical del pueblo; una Revolución que, tanto en lo político como en lo económico y lo social, va a la raíz de los males de nuestros pueblos y produce transformaciones profundas, decisivas, históricas.

martes, 28 de marzo de 2017

La Unidad de la Izquierda y la Integración Latinoamericana

Tomado de Pensando Américas
Por  Basilio A. Gutiérrez

Intervención en el Seminario Teórico Internacional “Los partidos y una nueva sociedad”. México 23, 24,25 de marzo de 2017

“A un plan obedece nuestro enemigo: de enconarnos, dispersarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre. Plan contra plan”. José Martí

jueves, 19 de enero de 2017

V Cumbre de la Celac: fortalecer la unidad

CELAC Foto: Falco
Tomado de Juventud Rebelde.
Por Marina Menéndez Quintero.

Cuba espera que la V Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) contribuya al fortalecimiento de esa instancia y, por esa vía, al fortalecimiento de la unidad en la diversidad, que en más de una ocasión el Presidente cubano, Raúl Castro, ha calificado como imprescindible.
Las declaraciones las formuló a la prensa el viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Abelardo Moreno, quien también señaló, entre otros asuntos, que la Isla considera de particular importancia en la reunión, el seguimiento que esta pueda dar al cumplimiento de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
Dicha Proclama, recordó, no solo plantea el principio de la buena vecindad entre los países de la región y la necesidad de que se solucionen las diferencias por vía pacífica, sino también el reconocimiento de todos los sistemas políticos, económicos, sociales y culturales en la zona.
Además, se espera que la cita mantenga entre sus pronunciamientos el rechazo al bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, asumido por la Celac desde que inició sus trabajos, así como el respaldo a nuestro país en su reclamo de devolución del territorio que ocupa ilegalmente la Base naval de Estados Unidos en Guantánamo.
Asimismo, es nuestra aspiración que se siga consolidando la aceptación por la Comunidad de que Puerto Rico es un país latinoamericano y caribeño y que debe ser independiente y soberano, afirmó.
Toda vez que la Celac mantuvo una posición clara en contra de la política estadounidense conocida como «pies secos-pies mojados» en sus relaciones migratorias con Cuba, se espera que ahora la entidad salude el fin de esa práctica (acordado el pasado día 12), así como del Programa Parole para el personal médico cubano en terceros países. Al propio tiempo, se aguarda que siga reclamando el fin de la Ley de Ajuste Cubano.
Son muchos los temas que abordará la V Cumbre, entre los que se destacan el desarme nuclear, el desarrollo y la igualdad de género, adelantó Moreno.
La V Cumbre de la Celac tendrá lugar en Punta Cana, en República Dominicana, el próximo 25 de enero y estará antecedida por la reunión de coordinadores nacionales los días 21, 22 y 23, y por la cita de cancilleres, prevista para el 24.
Según comenta el sitio web Pensando Américas, la celebración de la Cumbre servirá de marco a un encuentro regional de fuerzas sociales y progresistas de la región en el que participarán representantes de organizaciones sociales, políticas, sindicales, campesinas, populares, juveniles, estudiantiles y solidarias de América Latina y el Caribe.
De la cita debe emerger una declaración «en defensa de la concordia, la unidad, la autodeterminación y la independencia definitiva de los pueblos de la Patria Grande, y en apoyo al cónclave de mandatarios».

jueves, 11 de agosto de 2016

GRACIAS POR SU EJEMPLO, FIDEL



Tomado de RED en Defensa de la Humanidad.

Mensaje de la Red en Defensa de la Humanidad.

Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz
Presente


Querido Comandante: 

En ocasión de su nonagésimo cumpleaños, los miembros de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales En Defensa de la Humanidad, queremos hacerle llegar nuestra más sincera felicitación y, sobre todo, nuestro más profundo agradecimiento por todo lo que usted ha hecho por los pueblos de Nuestra América y por los del resto del mundo.

Su figura ha sido permanente fuente de inspiración no sólo cuando, impulsados por la marea ascendente de las luchas populares, dábamos pasos firmes en dirección del socialismo, sino también en los recurrentes momentos en que nuestros avances se detenían como consecuencia de la ferocidad de la reacción del imperialismo y sus aliados locales.

Si en las fases de ascenso su ejemplo nos obligaba a no darnos jamás por satisfechos ni satisfechas y, como buenos revolucionarios y revolucionarias, a proseguir con renovados bríos nuestra marcha; cuando debíamos afrontar las adversidades o la contraofensiva del enemigo, el recuerdo de su actitud después del Moncada o el ataque del imperialismo en Playa Girón, fortalecía nuestros espíritus y nos convencía de que la voluntad inquebrantable de luchar por nuestros ideales era el seguro camino hacia la victoria. Usted nos señaló ese rumbo en incontables ocasiones, y podemos asegurarle que esa enseñanza, que nos reiterara en su reunión con los intelectuales el 10 de febrero del 2012, cuando dijo que “aunque nos dijeran que al mundo le quedan pocas semanas de vida nuestro deber sería luchar, seguir luchando hasta el fin”, ha calado muy hondo y ya es una marca indeleble en millones de latinoamericanos y caribeños que saben, como otros muchos que luchan en otras partes del mundo, que ese será nuestro destino: luchar hasta el fin, conscientes de que las clases dominantes y el imperialismo jamás se darán por vencidos.

La convicción de que nuestras ideas y nuestros valores son infinitamente superiores a los de nuestros enemigos fue y es un alimento esencial de nuestra militancia revolucionaria. De usted aprendimos que su defensa exige la más absoluta intransigencia. Como cuando, con virtuosa obstinación, usted se negara a arriar las banderas del socialismo en momentos en que se desintegraba la Unión Soviética y desaparecía el campo socialista.

Gracias a su inquebrantable convicción, la Revolución Cubana pudo seguir su marcha y, con su heroico ejemplo, abrió un sendero que pocos años después comenzarían a recorrer numerosos países de Nuestra América luego del triunfo de Hugo Chávez Frías en las elecciones presidenciales de Venezuela en diciembre del 1998. Si usted se hubiese dejado convencer por quienes le aconsejaban abandonar para siempre el proyecto socialista y Cuba se hubiera arrojado a los brazos del capitalismo, el luminoso período abierto desde finales del siglo pasado hasta nuestros días, con la derrota del ALCA, la creación del ALBA, de la UNASUR, de la CELAC, de Petrocaribe, del Banco del Sur, de Telesur, de la propia Red En Defensa de la Humanidad, jamás habría tenido lugar. La potente luz que irradiaba el faro de la Revolución Cubana fue decisiva para impulsar a nuestros pueblos a dejar atrás la larga noche neoliberal de los años noventa y retomar el camino hacia nuestra Segunda y Definitiva Independencia.

