Mostrando entradas con la etiqueta Vladimir Ilich Lenin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vladimir Ilich Lenin. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de noviembre de 2017

La Revolución de Octubre en el proceso revolucionario cubano hasta 1925 (I)


Tomado de Contexto Latinoamericano. OceanSur
Por Angelina Rojas Blaquier

El inicio del siglo XX en Américas Latina se caracterizó por el avance del capitalismo, especialmente con la implantación del sistema neocolonial del imperialismo, que tuvo su estreno en Cuba. A escala internacional afloraban los primeros enfrentamientos entre sistemas caducos y emergentes y la búsqueda de nuevas posesiones y riquezas. La Primera Guerra Mundial imperialista no tardó en estallar, pero, de su seno nació también la primera revolución socialista a escala mundial en la antigua Rusia de los zares. La Revolución Socialista de Octubre marcó, sin dudas, el advenimiento de una nueva etapa de luchas entre las clases portadoras de los intereses que contendían en las nuevas circunstancias. 

martes, 12 de septiembre de 2017

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA TRANSICIÓN SOCIALISTA

Tomado de Contexto Latinoamericano. Revista de Ocean Sur.
Por Ernesto Che Guevara.

[…] Marx establecía dos períodos para llegar al comunismo, el período de transición, también llamado socialismo o primer período del comunismo, y el comunismo o comunismo plenamente desarrollado. Partía de la idea que el capitalismo en su conjunto se vería abocado a una ruptura total después de alcanzar un desarrollo en el cual las fuerzas productivas chocarían con las relaciones de producción, etcétera, y entrevió ese primer período llamado socialismo al que no dedicó mucho tiempo, pero en la Crítica del Programa de Gotha, lo describe como un sistema donde ya están suprimidas una serie de categorías mercantiles, producto de que la sociedad completamente desarrollada ha pasado a la nueva etapa. Después viene Lenin, su teoría del desarrollo desigual, su teoría del eslabón más débil y la realización de esa teoría en la Unión Soviética y con ello se implanta un nuevo período no previsto por Marx. 

miércoles, 5 de abril de 2017

En Clave, las Tesis de V.I Lenin del 4 de abril


Tomado de TeleSur

Se cumple el centenario de las Tesis de Abril, en las que el líder comunista ruso, Vladimir Ilich Lenin, expresó su rechazo a la guerra y estableció un programa político para la conquista del poder por la clase trabajadora.

Las Tesis de Abril son una serie de puntos expuestos por el líder comunista Vladímir Ilich Lenin, tras su regreso a la capital de Rusia, Petrogrado, el 4 de Abril de 1917.

Los historiadores las definen como el modelo más perfecto del marxismo creador revolucionario. Tenían el objetivo de promover la transformación revolucionaria en el mundo, de una revolución donde fueran protagonistas el proletariado y el campesinado. 

1. Una guerra imperialista de rapiña

Lenin críticó la participación rusa en la Gran Guerra, la cual tenía un carácter totalmente imperialista y capitalista, que tan solo iba a beneficiar al pequeño sector liberal que lideraba el gobierno. "Esta Guerra no traerá ningún tipo de ventaja para el proletariado", afirmó.

"El proletariado consciente solo puede dar su asentimiento a una guerra revolucionaria que justifique verdaderamente el defensismo revolucionario, bajo las siguientes condiciones: a) paso del poder a manos del proletariado y de los sectores más pobres del campesinado a él adheridos; b) renuncia de hecho, y no de palabra a todas las anexiones; c) ruptura completa de hecho con todos los interese del capital", escribió.

2. - Sustituir el poder de la burguesía

Lenin consideraba que todavía la Revolución no había llegado a su punto culminante, porque el poder se encontraba entre la clase burguesa y para consagrar la Revolución debía llegar al escalón donde el poder está en manos de los proletarios y campesinos.

"La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado", apunta.

3. -   Desenmascarar al gobierno capitalista

Reafirmó el no apoyo que debían mostrar al gobierno provisional, porque no iba a centrar su gestión en los intereses del pueblo.

“En vez de ‘exigir’ que la guerra deje de ser imperialista, cosa inadmisible y que no hace más que despertar ilusiones (...) desenmascarar a este gobierno, que es un gobierno capitalista”, señaló.

