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sábado, 12 de octubre de 2019

Contra la Helms Burton: dignidad y cuentas claras

Tomado de Contexto Latinoamericano. OceanSur
Por Ana Laura Palomino García.

La nacionalización no es un fenómeno único de la Cuba pos Revolución. Existe y seguirá existiendo, pues el fin que persigue (en los casos más nobles) es ayudar a una mejor redistribución de las riquezas, rescatándolas para el bien nacional.

Según la Carta de derechos y deberes económicos de  los Estados (Resolución 3281, aprobada por la  Asamblea General de Naciones Unidas el 12 de  diciembre de 1974): «Todo Estado  tiene el derecho soberano e inalienable de  elegir su sistema económico, así como su sistema  político, social y cultural, de acuerdo con la voluntad  de su pueblo, sin injerencia, coacción ni  amenaza externas de ninguna clase».

jueves, 18 de abril de 2019

Bolton vs Cuba: condenado al fracaso

Tomado de Contexto. OceanSur
Por Rafael González Morales


El reciente discurso de Bolton en el Hotel Biltmore de Coral Gables solamente ha sido aplaudido por un puñado de mercenarios anticubanos y por un pequeño grupo de representantes de la extrema derecha de Miami. Las medidas anunciadas, cargadas de profundo odio y frustración, son parte de una política fallida que es rechaza por amplios sectores de la sociedad estadounidense y la comunidad internacional. Por lo tanto, están destinadas al rotundo fracaso.

martes, 5 de marzo de 2019

Firme rechazo de Cuba a la nueva escalada agresiva de EE. UU.


Tomado de Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.


El Ministerio de Relaciones Exteriores rechaza en los términos más enérgicos la nueva escalada en la conducta agresiva de los Estados Unidos contra Cuba.

El Departamento de Estado anunció hoy la decisión de permitir que, a partir del próximo 19 de marzo y al amparo del Título III de la ley Helms-Burton, se presenten demandas judiciales en tribunales de los Estados Unidos únicamente contra empresas cubanas incluidas en la Lista de Entidades Cubanas Restringidas elaborada por ese gobierno en noviembre de 2017 y actualizada un año después. Este listado arbitrario e ilegítimo, dirigido a recrudecer el bloqueo y extender sus efectos extraterritoriales, prohíbe a los ciudadanos estadounidenses realizar transacciones financieras directas con las entidades señaladas.

martes, 9 de junio de 2015

La ley Helms-Burton vs EE.UU.

La mayoría de la gente en EE.UU. considera que la política de bloqueo ha fracasado, incluso para los que no simpatizan con Cuba.
Tomado de Bohemia
Por ARNALDO HERNÁNDEZ.