Por eso nuestra deuda, la deuda de nuestros pueblos con usted, Comandante, es inconmensurable, y de ahí nuestra profunda gratitud por su integridad revolucionaria, por haber sido fiel a aquella maravillosa definición de “revolución” que expresara en su discurso del 1º de Mayo del 2000, en uno de cuyos pasajes señaló que Revolución “es defender los valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo.” A lo largo de su fecunda vida usted ha sido fiel a estas ideas, que vivirán eternamente en el alma de los revolucionarios y revolucionarias de todo el mundo, de todos aquellos que saben que otro mundo es posible y necesario, y que si se lucha con la constancia y coherencia que usted ha demostrado durante tantos años, la victoria será inevitable.

¡Felices noventa años, Fidel! Gracias por su ejemplo. Puede usted estar seguro de que seremos fieles a sus enseñanzas hasta la victoria final. 

En nombre de la Red En Defensa de la Humanidad, su Secretaría Ejecutiva, integrada por:

Carmen Bohórquez (Coordinadora General de la REDH) 
Alicia Jrapko (REDH EEUU) 
Ángel Guerra (REDH Cuba/México) 
Ariana López (REDH Cuba) 
Atilio Borón (REDH Argentina) 
David Comssiong (REDH Del Caribe) 
Fredy Ñáñez (REDH Venezuela) 
Hugo Moldiz (REDH Bolivia) 
Juan Manuel Karg (REDH Argentina) 
Katu Arkonada (REDH País Vasco/Bolivia) 
Luciano Vasapollo (REDH Italia) 
Marilia Guimaraes (REDH Brasil) 
Nayar López Castellanos (REDH México) 
Omar González (REDH Cuba) 
Roger Landa (REDH Venezuela) 

Email para otras adhesiones: redh.celebra90aniversariofidel@gmail.com

Written Message by  the Network in Defense of Humanity

Commander in Chief Fidel Castro Ruz 

Dear Comandante, 

On the occasion of your 90th birthday the members of the Network of Intellectuals, Artists, and Social Movements in Defense of Humanity want to extend our most sincere congratulations and above all our deepest gratitude for everything you have done for the peoples of Our America and the rest of the world.

Your presence has been a permanent source of inspiration, not only when the ascending tide of the popular struggles were making firm steps towards socialism, but also in the recurrent moments when our advances have been stopped due to the ferocity of the reaction of imperialism and their local allies.

In the phases of uprising your example forced us to never be satisfied and like good revolutionaries we pursued with renewed vigor our march especially when we needed to confront adversities or the counter-offensive of the enemy. The memory of your attitude after the Moncada or the attack of imperialism in Playa Giron strengthened our spirits and convinced us that the unyielding will to fight for our ideals was the sure path to victory. You showed us that path on countless occasions, and we can assure you that all that teaching reiterated to us in your meeting with intellectuals on February 10, 2012, when you said that "Even if we heard that in a few weeks the world will come to an end, our duty would be to fight, to continue fighting until the end", will never be forgotten. This thinking of yours has ingrained a very deep and indelible brand in millions of people in Latin America and the Caribbean who, like many others in other parts of the world, know that this will be our destiny; fighting to the end knowing that the dominant class and imperialism will never just give up.

These convictions that our ideas and the values we hold are infinitely superior to those of the enemy and are an essential ingredient of our revolutionary militancy. From you we learned that defending our values demands from us the most absolute intransigency. We learned this again when with virtuous obstinacy you opposed the herding of the flags of socialism while the Soviet Union and the Socialist camp disappeared. Thanks to your unwavering conviction the Cuban revolution could continue on its march, and by your heroic example, you opened a path that a few years later would start growing in numerous countries of our America after the electoral victory of the presidency of Hugo Chávez in Venezuela in December of 1998. If you had been convinced by those who advised you to leave forever the Socialist project and throw Cuba into the arms of capitalism that bright period that opened from the end of the last century until now, with the defeat of the FTAA, the creation of ALBA, of UNASUR, of CELAC, of Petrocaribe, of the Bank of the South, of Telesur and of this Network in Defense of Humanity would never have taken place. The powerful light that radiated in the lighthouse of the Cuban Revolution was decisive in pushing our people to leave behind that long neoliberal night of the 1990s and return to the path of our Second and Definitive Independence.

That is why our debt, the debt of our people to you, Comandante, is immeasurable and hence our deep gratitude for your revolutionary integrity, for being faithful to that wonderful definition of "revolution". You expressed it so well in your speech on May 1, 2000, when you pointed out that revolution "is to defend the values in which we believe at the cost of any sacrifice; it is modesty, selflessness, altruism, solidarity and heroism; it is fighting with audacity, intelligence and realism." Throughout your prolific life you have been faithful to these ideas, that will live eternally in the soul of all the revolutionaries around the world, in all of those who know that another world is possible and necessary, and that if we continue to struggle with constancy and consistency as you have shown for so many years, the victory is inevitable.

Happy 90 years, Fidel! Thanks for your example. You can be sure that we will be faithful to you teachings until the final victory. 
On behalf of the Executive Secretariat of the Network in Defense of Humanity, (REDH) 

viernes, 22 de abril de 2016

Fidel Castro y la revolución en América Latina


Tomado de Pensar en Cuba
Por Alberto Prieto Rozos.