"Ningún apoyo al gobierno provisional; explicar la completa falsedad de todas sus promesas, sobre todo de la renuncia a las anexiones", ratificó.

4. -  Una labor crítica y de esclarecimiento de los errores

Lenin aludió a la influencia de la burguesía en el seno del proletariado.

En tal situación, proponía como tarea clave no sólo "explicar a las masas que los soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario”, sino que, por esa razón, “mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades de las masas” .

"Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor crítica y de esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros, a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores", aseveró.

5. -  Abolición de las viejas estructuras

Lenin definió las políticas que establecerían a partir del momento en el que se harían del control del Estado: establecimiento de una República de Soviets y la abolición de las viejas estructuras zaristas (policía, Ejército, entre otros).
El político y revolucionario ruso se vio obligado a convencer a la gente de la necesidad de la existencia de estos soviets tanto en las fábricas como en el campo, y que siempre tuvieran en cuenta la voluntad e intereses de sus trabajadores.

"No una república parlamentaria -volver a ella desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás- sino una república de los Soviets de diputados obreros, braceros y campesinos en todo el país, de abajo arriba".

6. -  Confiscación de todas las tierras de los latifundistas

Una reforma agraria que beneficiara a los campesinos más pobres centró la tesis 6.

"En el programa agrario, trasladar el centro de gravedad a los Soviets de diputados braceros".

"Nacionalización de todas las tierras del país, de las que dispondrán los Soviets locales de de braceros y campesinos. Creación de Soviets especiales de diputados campesinos pobres. Hacer de cada gran finca (con una extensión de unas 100 a 300 deciatinas, según las condiciones locales y de otro género y a juicio de las instituciones locales) una hacienda modelo bajo el control de diputados braceros y a cuenta de la administración local".

7.- Fusión inmediata de todos los bancos  

La nacionalización de la banca fue también planteada por el líder comunista.

"También, desaparecerán los bancos privados, propiciando la unión de estos, formándose un único banco nacional que quedará vigilado por los Soviets".

8.-  Pasar a la instauración inmediata del control de la producción social 


Lenin declaró su rechazo a implantar desde un principio el socialismo, sino tan solo poner las tierras y los beneficios del país en manos de los Soviets, para que estos lo organizaran de modo que solucionaran el problema del hambre y trabajo que ocurría en el país. Una vez fuertes y preparados, se podría hacer la tan deseada Revolución.

jueves, 9 de marzo de 2017

Obra de Fidel: ‘La revolución socialista en Cuba, su ejemplo y su marcha continua’ (+ en inglés)

The Militant (logo)
Tomado de "The Militant".
Vol. 80/No 46. 12 de diciembre 2016.

A continuación publicamos la carta enviada el 27 de noviembre por Jack Barnes, Secretario Nacional del Partido Socialista de los Trabajadores a Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba.