En  el discurso de los gobernantes, los políticos y los denominados “tanques pensantes” de Estados Unidos sobre Cuba,  son habituales las referencias a las decisiones que no puede tomar el presidente de ese país porque son “asuntos que dependen del Congreso”.  Evitan, cada vez más, explicar que el Legislativo aprobó en marzo de 1996 la conocida Ley Helms-Burton (LHB) con el fin de arreciar el estrangulamiento económico y el aislamiento político de Cuba,  así como  la creación de  una legión internacional para acabar con el gobierno de Fidel Castro en un breve plazo.
Esto se asume como un hecho natural –como el río Amazonas o las cataratas del Niágara- instalado en el sentido común, que no se puede cambiar si no es por inspiración del más allá, por algo que está por encima de los seres humanos, y depende de lo divino y lo diabólico que pueda haber en la extrema derecha de los congresistas norteamericanos y sus instrumentos miamenses.
Hay un desconocimiento generalizado sobre este asunto; mucha gente habla de ella e incluso divulga criterios sin haberla leído, guiada por las referencias de los medios de prensa, que tampoco la explican y detallan.
El texto de la LHB es sumamente enrevesado, como si se hubiera redactado con la intención de desestimular su lectura y complicar su estudio, para que nadie la lea, sobre todo los norteamericanos.
Es cierto que le causa muchos daños a Cuba, pero también agrede a los aliados y amigos de EE.UU, y a sus propios ciudadanos y empresarios. Nos detendremos en estos últimos; después habrá oportunidad de ampliar sobre los demás.
El daño a EE.UU.
El engendro jurídico codifica el bloqueo y regula jurídicamente la realización de las relaciones exteriores y la diplomacia de EE.UU. hacia Cuba, que hasta ese momento eran funciones del presidente y el poder ejecutivo, que pueden hacerlo con el resto del mundo, como han hecho desde la independencia, en 1776, pero 220 años después le quitaron esa potestad con Cuba, al convertirla en coto privado de la minoría derechista más cavernaria entre los políticos de Estados Unidos y del segmento más batistiano y odioso de la mafia de origen cubano de Miami.
Codificar el bloqueo significa que se convierten en ley todas las medidas de presión económica adoptadas por el ejecutivo en relación con Cuba, de manera que el presidente ya no pueda cambiarlas, ni aun cuando considere que no son efectivas, o han fracasado, o los intereses del país reclamen otra cosa.
En una situación como la de hoy, cuando el presidente Obama trata de normalizar las relaciones y que cada país tenga su embajada en la capital del otro, no sólo tiene que excluir a Cuba de la lista de países terroristas, que lo pudiera resolver de un plumazo. Por mandato de la LHB, su decisión tiene que someterse a la aprobación del Congreso.
Esa ley norteamericana le exige al Presidente certificar ante el poder legislativo que el gobierno cubano fue elegido de acuerdo con los patrones norteamericanos y excluyó a dos ciudadanos cubanos, Fidel y Raúl Castro Ruz, del derecho a gobernar y hacer política; disolvió sus servicios de Seguridad del Estado y la red de organizaciones comunitarias agrupadas en los Comités de Defensa de la Revolución; restableció el libre mercado neoliberal, restituyó las propiedades confiscadas el 1º de enero de 1959 a los malversadores y funcionarios corruptos de la dictadura de Bastista  -aunque no eran ciudadanos norteamericanos y muchos fallecieron sin llegar a serlo- y autoriza el libre funcionamiento de los corresponsales de Radio y TV Martí, emisoras del gobierno norteamericano específicamente concebidas para derribar al gobierno cubano, entre otras exigencias.
En este marco, la Helms-Burton ratifica que “en la sección 515.204 del título 31 del Código de Reglamentos Federales se prohíbe la entrada de mercancías a los Estados Unidos y su comercio fuera de los Estados Unidos si esas mercancías: 1) son de origen cubano; 2) están o estuvieron en Cuba o se transportaron desde ese país o por su conducto; si se confeccionan o derivan en su totalidad o en parte de cualquier producto que se cultive, elabore o fabrique en Cuba”.
De esto no escapa ni el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, suscrito cuatro años antes, el 17 de diciembre de 1992, cuando le impone a sus socios que “ningún producto ni artículo producido con materiales cubanos se importe a los Estados Unidos desde México o Canadá y que ningún producto estadounidense se exporte a Cuba a través de esos países”. En lo que a Cuba atañe, ni el comercio es tan libre, ni los socios son tan socios.
Llegan a proclamar que “la protección de los intereses de seguridad esenciales de los Estados Unidos exige garantías” de que el azúcar cubano no se importe, se almacene o se consuma en el “territorio aduanero” de EE.UU.
Sus empresarios no pueden adquirir níquel cubano para su industria, ni sus ciudadanos pueden acceder a medicinas y productos biotecnológicos cubanos de última generación para el tratamiento de enfermedades como la hepatitis B, el pié diabético o el cáncer, ni a la vacuna antimeningocócica, ni a eficientes programas masivos de oftalmología, porque Cuba, a pesar del bloqueo, ya no es un simple productor de azúcar, tabaco y ron.
Los ciudadanos estadounidenses tampoco pueden disfrutar del sol, la playa, la naturaleza y la recreación sana en un país de altos índices de seguridad ciudadana.
Las empresas norteamericanas no pueden venderle nada a Cuba, salvo lo que se les autorice y en condiciones comerciales muy adversas a la isla caribeña, que debe pagar en efectivo y por adelantado, sin crédito alguno, antes de que las mercancías salgan de EE.UU., y solo se pueden enviar en buques norteamericanos, que regresan vacíos, porque los empresarios no pueden comprar nada en Cuba. Es un comercio en una sola dirección.
La sección 105 prohíbe expresamente realizar  “inversiones en la red nacional de telecomunicaciones de Cuba a persona alguna de EE.UU.”, lo cual “incluye las contribuciones (incluso por donación) de fondos o de cualquier cosa de valor a esa red o para ella, así como la concesión de préstamos a esa red o para ella”. O sea, las empresas estadounidenses del sector de las modernas tecnologías que quieran hacer negocios a gran escala con Cuba, que pudieran serles muy cómodos y remunerativos, no pueden hacerlo, a menos que opten por violar las leyes isleñas y hacer negocios ilícitos a pequeña escala  y muchos riesgos con personas no facultadas.