Fidel Castro revolucionó el concepto de hacer la revolución en América Latina. Se apartó de los establecidos cánones clásicos para tomar el poder y transformar la sociedad, planteando tres consignas básicas: armas, unidad, pueblo. Consideró que con ellas el proceso revolucionario sería inderrotable. Sabía que conocer el contexto material en que se desarrollaba la vida de los seres humanos, así como sus conflictos, resultaba básico e inobviable. Pero eso no bastaba. Había que interpretar los anhelos de las personas, pues la transformación de su moral dependía de ello. La actividad de los seres humanos está determinada por su conciencia. Esta se nutre –como reflejo– de una forma de pensar e idiosincrasia, de su manera de sentir o psicología, así como de su cultura. Las personas actúan influidas por sus tradiciones o historia y están motivadas por una ideología o concepción del mundo. Pero siempre sin olvidar que se piensa como se vive, y no al revés.
La primera fase de la lucha de Fidel se centró en combatir el indeseado régimen de Batista, instituido tras su golpe militar del 10 de marzo de 1952. El joven revolucionario demostró tener dominio sobre las características objetivas y subjetivas existentes en Cuba, cuando formuló su alegato–programa La historia me absolverá. Lo expuso durante la farsa judicial a la que fue sometido tras su fallido ataque al Cuartel Moncada –el 26 de julio de 1953–, que pretendía derrocar al anti–constitucional gobierno pro–imperialista. En dicha alocución Fidel convocó a crear un amplio frente anti-dictatorial, que resistiese a la tiranía y luego condujese al pueblo a una multifacética rebeldía –política, social, armada–, hasta el triunfo. Trataba de lograr la unidad por la negación, aunque dentro de aquella unos buscasen retornar al status anterior, mientras otros quisieran alcanzar un mundo mejor mediante la revolución.
Luego de dos años de guerra, Fidel –con el Ejército Rebelde– ocupó el poder e inició una segunda fase de su lucha. Planteó la necesidad de transformar o sustituir las viejas estructuras por otras nuevas. Esto se realizaría mediante un conjunto de etapas evolutivas. En ellas se eliminarían los reaccionarios intereses de los imperialistas y sus aliados internos, metamorfoseando al Estado y sus instituciones en nombre de los intereses generales de la sociedad. Ponía en práctica su novedoso concepto: «Revolución es el arte de aglutinar fuerzas para librar batallas decisivas contra el imperialismo. Ninguna revolución, ningún proceso se puede dar el lujo de excluir a ninguna fuerza; ninguna revolución se puede dar el lujo de excluir la palabra “sumar”». Eso implicaba unificar dirigencias políticas diferentes, pero susceptibles de integrar una vanguardia nacional–liberadora única, decidida, capaz y firme. La nueva unidad sería por la afirmación de lo que se quería.
A partir de esos criterios, desde el primero de enero de 1959 se intervinieron las propiedades malversadas por los antiguos gobernantes y se rebajaron los alquileres urbanos para luego entregar la propiedad de los domicilios a sus inquilinos. Se dictó una ley de Reforma Agraria que entregó a precaristas y aparceros los suelos que trabajaban; estatizó las plantaciones y latifundios ganaderos; limitó la posesión privada de la tierra a 65 hectáreas, e hizo surgir al lado de las pequeñas haciendas campesinas las cooperativas agrícolas. Se transformaron los cuarteles en escuelas. Se fundaron milicias de obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales. Se nacionalizaron los bancos y demás compañías extranjeras. Se estatizaron cuatrocientas empresas propiedad de criollos. Se constituyeron en los barrios Comités de Defensa de la Revolución. Y se creó en septiembre de 1960 un Buró de Coordinación de Actividades Revolucionarias, encargado de integrar al ex–insurrecto Movimiento 26 de Julio con el estudiantil Directorio Revolucionario y el proletario Partido Socialista Popular.
Este proceso transformó el derecho y consecuentemente las formas de propiedad, el sistema económico, las relaciones sociales y la cultura. Igualmente sucedió con la moral, pues el cambio había sido anhelado. De esa manera Fidel logró el extraordinario éxito político de transformar la rebeldía en revolución. Luego dio a esta un contenido ideológico específico, el socialismo, al proclamarlo en vísperas de la derrotada –abril de 1961– invasión mercenaria que desembarcó por Playa Girón, organizada por la CIA. Se evidenció entonces que se había realizado un gigantesco paso de avance en la historia de América Latina. Se demostró, además, que no existían barreras infranqueables para los procesos decididos a llegar a su máximo desarrollo, cuyo límite lo establecería la idiosincrasia o costumbres y aspiraciones socioeconómicas de la población. Y dentro de todo era vital que el sector social ocupara el poder y quien lo dirigiese.
Al triunfar la revolución en Cuba, la América Latina se encontraba bajo la hegemonía del imperialismo estadounidense. Los gobiernos del nacionalismo burgués populista –en Argentina, Brasil y México– habían agotado sus posibilidades y dejado de existir. El empeño de revolución democrático–burguesa en la Guatemala de Arbenz, había sido frustrado por una invasión mercenaria organizada por la CIA. Y en Bolivia, donde la insurrección de los mineros había colocado en el gobierno al MNR, ese partido se había desacreditado al entregar el petróleo –nacionalizado hacía tres lustros– a las empresas imperialistas y haberse alineado en política exterior con los Estados Unidos.