lunes, 2 de enero de 2017

Los muertos que vos matas gozan de buena salud


Tomado de CubaDebate
Por Eliades Acosta Matos

Un epigrama similar al que da título a este texto aparece en la comedia de Juan Luis de Alarcón titulada La verdad sospechosa, de 1630, retomada por Pierre Cornielle, en 1644 mediante una reelaboración que sería publicada como Los mentirosos, y devuelta al español en versión definitiva, con traducción más contundente, una vez culminado este viaje de ida y vuelta.
No puedo menos que acordarme de esta frase afortunada, tras leer varios artículos escritos por improvisados sepultureros de un hecho de enorme significación histórica. Se trata, ni más ni menos, del epitafio o acta de defunción de la Revolución Socialista de Octubre, cuyo centenario conmemorará la Humanidad, el venidero noviembre del 2017.
Visitantes apresurados de San Petersburgo, sin más tiempo para indagaciones que de las que dispone un turista express, los críticos de hoy se siente autorizado, y en el deber, de leernos el responso final de una revolución que reduce a las pocas huellas visibles de esa época, apenas unas estatuas de Lenin, o ciertos bloques habitacionales austeros de la era soviética. De seguir semejante metodología, ¿qué queda en las grandes capitales latinoamericanas, con honrosas excepciones entre las que no está Santo Domingo, de las huellas visibles de la etapa colonial, por mencionar una, que no haya sido devorada por la especulación de terrenos y la barbarie constructiva del capitalismo rampante? ¿Y acaso eso es motivo para decretar la extinción de sociedades del ayer, de las que, por ejemplo nos queda un acervo infinito del que enorgullecernos, como es la lengua que hablamos?
En el caso ruso, sume a este fenómeno de rancia y pragmática globalización capitalista, como ocurrió en países de Europa del Este, especialmente Hungría, la antigua Checoslovaquia, Polonia, Alemania Democrática, y la propia URSS, el desmontaje programado y consciente de todo símbolo que pudiese recordar la época revolucionaria o socialista, siempre y cuando no reportase ganancias, como ocurrió con la torre de la televisión alemana de Alexander Platz, que sigue dominando los cielos de un Berlín unificado.
Por supuesto, no es en edificios y plazas, ni siquiera en monumentos, donde primero se han de buscar las huellas de una cultura y una civilización para poderla entender a cabalidad, y no como turista de paso. Es en las ideas, en los aportes históricos reales al progreso humano, siempre y cuando no estemos obnubilados por el cumplimiento de una tarea auto-impuesta desde el sesgo ideológico, donde estará la verdad.
Las críticas que se formulan contra el socialismo y la Revolución de Octubre se reducen de manera simplista al tema de la libertad de creación y expresión, como si solo eso tuviese importancia, y la tiene parcialmente, para medir el legado de millones de personas movilizadas por ideas, por conciencia, por las motivaciones reales que suelen poner en marcha a millones, al estallar revoluciones genuinas. Desde esa cómoda atalaya no pueden atisbar los críticos de nuevo cuño, y no alcanzan a atisbar, el por qué tuvo lugar la Revolución de Octubre, qué fuerzas sociales la apoyaron, contra quiénes se realizó, y en consecuencia, quiénes fueron sus enemigos derrotados.
No pueden explicar, y no explican estos denodados defensores del antiguo régimen en Rusia, cómo se convirtió en superpotencia el país más atrasado de la Europa de su época, un imperio feudal y autocrático donde apenas años antes se había derogado, al menos en el papel, el vergonzoso Derecho de Servidumbre, una versión eslava de la esclavitud de las plantaciones caribeñas. Tampoco cómo “eso” que se disuelve sin dejar huellas, a la vuelta de unas pocas décadas, y resurgiendo de las cenizas de la Guerra Civil, que contó con la invasión militar de 18 potencias extranjeras coaligadas contra el gobierno bolchevique, y luego de la Gran Guerra Patria, de 1941 al 1945, donde la URSS logró frenar y contribuyó decisivamente a la derrota final de la maquinaria nazi-fascista, se convirtió en “eso” que desafió al enorme poder de unos Estados Unidos intactos en su territorio. ¿O es que la Guerra Fría también se disolverá beatíficamente en el olvido?