De facto, en este campo y en cualquier otro de la economía cubana pueden participar las empresas que cualquier país del mundo, incluso las más neoliberales, menos las norteamericanas, por decisión del Congreso de EE.UU.
Para estar seguros del cumplimiento del castigo contra Cuba, el texto imperial dispone en la sección 108 que el presidente de EE.UU. vigile y obtenga información sobre las relaciones económicas y comerciales de todo tipo que tengan los países extranjeros con Cuba y presente los resultados en un informe anual al Congreso. Con ese fin, la sección 115 legitima el espionaje para obtener esas informaciones. Todos los países tienen servicios de inteligencia, pero lo manejan con mucha discreción; ninguno lo proclama de manera tan arrogante, amenazante y grosera.
También se regula el contenido del referido informe. Entre otros aspectos, debe incluir la ayuda humanitaria que reciba Cuba y quién la aporta, “identificación de los socios comerciales”, la descripción del comercio, las “empresas mixtas establecidas o en estudio, de nacionales y firmas comerciales de otros países…la ubicación de las instalaciones y una descripción de las condiciones del acuerdo de constitución…y los nombres de quienes las integran”. Por supuesto, se prohíbe que las producciones de esas empresas entren en EE.UU.
Amigos que han vivido más intensamente la violencia que ha caracterizado el conflicto desatado por EE.UU. y la contrarrevolución de Miami contra Cuba, al conversar sobre estos aspectos recuerdan las numerosas acciones terroristas llevadas a cabo contra sedes diplomáticas y oficinas comerciales, agencias de viajes, medios de prensa, barcos mercantes y aviones comerciales de países que realizaban negocios con Cuba. El período entre 1968 y 1976 fue prolífico.
Estamos hablando de países como México, España, Reino Unido, Japón, Canadá, Panamá, Colombia, Jamaica, Trinidad y Tobago, entre otros.
Esa legislación prohíbe el cumplimiento de la I Enmienda de la Constitución estadounidense, que establece la libertad de movimientos de sus ciudadanos, los cuales no pueden viajar libremente a Cuba.
George W. Bush y su equipo, inspirados en esta ley, definieron cuáles eran las relaciones de familia de los emigrados cubanos y llegaron a prohibir los viajes y las remesas familiares, así como traer al regreso suvenires comprados en Cuba.
Obama los restableció en abril de 2009. Dos años más tarde exactamente autorizó “ciertos viajes” de sus ciudadanos bajo determinados requisitos: tienen que solicitar una licencia al gobierno de EE.UU.,,algo así como pedir permiso; jurar que van a cumplir la ley, no van hacer turismo ni recreación alguna, y comprometerse a conservar los documentos que así lo prueben durante 5 años, período en el cual pueden ser objeto de una demanda y están obligados a demostrar que son inocentes, porque pueden correr el riesgo de ser sancionados a pagar una multa de hasta 50 mil dólares y se les puede decomisar “cualesquiera propiedades, fondos, títulos, documentos u otros artículos o cualquier información” que se haya utilizado en lo que los gurús  del odio consideren una violación de la Ley Helms-Burton.
El odio a Cuba voló en pedazos el principio jurídico de que una persona es inocente hasta que se pruebe lo contrario. Por el solo hecho de haber viajado a la isla, los “USA citizens” son sospechosos de haber violado algo y tienen que demostrar que son inocentes.
Algunas de esas licencias exigen presentar el plan de lo que van a hacer en la isla rebelde y, en los 14 días siguientes al regreso, hacer un informe de lo que hicieron en Cuba, con quiénes hablaron y otros detalles. De hecho, tratan de convertir a sus ciudadanos en testaferros de una política subversiva contra el país que van a visitar. Hay que preguntarse quiénes van a recibir ese informe y qué uso le van a dar  a los datos que ahí  reciben sobre los cubanos que se mencionen.
A partir de los cambios en la política hacia Cuba anunciados por el presidente Barack Obama el 17 de diciembre del pasado año, el 15 de enero se simplificaron las tramitaciones para solicitar las licencias, que ahora son más expeditas, pero siguen vigentes los mismos requisitos. Incluso, ahora los ciudadanos norteamericanos están autorizados para gastar dinero en Cuba según sus deseos y regresar a su país con mercancías cubanas hasta por un valor de 400 dólares, en lo que se incluye un límite de hasta 100 para bebidas y tabacos.
A pesar de su ropaje legal, la norma no deja de ser aberrante, incluso para los propios funcionarios norteamericanos encargados de cumplirla, que fueron condenados al ridículo y al fracaso en el momento mismo en que fue aprobada.
Los representantes diplomáticos de Washington en el mundo, de acuerdo con ese lío de regulaciones, debían convencer a los aliados en la ONU,  la OEA, Europa y las Américas  para que se sumaran a su política de sanciones contra Cuba, hacerles renunciar a sus intereses propios de negocios para trabajar en beneficio de los intereses del imperio.
Los países que fueron del desaparecido campo socialista del este europeo y los que nacieron a la independencia después del desmoronamiento de la URSS, Rusia incluida, debían suspender las relaciones económicas y solidarias que había sostenido durante 30 años con Cuba, bajo la amenaza de ser castigados.
¡Cosas de locos vanidosos! Lograron algo de “posición común” con el español Aznar (con “z”, aunque puede ser con “s”). Muchos empresarios extranjeros, incluso españoles, tan neoliberales como los norteamericanos, confiesan en privado que Cuba es el único país del mundo donde pueden operar en los marcos de una competencia racional, porque no están los norteamericanos, trabajan intensamente para hallarse bien posicionados cuando estos lleguen.
En la ONU debían lograr un acuerdo de intervención “humanitaria” de fuerzas militares en Cuba, como por esa época habían hecho en Haití, que entonces sufría una situación de extrema ingobernabilidad, no ajena a los intereses de algunas grandes potencias. En la OEA debían crear un “fondo” para financiar la ejecución de las acciones de interés de EE.UU. en Cuba.