La Revolución Cubana influyó profundamente en las conciencias más audaces; se entendía que amplias perspectivas de liberación se abrían para millones de humildes y desposeídos, cuya lucha podría terminar con la opresión. Y hubo quienes de inmediato se lanzaron al combate guerrillero rural. Sucedió así en Nicaragua, Panamá, Guatemala, Haití, Perú, República Dominicana, Paraguay y Venezuela, mientras en Colombia el gobierno pretendió –inútilmente– liquidar la sobreviviente insurgencia comunista. En ese contexto, en febrero de 1962, Fidel Castro lanzó su trascendental Segunda Declaración de La Habana. El texto afirmaba que el movimiento de liberación contemporáneo latinoamericano era indetenible. Pero su triunfo dependía de que se vertebraran los esfuerzos de obreros, campesinos, intelectuales, pequeño burgueses y capas progresistas de la burguesía nacional, sin prejuicios ni divisiones o sectarismos, dirigidos por los mejores revolucionarios de la sociedad. En dicho movimiento –precisaba– debían luchar juntos desde el viejo militante marxista hasta el católico sincero, así como los elementos avanzados de las fuerzas armadas. Entonces en el sub–continente entraron en crisis los acuerdos del VII Congreso de la Tercera Internacional sobre la estrategia de los «Frentes Populares» encabezados por la burguesía, que por inercia los Partidos Comunistas habían seguido considerando como válidos, a pesar de haber sido disuelta dicha organización hacía casi veinte años. Quienes rechazaron aquella orientación se sumaron a los partidarios de la lucha armada, que se animaba en la región.
La disputa entre los simpatizantes de una u otra tendencia pronto se vio agravada por conflictos políticos originados allende los mares; se había producido el cisma chino–soviético, impulsado con vigor por Pekín a partir de 1963, cuando publicara su «Propuesta de Línea General para el Movimiento Comunista Internacional». La médula de la polémica radicaba en que Moscú proponía la «coexistencia pacífica» entre el Este y el Oeste, lo cual implicaba que se aceptara exclusivamente la vía electoral como opción política al interior de los países. En cambio, los «maoístas» brindaban una visión simplificada de las específicas condiciones chinas antes del triunfo socialista en esa enorme república asiática. De ahí que plantearan la necesidad de sostener una «guerra popular prolongada» del campo a la ciudad, en los países subdesarrollados del llamado Tercer Mundo.
Con el propósito de analizar cuestiones de tanta trascendencia y complejidad, Fidel convocó en 1964 a la tercera Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina. En sus conclusiones se trazó una sinuosa línea conciliatoria entre enemigos y proclives de la lucha guerrillera. A los tres años, con el apoyo de estos últimos, en La Habana se celebró la Conferencia de Solidaridad de América Latina –más conocida por las siglas OLAS– a la que asistieron los abanderados del combate armado, ahora engrosados con los partidarios de las guerrillas urbanas en Argentina y Uruguay. En ella se concluyó que, en nuestra región existían condiciones socioeconómicas y políticas susceptibles de crear –con el desarrollo de la guerra popular– situaciones revolucionarias, en dependencia de las concepciones ideológicas y capacidades organizativas de las vanguardias. Por su parte, la militancia comunista atraída por el «maoísmo», se esforzó por escindir dichos partidos, añadiendo casi siempre al nombre de su organización de origen, el término de «marxista–leninista» o alguna variación parecida. Al atribulado panorama de tendencias revolucionarias habría que añadir la del trotskismo; ésta abordaba la cuestión de la toma del poder de manera nebulosa, aunque se planteara –tal vez para un futuro– la posibilidad de una súbita lucha armada, que en breves combates debería triunfar sin realizar alianza alguna con otras fuerzas.
En Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación Nacional acometió la lucha armada contra la dictadura nepotista de los Somoza, teniendo en cuenta a los partidos burgueses –como el Conservador– que influían en la oposición. Luego de tres lustros de guerra popular prolongada en los campos, en el FSLN brotó la Tendencia Proletaria –urbana-, seguida de la Tercerista. Ésta insistía en la unión de todas las clases, grupos y sectores sociales opuestos a la tiranía, en un proceso de creciente actividad político-militar. Ella se desarrollaría bajo la hegemonía armada y partidista del sandinismo, hacia un gobierno democrático, anti-imperialista y de reconstrucción nacional. Tras reunificarse, el FSLN sincronizó sus ofensivas guerrilleras con sublevaciones en las ciudades y una huelga política general. Luego con todas las fuerzas patrióticas se conformó un clandestino Gobierno Provisional que propuso nacionalizar los bienes de Somoza, la banca, el comercio exterior, la minería y las tierras ociosas. Una vez conquistado el poder en julio de 1979, esos mismos elementos políticos conformaron la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, que aplicó los postulados acordados. La contrarrevolución estructurada por el imperialismo, que organizó bandas mercenarias, no impidió la institucionalización del país. La nueva Constitución garantizó el pluripartidismo, la tripartición de poderes, la economía mixta, la autonomía de la Costa Atlántica, así como elecciones presidenciales cada sexenio. La intensa lucha armada de la contrarrevolución también transitó por el escándalo estadounidense «Irán–Contra», lo que auspició el surgimiento del novedoso Grupo Contadora. Este significó el inicio de los empeños diplomáticos latinoamericanos por sustraer los conflictos regionales de la contraposición Este–Oeste, característica de la «Guerra Fría».
Pero el Servicio Militar Obligatorio establecido para luchar contra los mercenarios, así como el agravado desabastecimiento en el país, perjudicó a los sandinistas; del exterior no provenía un sustancial socorro económico, salvo el susceptible de ser aportado por la pequeña y bloqueada Cuba socialista. Dicha ayuda sobre todo se materializó en un impresionante aflujo de médicos y maestros, algunos de los cuales, incluso, fueron asesinados por la contra. Dicha situación provocó en 1990 la derrota electoral del sandinismo. Simultáneamente,la Unión Soviética inició el proceso de su desintegración. Este fue acompañado por la disolución del CAME –al cual la economía cubana estaba fortísimamente incorporada–, y la desaparición del campo socialista europeo. En ese contexto, Fidel Castro se reunió en Cuba con Luiz Inacio Lula Da Silva –fundador del Partido de los Trabajadores del Brasil–, y juntos decidieron convocar a un encuentro de las organizaciones políticas de izquierda de América Latina y el Caribe. El mismo se inició ese año en Sao Paulo, que desde entonces brindó su nombre al cónclave que ha celebrado casi dos decenas de reuniones en poco más de veinte años, y se ha convertido en el principal instrumento de articulación progresista en el mundo. El Foro de Sao Paulo demostró que en América Latina existían posibilidades para impulsar procesos que acometiesen mayor justicia social e igualdad de oportunidades en la región.