Cuando estos críticos nos hablan de “las grandezas de Rusia”, por supuesto que no se iban a referir, y no se refieren, a la institución en la URSS del primer sistema sanitario y de seguridad social gratuito y universal en la historia de la Humanidad, ni de un sistema educativo totalmente público y gratuito, por primera vez también en la historia humana, del que surgieron los genios que deslumbraban al actuar con el ballet o los grupos folclóricos populares soviéticos, ni los premios Nobeles, ni los que disputaron el dominio de la energía atómica a los estadounidenses, ni pusieron al primer hombre y la primera mujer en el espacio. ¿A qué reducen estos señores las “grandezas de Rusia”? Pues a “…las grandes edificaciones de la época zarista y las colecciones de pintura y arte de El Ermitage”, dicho sea de paso, erigidas sobre el sudor, el sacrificio y el sufrimiento de los millones de rusos que trabajaban, pero no podían disfrutar de la contemplación de tales tesoros, por primera vez puestos al servicio del pueblo durante la detestable era de “eso que va camino al olvido”.
El mundo del arte y la cultura, de acuerdo a estos autores, “ámbito propicio para los excesos del socialismo real”, se nutre de una enumeración de artistas y escritores represaliados por Stalin, pero no a otros, (¡qué extraordinario descuido!) como los cineastas Serguei Eisenstein Vsevolod Pudovkin y Dziga Vertov; los poetas Evgueni Yestushneko, Andrei Voznesenski, Serguei Yesenin y Vladimir Maiakovski; los pintores Kuzma Petrov-Vodkin, Isaac Brodsky, L. Russov, V. Teterin, o N. Baskakov; los escritores Boris Polevoi, Konstantin Simonov, Máxim Gorky, Alexei Tolstoy, Julian Semionov, Yuri Olesha, Valentin Kataev, Mijial Bulgakov y Nikolai Ostrovki, junto al mencionado y Premio Nobel de Literatura, Mijail Sholojov.
Y no solo olvidan convenientemente, en su lista de artistas martirizados, a los que no lo fueron y entregaron en la URSS una obra de alcance universal, sino que insinúan que el socialismo es el único ámbito histórico donde la creación, los creadores y el poder han tenido confrontaciones, censuras, represaliados y mártires. Otra vez olvidan, y de nuevo convenientemente, a la Inquisición, la lengua cortada a Giordano Bruno, y él mismo quemado en la hoguera, el proceso contra Galileo, las persecuciones contra Kepler y Erasmo de Rotterdam, las obras de arte de civilizaciones devastadas o robadas por los poderes coloniales e imperialistas, o más recientemente, el destino de Lorca y Unamuno, de Víctor Jara, el McCarthismo en Hollywood, o si prefieren, los abultados expedientes del implacable espionaje y acoso del FBI contra John Lennon, Jimi Hendrix, Ernest Hemingway y Charles Chaplin.
La saña con que el capitalismo mundial, sus corifeos tarifados o voluntarios, sus amanuenses ilustrados o ignorantes, sus manipuladores venales u honorarios, atacaron desde su triunfo a la Revolución de Octubre, hasta el presente, es muestra de su alta peligrosidad a los ojos de quienes supieron desde el inicio que las sociedades desiguales en que vivían estaban en peligro. No fue la URSS quien inventó las sociedades dictatoriales, ni su desaparición las ha abolido para siempre sobre la faz de la tierra. Todo lo contrario. Abolida por decreto en 1991, su memoria sigue llenando de pánico a quienes atacan sus excesos y errores, pero callan los de las revoluciones francesa, inglesa o norteamericana.
Suspirar por el viejo régimen abolido por las revoluciones, o ver en él la grandeza de las naciones es, simplemente, una apuesta por el pasado, tanto como no comprender, o convenientemente callar, que las revoluciones son momentos imprescindibles en la historia humana, y justa solución de contradicciones que no se resuelven ya por otros medios. Lo fueron las guerras de independencia, lo fue la Restauración, y lo fue el frustrado gobierno de Juan Bosch.
No se necesitan sepultureros de un intento revolucionario, cuando las flagrantes injusticias, desigualdades, guerras, crisis económicas, epidemias, y amenazas que se ciernen sobre la Humanidad, no se han resuelto en los marcos de un sistema que exhibe capitales lujosas y hedonismo sobre la misma miseria, injusticia y desigualdad que lanzó a las masas francesas contra La Bastilla, a las mexicanas contra el Palacio del Zócalo y a las rusas, contra el de Invierno.
Son las injusticias y el sufrimiento de muchos los que desatan las revoluciones. Nuestra época es pródiga en ellos. Quien no quiera revoluciones, que no las abola en el papel, sino en la realidad, luchando contra las causas que las desatan.
Y sobre ese incierto horizonte del olvido prefabricado para embrutecer millenials, se perfila ya la figura totalitaria, intolerante, racista y brutalmente arrogante de ese líder del Mundo Libre que es Donald Trump. Ya arremetió contra los actores de Broadway que osaron pedirle respetuosamente a su vicepresidente Mike Pence, presente mientras escenificaban la obra “Hamilton”, que fueran gobernantes de todos y no solo de una parte de los norteamericanos.
Por la cultura empieza todo. Incluso esas revoluciones malditas que tanto desvelan a los doctos y acomodaticios críticos de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...