El decreto imperial ordena que las instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, el BancoMundial, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, la Asociación Internacional de Fomento, la Corporación Financiera Internacional, el Organismo de Garantía de las Inversiones Multilaterales y el Banco Interamericano de Desarrollo, no pueden otorgarle créditos a la isla caribeña ni pueden aceptarla como miembro.
Tendría que ocurrir una rebelión de todos los demás miembros de esas instituciones, pero ¿cuál de ellos osaría desobedecer a quien más aporta capital, tanto para los fines de cualquiera de esas instituciones como para el funcionamiento de las mismas y los altos salarios de su personal, incluyendo las regalías para quienes más se subordinen? ¡Hay que cuidar el empleo, sobre todo en época de crisis!
Es muy sospechoso eso de apelar a la comunidad internacional para derrocar a la Revolución. Es como si el más poderoso de los imperios que jamás ha existido sobre la Tierra no pudiera hacerlo por sí solo.
Con el tiempo, fieles a sus intereses, los gobernantes europeos optaron por volver a negociar con Cuba; los latinoamericanos y caribeños eliminaron la exclusión de Cuba en la OEA, lo cual estaba expresamente dispuesto en la LHB, crearon la CELAC e impusieron la participación de los gobernantes isleños en la Cumbre de las Américas, foro especialmente construido por EE.UU. para aislar a Cuba.
En Nueva York, la Asamblea General de la ONU ha aprobado, durante 22 años consecutivos, una resolución contra el bloqueo por una mayoría que ha llegado a ser virtualmente absoluta. La Ley Helms Burton ha aislado a los norteamericanos en el principal escenario multilateral del planeta.
Lo que enseña la historia
Desde el más cerrado pensamiento pragmático, todo lo anterior se hubiera justificado si  hubiera alcanzado sus objetivos de derrocar la Revolución liderada por Fidel Castro, si Cuba se hubiera rendido y no hubiera podido resistir. Pero no fue así.
Ahora sirve para aislar y ridiculizar al imperio ante el mundo y que los pichones del batistato puedan humillar a los políticos estadounidenses empeñados en servir a los intereses del sistema, a sus empresarios que quieran ganar más y a sus ciudadanos que quieran un disfrute más pleno de sus derechos constitucionales y de sus días de descanso.
La Ley se inspira en la idea planteada por el señor  Lester D.Mallory, subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos en abril de 1961, según la cual “… el único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros a Cuba para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Esto se escribió un año antes del fracaso de la invasión norteamericana por Bahía de Cochinos, en la que utilizaron militares y torturadores de la derrotada dictadura de Fulgencio Batista, jóvenes de la aristocracia criolla, esbirros de los grupos gangsteriles  que operaban en La Habana hasta 1959 y otras personas que no concebían su país fuera de la dominación del Tío Sam. Era una tropa asalariada cuyos componentes aspiraban a reapropiarse de las riquezas nacionales como botín de guerra para su uso privado. Por malabares lingüísticos del neoliberalismo, hoy esos mercenarios reciben el calificativo de “contratistas”.
Todo hace pensar que existe una complicidad de los consorcios mediáticos privados, los cubanólogos y los institutos académicos, que simplifican el alcance de esta Ley a un “endurecimiento del embargo”, o un “asunto del Congreso”, o una “reliquia de la guerra fría”, y al “error” de “propiciarle a Castro la posibilidad de justificar el fracaso económico de su socialismo”.
Con la retórica de “no hacerle llegar dinero al castrismo”, se encubre el verdadero propósito de impedir el funcionamiento eficiente de la economía en el socialismo cubano, hacerle daño a las personas, hacerles creer que su escasez y sus graves limitaciones de consumo personal son por causa de la Revolución.
A decir verdad, en el mundo que nos ha tocado en los últimos 25 años, ¿qué economía en el planeta, no importa el país, puede funcionar sin hacer negocios con la economía norteamericana, el principal mercado de cualquier cosa que se quiera comprar o vender? ¿Qué país vecino de EE.UU. puede vivir sin vincularse con la economía más poderosa que jamás ha existido? ¿Cuál de ellos pudiera ser antagónico con los intereses que les imponga el imperio?
Habría que preguntarle a Canadá y México, a España y el Reino Unido, que están más lejos, cuánto durarían los gobiernos en esos países si se les ocurriera enfrentarse a los intereses de EE.UU.
A pesar de todo eso, en Cuba no ha habido hambrunas ni pandemias, nadie ha quedado abandonado a su suerte, no se han cerrado servicios de salud ni de educación. La pequeña nación caribeña ha sido capaz de extender una ayuda muy valiosa a países con muchos problemas sociales acumulados, algunos con muchas más riquezas naturales y económicas, que no sufren un bloqueo ni la hostilidad de EE.UU., e  incluso supera a unos cuántos países del Norte en índices de salud, educación y medallas olímpicas.
El sistema económico, social y político creado por los cubanos, basado en un elevado concepto de  justicia social, ha demostrado que es posible resistir con dignidad, con éxito, un bloqueo por más de medio siglo y su agudización en los últimos 25 años, a pesar de sus efectos acumulativos que impactan en las carencias del consumo individual y familiar de las personas, los insumos para la economía y la desorganización en la gestión administrativa.
La mayoría de la gente en EE.UU. considera que la política de bloqueo ha fracasado, incluso para los que no simpatizan con Cuba. Obama lo dijo durante su campaña electoral para la presidencia en el 2008, lo repitió el año pasado en Miami y lo reiteró el pasado17 de diciembre. Personalidades políticas muy conservadoras, como el fallecido senador republicano Richard Lugar,  y otros neoconservadores muy agresivos, como John Negroponte, no sólo lo han dicho, sino también han demandado cambiarla. Hay sectores de la contrarrevolución tradicional en Miami que también lo plantean y hacen cabildeo.