La Revolución Bolivariana fue engendrada por el colosal estallido de violencia popular –27 de febrero de 1989– conocido como «El Caracazo», cuando las masas fueron reprimidas con brutalidad por las fuerzas armadas. Esto motivó el rechazo de la oficialidad progresista nucleada alrededor de Hugo Chávez, quien a los tres años intentó una fallida sublevación militar. Excarcelado, el ex–teniente coronel fue invitado por Fidel Castro a Cuba. Este país recién había concluido en Angola una década de victoriosa gesta militar, en la cual unos trescientos mil cubanos colaboraron en garantizar su independencia y la de Namibia, e influyeron en el desmantelamiento del apartheid racista en Sudáfrica. Además, la pequeña isla caribeña se había convertido en una potencia mundial en educación y salud; su esperanza de vida rondaba los 80 años, y decenas de miles de sus médicos curaban en un centenar de naciones. Pero sobre todo Chávez descubrió que la revolución socialista había creado una sociedad muy humanista, con impresionante tranquilidad social y elevada cultura, lo cual reflejaba un modo nuevo de pensar en el que se conjugaban asombrosa dignidad, gran audacia, mucha inteligencia y enorme apego a la realidad.
De regreso a Venezuela, Chávez impulsó con civiles y antiguos compañeros de armas un movimiento en contra de la desprestigiada «cuarta república». Para ello estructuró un amplio frente –el Movimiento V República– a favor de su creación. Tras su notable victoria electoral, Chávez ocupó la presidencia en 1999 y celebró comicios para una Constituyente, la cual aprobó un ejecutivo fortalecido, mayor control estatal sobre la economía y disposiciones que permitían realizar transformaciones en el desarrollo agrario y los hidrocarburos. El disgusto reaccionario condujo a un intento de golpe contrarrevolucionario cívico–militar, que fue derrotado por la actividad conjunta del pueblo en las calles y el accionar de militares institucionalistas. Entonces Chávez clamó por una sociedad «rumbo al socialismo del Siglo XXI» y después viajó de nuevo a Cuba. Allí, junto a Fidel Castro, en el 2004 firmó un proyecto integracionista que se nombraría Alianza Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA).
Fidel Castro, desde el triunfo la Revolución Cubana, estaba consciente de lo imperioso que resultaba en nuestra región, rechazar la hegemonía estadounidense mediante la integración latinoamericana. Por eso en su visita al Río de la Plata en el propio 1959, planteó:
Unámonos primero en pos de nuestros anhelos económicos, en pos del mercado común y después podremos ir superando las barreras aduaneras, y algún día las barreras artificiales habrán desaparecido. Que en un futuro no muy lejano nuestros hijos puedan abrazarse en una América Latina unida y fuerte. Ello será un gran paso de avance hacia la unión política futura, como fue el sueño de nuestros antepasados.
Acorde con esos postulados, el ALBA rechazó la rivalidad o competencia económica, auspició la complementariedad productiva e impulsó el comercio avalado por una acertada práctica inversionista. Otros países progresistas mostraron su intención de incorporarse a esa novedosa alianza democrática, flexible y abierta, que se adaptaba al contexto propio de cada país; todos con su propia forma de gobernar, pues eran diferentes. En el 2008 el ALBA estaba ya integrado por Cuba, Venezuela, Nicaragua –de nuevo sandinista–, Ecuador –presidido por Correa–, Bolivia –gobernada por Evo Morales–, Honduras, Antigua, Barbudas, Dominica, San Vicente y las Granadinas. Se convirtió así en una plataforma de poder, que expresaba las concepciones y anhelos de una izquierda nueva en América Latina. Esto incidió en el surgimiento de una región latinoamericana y caribeña verdaderamente libre y soberana, en la cual se mezclaban las luchas democráticas con las revolucionarias junto a los renovados empeños por la integración. Ello se reiteró ese mismo año, cuando Cuba oficialmente ingresó en el llamado Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política, más conocido como Grupo de Río, distante heredero de Contadora. En dicha reunión, por primera vez, los 33 países que integraban el área –con la notable presencia de Cuba– se reunieron sin participación foránea, fuese de Estados Unidos o Europa. En dicho cónclave se emitió una Declaración Final en la que se expresaba total acuerdo en la defensa de la soberanía de las naciones latinoamericanas, el derecho de los Estados a construir su propio sistema político, libre de amenazas y agresiones o medidas coercitivas; se subrayaba que siempre debería prevalecer un ambiente de paz, estabilidad, justicia, democracia y respeto a los derechos humanos, con igualdad soberana de los Estados y solución pacífica de las controversias. En esa referida Primera Cumbre también se emitió una declaración especial sobre la necesidad de poner fin al bloqueo financiero, comercial y económico –incluida la aplicación de la Ley Helms Burton– impuesto por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba. En dicho ámbito, además, el presidente ecuatoriano Rafael Correa propuso que el llamado Grupo de Río se transformara en Organización de Estados Latinoamericanos y Caribeños, sin participación alguna de cualquier país ajeno a nuestra región. En concordancia con esa propuesta, México realizó la convocatoria para celebrar en febrero del 2010 otra Cumbre de América Latina y el Caribe, que tendría lugar simultáneamente –en su caribeña Riviera Maya– con una reunión del Grupo de Río. Y en dicho cónclave, el día 23 de ese mes, ambas entidades se fusionaron en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Esta novedosa organización debería promocionar la integración y el desarrollo sostenible regional, e impulsar los intereses del área en los foros globales ante acontecimientos de relevancia mundial. Ello implicaba un gigantesco paso de avance en cumplimentar nuestros bicentenarios anhelos de integración. Luego Cuba fue designada para ocupar la presidencia pro-tempore del ascendente bloque integrador durante el 2013.
Y al final de ese año, con todo éxito, se celebró en La Habana la Segunda Conferencia de mandatarios de la región. Era un reconocimiento a la lucha de la Revolución Cubana, cuya guía son los aportes del pensamiento creador de Fidel Castro.

martes, 2 de febrero de 2016

La disputa entre dos modelos de integración regional

Crónica de la IV Cumbre CELAC: la disputa entre dos modelos de integración regional  (Por Camila Vollenweider)
Tomado de CELAC.org

Por Camila Vollenweider.

Con un cuadro de la serie de las Manos de Guayasamín de fondo, y tras haber recibido a los representantes de los 33 países que componen la CELAC, Rafael Correa Delgado dio inicio a la IV Cumbre. El ahora ex presidente pro témpore del organismo comenzó su discurso haciendo alusión a esas manos “de dolor, de protesta, de impotencia” que reflejaban la historia de los pueblos latinoamericanos y del Caribe. Exhortó a la CELAC a cambiar el significado de las manos, para que reflejasen “alegría, prosperidad y esperanza”. Ese fue, precisamente, el mensaje de fondo de la Cumbre: fortalecer la unidad de las naciones que componen la CELAC para mejorar sustancialmente las condiciones de vida de sus ciudadanos.
 Correa recorrió casi todos los temas que, posteriormente, surgieron en el Debate general de los Presidentes y Jefes de Estado y de Gobierno. En primer lugar destacó, como el resto de los representantes, sin excepción, que la región está atravesando una situación económica y financiera muy desfavorable, como consecuencia de la caída del precio de los commodities y de la preeminencia de matrices productivas poco diversas, entre otros factores. Instó, por lo tanto a redoblar los esfuerzos por distribuir la riqueza de forma más equitativa, en un continente extremadamente desigual, y redoblar esfuerzos para intensificar la integración. En segundo lugar, manifestó su deseo de que la CELAC vaya progresivamente reemplazando a la OEA, por considerarla más anacrónica que nunca y, sin decirlo abiertamente, hipócrita. En este sentido, Correa recordó que la sede de este organismo se encuentra en Estados Unidos, en un país que “incumple abiertamente su carta fundacional” y que no ha ratificado ninguno de los acuerdos multinacionales en materia de Derechos Humanos. Afirmó, por lo tanto, que el desarrollo es un problema político, una consecuencia de la orientación de las decisiones de los gobiernos respecto de las distintas dicotomías que el capitalismo impone: élites o pueblos, mercado o sociedad, finanzas o producción. Por supuesto, destacó los logros de su país en la mejora de indicadores sociales y económicos y mencionó también el esperado fin del conflicto armado en Colombia como un logro del trabajo mancomunado de los países de la región.
 Tras varias horas de reuniones bilaterales entre los distintos países comenzó el esperado Debate de Presidentes y Jefes de Estado y de Gobierno, donde cada representante expuso su parecer sobre los ejes temáticos que habían sido consensuados con anterioridad, en la Cumbre de Cancilleres de la CELAC en noviembre del pasado año en Quito. Éstos eran: 
1) La reducción de la pobreza y las desigualdades; 
2) el fortalecimiento de la educación, la ciencia, la tecnología y la información;
3) el consenso sobre políticas medioambientales y contra el cambio climático; 
4) la gestión de financiamiento para el desarrollo enfatizando la infraestructura y la conectividad y, 
5) el desarrollo y el potenciamiento del bloque regional. 
Todos los mandatarios se refirieron a estos temas, aunque cada uno, en los 6 minutos previstos de disertación, ahondó en algunos de manera particular.
 Los representantes de los Estados caribeños, que en su mayoría disertaron al final, fueron enfáticos en la solicitud de ayuda a la Comunidad para combatir graves problemas que aquejan a esa región: Antigua y Barbuda, Jamaica, Barbados, Belice y otros señalaron que el sistema financiero liderado por los países centrales está ahogando sus economías y que la CELAC debe diseñar estrategias para matizar la capacidad de injerencia del poder financiero internacional. También solicitaron mayores esfuerzos por parte del bloque para conseguir incrementar inversiones y financiamiento para infraestructura, combate a las epidemias como el dengue y el zika, y para contrarrestar de manera eficiente los efectos adversos del cambio climático que golpea a esos países mediante catástrofes naturales. Asimismo, fueron frecuentes las alusiones de los países centroamericanos al problema migratorio, ya sea desde su rol como países con fuerte población migrante o como países de tránsito.
 Los representantes de los países sudamericanos introdujeron algunos otros componentes al debate, componentes que, de algún modo, pusieron de manifiesto los disensos políticos importantes entre algunos bloques al interior de la CELAC. Fue, particularmente el pedido del Ministro de Relaciones Exteriores de Haití lo que catapultó los desacuerdos más significativos. Lener Renauld solicitó a la CELAC que enviase una misión técnico-política a su país para ayudar a resolver el grave problema político derivado de las pasadas elecciones presidenciales. Señaló que la OEA en su momento había enviado una misión para observar las elecciones, y que ésta seguía en el país, en carácter de misión técnica, para evaluar la situación. Correa señaló entonces que habría que ver qué es lo que una comitiva de la CELAC podría aportar en dicha situación dado que ya había un organismo multilateral trabajando en Haití; sin embargo, dejó claro que si un país miembro estaba solicitando ayuda a la CELAC, correspondía atenderla. Mientras la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet apoyó de manera inmediata la moción de Correa, la vicepresidenta de Argentina, Gabriela Michetti, consideró que no había que superponer esfuerzos y que la presencia de la misión de la OEA en Haití ya era suficiente y que, eventualmente, el tema podría tratarse “online”, a lo que Correa respondió: “somos 33 países que tenemos que ponernos de acuerdo”.
 El Presidente de Ecuador reiteró en varias oportunidades más la importancia del hecho de que la Comunidad no podía hacer oídos sordos al pedido de uno de sus miembros, aunque no terminara de aclararse qué podría aportar la CELAC siendo que la OEA estaba tomando cartas en el asunto o, como dijo el vicepresidente uruguayo, Raul Séndic, que dudaba de la capacidad de la CELAC para aportar en esta circunstancia. Finalmente se acabó consensuando que la CELAC enviaría una misión compuesta por los cancilleres de Ecuador, Uruguay, Bahamas y Venezuela, aunque quedó en evidencia que existen diferencias importantes en cuanto a la idoneidad de la ONU para resolver problemas específicos de la región latinoamericana y caribeña. Lo que está en el fondo de este debate es la disputa por los modelos de integración regional para América Latina. La CELAC y la Unasur son dos casos paradigmáticos de una nueva estructura institucional regional con una clara impronta antiimperialista, que dan cuenta de las transformaciones vividas en este siglo XXI en la región. La OEA, comandada históricamente por EEUU, pugna por no perder protagonismo mientras continua su labor de erosionar los procesos de cambio vinculados a la defensa de los intereses de los sectores más vulnerables de las sociedades latinoamericanas.
 Otro aspecto a destacar del debate tiene que ver con las medidas que se han de tomar para abordar los problemas económicos de la región que, como todos los representantes señalaron, afectan especialmente a los segmentos más vulnerables de la población. En este sentido, Juan Manuel Santos de Colombia fue el único que mencionó la palabra “austeridad”, mientras otros que implementan políticas de corte neoliberal -como Argentina, Paraguay, Perú o México- sólo mencionaron o hicieron recuentos de políticas sociales más o menos exitosas. Algunos discursos, como el del liberal Jimmy Morales, de Guatemala, o el de Michetti, fueron un compendio de buenas intenciones (combate a la corrupción, al narcotráfico, pobreza cero, etc.) pero sin ningún tipo de alusión a lo que se estaba haciendo al respecto o cómo se pensaba alcanzar esas metas. Santos fue el único que “blanqueó” que la estrategia era el ajuste. “Austeridad inteligente”, o “con corazón” según sus palabras, ya que no tienen que afectar demasiado al empleo ni a la calidad de vida de los más vulnerables, y bregó por la implementación de políticas sociales focalizadas que, aunque “difíciles, son necesarias”.
 La respuesta del bloque posneoliberal vino directo desde Ecuador. El Presidente Correa salió al cruce de su par colombiano cuestionando la efectividad de la austeridad y el ajuste como vía para equilibrar cuentas sin afectar la calidad de vida de la población más vulnerable. Estuvo más en sintonía con la propuesta de Nicolás Maduro de de centrar esfuerzos, en 2016, para elaborar e implementar un Plan Económico Táctico Anticrisis en la región para incrementar los flujos comerciales, la solidaridad entre los pueblos y complementar las economías regionales. El razonamiento es inverso: no hay que ajustar y focalizar a la espera de un repunte en el pecio de las materias primas sino diversificar la matriz productiva a partir de un esfuerzo regional conjunto de cooperación e interconexión económica sin sacrificar políticas sociales integrales.
 Si bien Correa intervino luego de varias disertaciones para comentar algún aspecto en su calidad de presidente pro témpore, lo cierto es que el mandatario ecuatoriano se destacó como el más radical en sus posturas y el que apuntó certeramente a tocar los temas que evidenciaban las diferencias. Ello no quiere decir que los demás sean moderados, sólo que primó, entre la mayoría, el discurso previsible (al menos en las reuniones abiertas). Los consensos fueron abrumadores en torno al apoyo del proceso de paz en Colombia, al combate al crimen organizado y al narcotráfico, la mejora de la legislación migratoria y ambiental, y los importantes avances en la relación entre Cuba y EEUU.
 Lo que dejó la IV Cumbre de la CELAC -ahora con su presidencia pro témpore en República Dominicana- es el consenso absoluto sobre su importancia regional, al menos en el mediano plazo.  Aun así, y a pesar de algunas intervenciones que hicieron hincapié en la diversidad dentro de la unidad, es evidente que hay gobiernos que la consideran una herramienta vital para el desarrollo y la unidad de los pueblos y otros no tanto. De todos modos, la correlación de fuerzas en la CELAC sigue siendo favorable a las líneas políticas que le dieron origen y, quizás por ello, ha primado el consenso en los temas más relevantes.