The New York Times, un diario emblemático del sistema, lo ha planteado con firmeza. Ha ido más allá que sus iguales,  que se limitan a decir que “Obama reconoce que la política de los EEUU hacia Cuba había fracasado”.
Lo curioso es que todo queda en que “no se puede hacer nada, porque depende del Congreso”, en los marcos de un aberrante pragmatismo imperial, carente de toda ética. Nadie comenta sobre la violación de los principios del derecho internacional y la Carta de la ONU, sobre el respeto a la soberanía de los Estados, la autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en los asuntos internos de otros países. Eso no importa.
No obstante, tratan de repetir la historia
Contra Venezuela se repite los mismos objetivos y la misma retórica que utilizan la LHB, la extrema derecha  norteamericana, los contrarrevolucionarios cubanos y venezolanos de Miami y los consorcios privados de la prensa.
Se utilizan las mismas matrices de opinión utilizadas contra Cuba: “intimidación y represión” de la oposición,  “emergencia nacional”, “amenaza inusual  y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de los EEUU”, “violación de los derechos humanos”, “tenemos herramientas para bloquear sus activos y el uso que hacen del sistema financiero de los EEUU”, “exigir la excarcelación de los opositores”.
Es lo que proclaman la “orden presidencial”  y las “sanciones del Capitolio” contra Venezuela. También lo pregonan Josh Earnest, vocero de la Casa Blanca, la señora Jen Psaki, del Departamento de Estado, y su embajador ante la OEA: “No consiste en promover  disturbios en Venezuela o socavar su gobierno”, sino de un “procedimiento estándar” para “persuadir al gobierno de Venezuela a cambiar su política”.
Ben Rhodes, asesor adjunto de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, y Ricardo Zúñiga, asesor de Obama para Asuntos Latinoamericanos, han declarado a la prensa que la mencionada orden ejecutiva no es una amenaza para Venezuela, ni ese país representa una amenaza para EE.UU.
Según agencias cablegráficas occidentales, tradicionalmente conocidas por su complicidad con los gobernantes y los círculos de poder estadounidenses, Rhodes aclaró que “el uso del término ‘amenaza’ forma parte del lenguaje establecido para formular el tipo de órdenes ejecutivas como la emitida por Obama en marzo con sanciones” contra Venezuela. O sea, es un “lenguaje establecido” de oficio para atemorizar.
De acuerdo con el mismo despacho noticioso, Zuñiga reconoció que el texto “creó cierta confusión entre los socios”. Pienso que América Latina y el Caribe deben agradecer su franqueza cuando aclara, aunque sea de manera indirecta, que los gobernantes estadounidenses no tienen amigos ni aliados, sino “socios”. También actualiza lo dicho por un político norteamericano hace años: que EEUU no tenía amigos ni aliados, sino intereses.
El señor Daniel Fried, que en el Departamento de Estado se encarga de coordinar la Política de Sanciones, algo así como director de prisiones  o jefe de los verdugos de la diplomacia norteamericana, expresó en España que los castigos impuestos por Washington contra otros países son una “herramienta política”, que en este caso constituyen “una expresión de solidaridad con los venezolanos”. Mister Freid, en honor a su apellido,  quedó con el cerebro frito en Madrid.
Otros comentaristas de prensa sostienen que la reacción de los gobernantes latinoamericanos contra las sanciones norteamericanas a Venezuela son por oportunismo o cobardía, bien por los “lazos comerciales” que tienen con ese país o por miedo a “ser vistos como mandaderos de Washington, especialmente si en casa enfrentan protestas o la caída de índices de popularidad”.  Se asombran del repudio que
han suscitado unas simples “sanciones contra funcionarios venezolanos”.
Ideólogos que trabajan en los “tanques pensantes” de EE.UU. han llegado a decir que el "tropiezo diplomático" que enfrenta la administración de Obama en esta VII Cumbre de las Américas se debe a que “se equivocó totalmente en el mensaje y la comunicación… no en el hecho de imponer sanciones, sino en la forma y el lenguaje que impuso…”.
El derecho internacional califica esos hechos como injerencia en los asuntos internos de otros Estado, violación de la soberanía nacional de otro país e irrespeto a la autodeterminación de los pueblos.
Evidentemente, no entienden los cambios que se han producido en América Latina y el Caribe. Hay “gobiernos izquierdistas”, porque fueron elegidos por la sociedad civil de esos países, a pesar de las contradicciones que caracterizan a la sociedad divididas en clases. Después de la dura experiencia neoliberal de los años noventa y sus cantos de sirenas imperiales, los sectores populares empezaron a luchar por sus intereses y convertirlos en intereses nacionales frente a los de las aristocracias y los consorcios extranjeros.
Estamos en un momento en el cual las clases adineradas y explotadoras son incapaces de enfrentar por sí mismas a los movimientos populares de la sociedad y necesitan el financiamiento y la dirección de Washington. ¡Eso es lo que enfrentan en Panamá!
¡Ojalá que la injerencia extranjera no se traduzca en golpes de Estado, terrorismo, fraudes electorales, ríos de sangre y bloqueo económico, como le impusieron a los cubanos!
Algunos pueden pensar que alguien está asesorando mal al presidente Obama o lo están presionando a marchar por el camino equivocado, que conduce al ridículo que trata de evitar para sacar a su país del aislamiento y el rechazo en que se encuentra y no se haga mayor.
Otros pueden pensar que no importa la buena fe de los presidentes y los políticos estadounidenses, porque lo determinante es la naturaleza imperial, dominante, agresiva y expoliadora del sistema que rige los destinos de los EEUU, que ahora se proclama como gendarme único, universal y absoluto del planeta.
A manera de moraleja: la fuerza, la violencia, el odio, la venganza, el miedo, la mentira, la agresión, la arrogancia y la prepotencia en el concierto internacional no garantizan tener autoridad, prestigio, amigos y aliados seguros. También pueden tener el efecto que la flatulencia con fetidez crea en público.