sábado, 30 de enero de 2016

Cumbre CELAC, la integración del sentido común

Tomado de Agencia Latinoamericana de Información (ALAI)
América Latina en Movimiento
Por Mario Ramos, Director del Centro Andino de Estudios Estratégicos (CENAE)

La integración del sentido común podría ser la noción que guíe la relación entre los estados latinoamericanos y caribeños. El sentido común nos dice que nuestros estados y pueblos tienen intereses geopolíticos comunes, entonces por qué no actuar en nombre de ese interés general, por qué no proteger ese interés general.
El sentido común nos señala que el éxito inconmensurable de haber reunido a nuestros treinta y tres Estados en un espacio para el debate argumentado y horizontal es un logro que debe defenderse y desarrollarse. La integración no busca eliminar las diferencias, esto no es posible ni deseable, debemos apreciar el marco común construido que otorga igualdad de derechos a todos sus miembros, y esto en un mundo en donde determinados organismos internacionales no se manejan con el principio de la democracia, es un aspecto a considerar.
El sentido común nos dice que el interés general nos obliga a construir un destino colectivo, conducido por este modelo de integración pluralista que hemos conseguido, debemos profundizar nuestra unidad en la pluralidad. CELAC es una zona de paz, el sentido común obligó a declarar a nuestra región como zona de paz. Nuestra vocación geopolítica es la paz y debemos como CELAC contribuir a la paz mundial. El sentido común nos dictó que debemos alejarnos de aquella potencia que pretende imponer su voluntad geopolítica a otros pueblos y que han convertido a regiones como el Oriente Medio en zonas con países destruidos. Usando el método de la “guerra contra el terrorismo” se ha sometido a pueblos y se camufla la expropiación de sus recursos naturales. “Guerra” que ha otorgado patente de corso a la potencia que declaró esa guerra infinita para violar a su antojo el derecho internacional, promover guerras de falsa bandera, cárceles clandestinas alrededor del mundo y violar todos los derechos humanos que dice promover.
En este convulsionado planeta, los miembros de la CELAC tenemos la oportunidad de construir la civilización del Buen Vivir. Nuestros pueblos nos exigen sensatez, no les fallemos. Sepultemos de una vez por todas esas supuestas arquitecturas hemisféricas de seguridad y diálogo internacional que han demostrado estar al servicio de intereses egoístas y hegemónicos, y gritemos todos   ¡Larga vida a la CELAC!

Declaraciones Especiales de la IV Cumbre de la CELAC. Ecuador 2016

Tomado de la web CELAC-Cuba MINREX
Declaración Especial 3: Devolución a la República de Cuba del territorio que ocupa la Base Naval de los Estados Unidos de América en Guantánamo
JUE, 28/01/2016 - 00:00
Las Jefas y los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe, reunidos en Quito, Ecuador, en ocasión de la IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada el día 27 de enero de 2016: 
1. Reiterando su compromiso con el multilateralismo, los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional, incluyendo la igualdad soberana y la integridad territorial de los Estados; 
2. Reafirmando la Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz, acordada en su II Cumbre en La Habana, el 29 de enero de 2014;  
3. Conscientes de la existencia por más de un siglo, de la Base Naval de los Estados Unidos en Guantánamo, territorio de la República de Cuba, constantemente reclamado por su pueblo; 
4. Actuando a la luz del proceso hacia la normalización de relaciones entre la República de Cuba y los Estados Unidos de América, que constituye un elemento que contribuye a la estabilidad de la América Latina y el Caribe; 
5. Consideran que la devolución a la República de Cuba del territorio que ocupa la Base Naval de los Estados Unidos en Guantánamo, debe ser un elemento relevante de ese proceso, mediante un diálogo bilateral apegado al Derecho Internacional.  
Quito, 27 de enero de 2016.
Declaración Especial 4: Sobre la necesidad de poner fin al Bloqueo Económico, Comercial y Financiero de los Estados Unidos de América contra Cuba
Las Jefas y los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe, reunidos en Quito, Ecuador, en ocasión de la IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada el 27 de enero de 2016: 
Reafirmando su más enérgico rechazo a las medidas económicas coercitivas no sustentadas en el Derecho Internacional, incluidas todas aquellas acciones unilaterales aplicadas por motivos políticos contra países soberanos, que afectan el bienestar de sus pueblos y están concebidas para impedirles que ejerzan su derecho a decidir, por su propia voluntad, sus propios sistemas políticos, económicos y sociales; 
Reiterando su enérgico rechazo a la aplicación de leyes y medidas contrarias al Derecho Internacional como la Ley Helms-Burton, incluyendo sus efectos extraterritoriales y exhortando al Gobierno de los Estados Unidos de América a que ponga fin a su aplicación; 
Recordando que desde 1992, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha solicitado en 24 resoluciones la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba por el gobierno de los Estados Unidos de América y destacando el apoyo de 191 de los Estados Miembros de las Naciones Unidas a la más reciente Resolución A/RES/70/5, aprobada el 27 de octubre de 2015; 
1. Saludan el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos de América, la apertura de sus respectivas Embajadas y las  demás iniciativas impulsadas para avanzar en los vínculos bilaterales; 
2. Instan al Presidente Obama, a la luz de sus reiteradas declaraciones, a adoptar todas las medidas que estén dentro de sus facultades ejecutivas para modificar sustancialmente la aplicación del bloqueo contra Cuba, y al Congreso de los Estados Unidos a proceder a su eliminación;
3. Reiteran su opinión de que dicho bloqueo es contrario a los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho Internacional;  
4. Reiteran, asimismo, su más profunda preocupación y rechazo al recrudecimiento de la dimensión extraterritorial del bloqueo, así como a la creciente persecución a las transacciones financieras internacionales de Cuba, lo que es contrario a la voluntad política de la comunidad internacional; 
5. Solicitan al Gobierno de los Estados Unidos de América el cumplimiento de las sucesivas resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas y que atienda a los reiterados llamados de la comunidad internacional  para poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene contra Cuba, que es contrario al Derecho Internacional, causa daños cuantiosos e injustificables al bienestar del pueblo cubano.   
Quito, 27 de enero de 2016.

jueves, 28 de enero de 2016

CELAC como mecanismo indispensable de concertación política e integración

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Tomado de la web de CELAC-Cuba

Intervención de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, en la IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en Quito, Ecuador, el 27 de enero de 2016.

Estimado Presidente Rafael Correa;
Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno;
Jefes de delegaciones e invitados:
Hace poco más de cuatro años, cuando Nuestra América rememoraba el bicentenario de las luchas por su independencia, se unían por primera vez, bajo un propósito común, los 33 Estados de la región.
Desde entonces se ha confirmado, como dijera el Presidente Raúl Castro Ruz en su discurso del pasado 29 de diciembre ante la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba, que “resulta esencial defender la unidad de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) como mecanismo indispensable, legítimo, unitario y diverso de concertación política e integración…”. 
Señor Presidente:
En estos años se han multiplicado los desafíos y peligros para la América Latina y el Caribe derivados de una situación política y económica internacional cada vez más compleja e inestable. De ahí que actuar unidos y cohesionados, respetando nuestra diversidad y nuestras diferencias, constituya una necesidad ineludible.
Para ello, la Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz, suscrita solemnemente en La Habana el 29 de enero de 2014, nos compromete a respetar el derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural; a solucionar pacíficamente nuestras diferencias, y a no intervenir, directa o indirectamente, en los asuntos internos de otros Estados.
América Latina y el Caribe sigue siendo la región más desigual del planeta en la distribución de la riqueza. Las estadísticas actuales, a pesar de los conceptos cuestionables en que se basan, muestran que 397 millones de nuestros habitantes, un 63%, están sumidos en una condición de vulnerabilidad y pobreza, cifra que podría aumentar ante las adversas condiciones económicas internacionales.
Que un solo latinoamericano y caribeño pase hambre o no sepa leer y escribir, o esté sumido en la pobreza es un problema de todos, que debemos resolver de conjunto.
Que en la América Latina y el Caribe proliferen las diferencias y no seamos capaces de solucionarlas por la vía del diálogo; o seamos intolerantes ante la diversidad de sistemas políticos, económicos y sociales; o indiferentes ante las dificultades muy particulares de los pequeños países insulares de nuestra región es también un problema a resolver entre todos.
Cuba cree en la cooperación, la solidaridad y la necesidad de la acción colectiva sin egoísmos ni intransigencias. Tenemos en la CELAC los principios y mecanismos para lograrlo.
Poseemos, en el acervo de esta Comunidad, los instrumentos para definir posiciones comunes en las relaciones extrarregionales, en cumplimiento del postulado de la Proclama que insta a todos los Estados a respetarla plenamente en sus relaciones con nuestros países.
En este espíritu, agradecemos profundamente la solidaridad de nuestros hermanos de la América Latina y el Caribe ante el reclamo de que se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba por parte del gobierno de Estados Unidos, que se mantiene intacto a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países; el respaldo para que el territorio que ilegalmente ocupa la base naval de Estados Unidos en la provincia cubana de Guantánamo desde hace más de un siglo sea devuelto a nuestro pueblo, y el apoyo para que la migración de nuestra región sea legal, ordenada, segura y se ponga fin a políticas como la de pies secos-pies mojados que afectan los derechos humanos de los migrantes y crean innumerables dificultades a países de nuestra región, en particular los países de tránsito.
En igual sentido de solidaridad, reiteramos nuestro más sólido apoyo a la República Bolivariana de Venezuela, víctima de una complicada situación económica internacional, agravada por una prolongada guerra económica, mediática y psicológica, y numerosas acciones desestabilizadoras alentadas y apoyadas desde el exterior. Reclamamos la derogación de la Orden Ejecutiva del presidente Obama, que declara a Venezuela una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, y la eliminación de las sanciones que ha aplicado sobre esta base a ciudadanos venezolanos.  Reiteramos que el gobierno y pueblo venezolanos merecen la más amplia solidaridad regional e internacional.
Apreciamos los avances alcanzados en los diálogos de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC-EP, que están más cerca que nunca de poner fin al conflicto que ha desangrado a esa nación durante más de medio siglo. Cuba, como garante y sede, seguirá contribuyendo con su labor imparcial.
Permanece invariable nuestro respaldo al pueblo de Puerto Rico en la búsqueda de la autodeterminación e independencia, como ha reiterado la CELAC.
Apoyamos los esfuerzos de la República Argentina para recuperar los territorios de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, legítimamente argentinos.
Continuamos junto a la República del Ecuador en sus reclamos a las empresas transnacionales que se niegan a reconocer y reparar los graves daños ecológicos en la Amazonía, y al gobierno de la Revolución Ciudadana ante los intentos desestabilizadores.
Extendemos también a la presidenta Dilma Rouseff y al hermano pueblo brasileño nuestra solidaridad y apoyo en la batalla que libran para defender las conquistas sociales y políticas de los últimos 13 años.
Nos solidarizamos con los países del Caribe en sus ingentes esfuerzos para enfrentar los efectos del cambio climático; rechazamos las injustas políticas de las instituciones financieras internacionales que les impiden el acceso a los recursos financieros en razón de su Producto Interno Bruto y apoyamos sus reclamos de reparaciones por los daños de la esclavitud y el colonialismo.
Estimado Presidente:
Mañana 28 de enero se conmemora el 163 aniversario del natalicio del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, autor del ensayo político “Nuestra América”, que constituye un aporte fundamental al ideario de unidad continental, anticolonial y antimperialista de nuestros pueblos.  Con su capacidad de previsión Martí nos llamó a injertar el mundo en nuestras repúblicas, pero señaló que el tronco tenía que ser el de nuestras repúblicas.
Esta noche los jóvenes cubanos, en homenaje a Martí, desfilarán con sus antorchas en alto desde la Universidad de La Habana hasta el lugar donde sufrió presidio y realizó trabajo forzado; es una tradición de 63 años, a la que se unieron varios de nuestros Jefes de Estado y Gobierno en ocasión de la Segunda Cumbre de la CELAC, celebrada en La Habana hace dos años.
Permítame, para finalizar, felicitar a la República del Ecuador y a su presidente Rafael Correa por la labor desempeñada al frente de la CELAC y agradecer al pueblo ecuatoriano por habernos acogido tan cálidamente en su tierra.
Comprometemos nuestro apoyo a la República Dominicana y al presidente Danilo Medina en su gestión durante el período que ahora comienza al frente de la Presidencia Pro-Témpore de la CELAC.
Muchas gracias (Aplausos).

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