jueves, 29 de enero de 2015

La “nueva política” de los Estados Unidos hacia Cuba (II y final)

Tomado de La Pupila Insomne
Por Elier Ramírez Cañedo

Las intenciones de Obama y los nuevos desafíos para Cuba.
 
Si antes del 17 de diciembre parecía aun un poco lejano el día en que los Estados Unidos levantaran el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba –piedra angular de su política hacia la Isla- y se avanzara hacia la “normalización” de las relaciones, ese horizonte parece ahora más próximo.

La historia de los últimos 55 años nos ha convertido en un pueblo curtido en el enfrentamiento a las más disímiles políticas agresivas de los Estados Unidos; pero tal vez no contamos con el mismo entrenamiento a la hora de afrontar una política de agresividad disimulada, una política que se proponga lograr los mismos objetivos por vías del acercamiento y el intercambio cultural, económico y político entre ambas sociedades, con menos restricciones. Un escenario, donde el enemigo que ha contribuido a conformar nuestra cultura política pretende hacerse menos visible, desdibujarse.

Pero, al mismo tiempo, creo que poseemos suficiente talento, inteligencia y entereza para unirnos más, ajustarnos a los nuevos retos y aprovechar las oportunidades que también pudiera ofrecernos en algunas esferas la nueva coyuntura. De lo que se trata es de asimilar el cambio lo más rápido posible.

Es cierto que, si Cuba no pudo ser absorbida culturalmente por los Estados Unidos antes de 1959 y se pudo hacer una Revolución Socialista, muy difícilmente eso pueda ocurrir ahora. No debemos perder nunca el optimismo, pero debemos ser optimistas activos, optimistas con una clara percepción del riesgo y de las nuevas tácticas que se articulan desde el norte para destruir la revolución. Subestimar al enemigo sería una conducta suicida.

Sobre este tema Fidel expresó en 1992 al ser entrevistado por Tomás Borge:

“Tal vez nosotros estamos más preparados incluso, porque hemos aprendido a hacerlo durante más de 30 años, para enfrentar una política de agresión, que para enfrentar una política de paz; pero no le tememos a una política de paz. Por una cuestión de principio no nos opondríamos a una política de paz, o a una política de coexistencia pacífica entre Estados Unidos y nosotros; y no tendríamos ese temor, o no sería correcto, o no tendríamos derecho a rechazar una política de paz porque pudiera resultar más eficaz como instrumento para la influencia de Estados Unidos y para tratar de neutralizar la Revolución, para tratar de debilitarla y para tratar de erradicar las ideas revolucionarias en Cuba”.

Pero ocho años más tarde, también expresaría Fidel:

“Sueñan los teóricos y agoreros de la política imperial que la Revolución, que no pudo ser destruida con tan pérfidos y criminales procedimientos, podría serlo mediante métodos seductores como el que han dado en bautizar como “política de contactos pueblo a pueblo”. Pues bien: estamos dispuestos a aceptar el reto, pero jueguen limpio, cesen en sus condicionamientos, eliminen la Ley asesina de Ajuste Cubano, la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, las decenas de enmiendas legales aunque inmorales, injertadas oportunistamente en su legislación; pongan fin por completo al bloqueo genocida y la guerra económica; respeten el derecho constitucional de sus estudiantes, trabajadores, intelectuales, hombres de negocio y ciudadanos en general a visitar nuestro país, hacer negocios, comerciar e invertir, si lo desean, sin limitaciones ni miedos ridículos, del mismo modo que nosotros permitimos a nuestros ciudadanos viajar libremente e incluso residir en Estados Unidos, y veremos si por esas vías pueden destruir la Revolución cubana, que es en definitiva el objetivo que se proponen”.

A mi juicio, debemos sentirnos satisfechos de haber llegado hasta aquí sin ceder un ápice en cuestiones de principios, pero nadie puede llamarse a engaño y pensar que el ancestral conflicto Estados Unidos-Cuba ha llegado a su fin.

Desarmarnos ideológicamente en estos momentos sería suicida, cuando, al tratarse de un conflicto de naturaleza sistémica, hacia donde nos dirigimos es hacia un modus vivendi entre adversarios ideológicos. Cuba y los Estados Unidos jamás han tenido una relación normal, no la tuvieron en el siglo XIX, tampoco en el XX, y mientras la esencia del conflicto siga siendo hegemonía versus soberanía, será imposible hablar de una normalidad en las relaciones. Utilizar hoy ese concepto en su acepción clásica puede resultar engañoso y confuso. Cuba ha defendido siempre una normalización, que en nada se ajusta a la visión estadounidense del término. Estados Unidos siempre ha entendido la normalización de las relaciones con Cuba sobre la base de la dominación, que implica que la Isla ceda terreno en asuntos que competen a su soberanía, ya sea en materia de política exterior o doméstica.

Por otro lado, nada indica, hasta ahora, que otro de los pilares básicos de esa política, la subversión en sus diversas modalidades, vaya a cesar. Todo lo contrario, al parecer se irá incrementando con el tiempo a través de lo que Obama denomina vías más creativas y artificiosas que promuevan los valores e intereses norteamericanos. “La administración –dijo el presidente norteamericano- continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba”.

El Departamento de Estado abrió convocatoria el 22 de diciembre, cinco días después de los anuncios de la Casa Blanca, para financiar programas por 11 millones de dólares que “promuevan los derechos civiles, políticos y laborales en Cuba”.

Si Estados Unidos no renuncia a estos programas injerencistas se corre el altísimo riesgo de que nuevos Alan Gross sean apresados en Cuba y de nuevo se produzca un retroceso en la relación bilateral.

Lo cierto es que la política de los Estados Unidos estará más caracterizada por la guerra cultural y la subversión política-ideológica, que por la idea de llevar a la Isla al colapso económico.

Asimismo, cuando el presidente estadounidense señala que continuará apoyando a la sociedad civil cubana, ya sabemos a cual sociedad civil se está refiriendo y que no es otra que la de los mercenarios que han nutrido las filas de una contrarrevolución fabricada y financiada desde los Estados Unidos.

Tanto la intervención de Obama como el Comunicado de la Casa Blanca demuestran que la administración Obama seguirá manejando las siguientes ideas en su estrategia subversiva e injerencista contra la Isla: “hacer que los ciudadanos obtengan cada vez más independencia económica del estado”, “los cubanoamericanos serán nuestros principales embajadores de la libertad”, “romper el bloqueo informativo”, “apoyar la sociedad civil en Cuba en materia de derechos humanos y democracia”, “empoderar al pueblo cubano y al naciente sector privado en Cuba”. La principal apuesta de la “nueva política” continuara siendo la juventud y dentro de ella: las mujeres, los negros, el sector cuentapropista y el artístico e intelectual.

Dos días después del anuncio del 17 de diciembre, en una conferencia de prensa, Obama fue aún más enfático y claro en sus intenciones hacia la Mayor de las Antillas. Como han sido las palabras menos citadas en los medios reproduzco en extenso los fragmentos que me parecen más importantes en función del análisis que venimos haciendo:

“Comparto las preocupaciones de los disidentes allá y de los activistas de derechos humanos de que este continúa siendo un régimen que oprime a su pueblo. Y como dije cuando hice el anuncio, no espero cambios de la noche a la mañana. Pero lo que sí sé irrevocablemente es que si usted ha estado haciendo lo mismo durante cincuenta años y nada ha cambiado, usted tiene que intentar algo diferente si quiere un resultado diferente.
“Y esto nos brinda una oportunidad para lograr un resultado diferente porque de repente Cuba se abre al mundo de una forma que no había sucedido antes. Se abre a los norteamericanos que viajan allá de una forma que no había sucedido antes. Se abre a grupos religiosos que visitan a sus compañeros de fe dentro de Cuba de una forma que no había sucedido antes. Ofrece la posibilidad de ampliar la disponibilidad de las telecomunicaciones y la Internet en Cuba de una forma que no había sucedido antes. Y con el tiempo, eso corroe esta sociedad tan cerrada y pienso que entonces ofrece las mejores posibilidades de conducir hacia más libertad y mayor autodeterminación para el pueblo cubano. Creo que comenzará dando tropezones, pero a través del compromiso tenemos más oportunidad de generar el cambio que si lo hubiésemos hecho de otra forma. (…) “Pero cómo va a cambiar la sociedad, el país específicamente, su cultura específicamente, pudiera suceder rápido o pudiera suceder más lento de lo que me gustaría, pero va a suceder y pienso que este cambio de política va a promover eso. (…) “…, y el sentido que tiene normalizar las relaciones es que nos brinda más oportunidad de ejercer influencia sobre ese gobierno que si no lo hiciéramos. (…) Pero lo cierto es que vamos a estar en mejores condiciones, creo, de realmente ejercer alguna influencia, y quizás entonces utilizar tanto zanahorias como palos”.

Se desprende de estas palabras de Obama, una vez más, que no hay cambios en los objetivos estratégicos, que se pretende subvertir nuestra cultura socialista y que seguirán usando la política del palo y la zanahoria cuando lo consideren necesario.

Las medidas anunciadas por Obama, en la medida que se vayan concretando, quizás nos den un respiro desde el punto de vista económico, y la posibilidad de acelerar la actualización de nuestro modelo económico y social, proceso sobre el que la administración Obama quiere influir y desviar hacia sus intereses. Pero tampoco debemos basar nuestras esperanzas de mejoría económica en espejismos aun no palpables y, aun cuando lo sean, todo debemos seguir fiándolo a nuestros propios esfuerzos, que a las supuestas “bondades” de un vecino tan poderoso.

En sus palabras del 17 de diciembre el presidente hizo alusión a la necesidad de estimular el crecimiento y desarrollo del “emergente sector privado” en la Isla y el comunicado de la Casa Blanca se señala que “se estudiarán diferentes medidas adicionales dirigidas a fomentar el crecimiento de los emprendimientos y del sector privado en Cuba”, lo cual está en total correspondencia con las ideas que en febrero de 2013 aparecieran en un informe del Cuba Study Group, organización que se reconoce como ONG, integrada por empresarios, intelectuales y activistas políticos cubanoamericanos, que se identifican con una “línea más moderada” en la relación con Cuba, el cual entre otras cosas señalaba:

“La codificación del embargo de EE.UU. contra Cuba no ha logrado cumplir con los objetivos establecidos en la Ley Helms-Burton de lograr un cambio de régimen y la restauración de la democracia en Cuba. El continuar ignorando esta verdad evidente no sólo es contraproducente para los intereses de los Estados Unidos, sino que es también cada vez más perjudicial para la sociedad civil cubana, incluyendo más de 400.000 cuentapropistas privados, ya que coloca la carga de estas sanciones directamente sobre sus hombros”.

La idea de que el levantamiento del bloqueo y el establecimiento de los más variados y estrechos vínculos económicos, políticos y culturales entre la sociedad cubana y la estadounidense –con algunos componentes del llamado carril II de la Ley Toricelli-, es lo que verdaderamente puede llevar al “cambio de régimen” en Cuba, no es algo exclusivo del momento actual. Este criterio, aunque sin hacerse dominante como lo es hoy, estuvo también presente con anterioridad en diversos sectores de la clase dominante y en las estructuras de poder de Washington. En la década del 70, fundamentalmente en el período presidencial de Jimmy Carter (1977-1981), se hizo notorio en el propio presidente: “Sentía entonces, como ahora, que la mejor vía para lograr un cambio en el régimen comunista cubano era el restablecimiento del comercio, las visitas y las relaciones diplomáticas”, señaló el ex presidente, en una entrevista concedida en el 2004 a los investigadores estadounidenses Peter Kornbluh y William Leogrande.

El 17 de junio de 1980, Robert Pastor, asistente para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional, y Peter Tarnoff, secretario ejecutivo del Departamento de Estado, quienes participaron en varias conversaciones con las autoridades cubanas y con el propio Fidel Castro, escribieron a Carter: “Aunque incluso un levantamiento parcial del embargo es imposible por el momento, debemos reconocer el efecto que podría tener con el tiempo, no sobre las actitudes de Castro sino sobre el entramado de la sociedad cubana. El regreso durante el último año de 100 000 cubanos-americanos para realizar visitas breves puso a Cuba en contacto con el magnetismo económico y cultural de los Estados Unidos y probablemente tuvo un efecto mayor en cuanto a abrir a Cuba que cualquier otra cosa hecha antes por los Estados Unidos. Levantar el embargo y abrir Cuba a las empresas y los contactos estadounidenses no podrían dejar de afectar al régimen de Castro”.

El propio Robert Pastor declararía en una entrevista en el 2009:

“Las relaciones normales entre Washington y La Habana podrían hundir a Cuba”.

Lo que estamos presenciando hoy es que Estados Unidos ha traslado el centro de su atención hacia la realidad interna cubana, en la que pretenden incidir más abiertamente y con premura. La apertura de una embajada en la Isla responde igualmente a ese propósito.

Si muchos de los que están a cargo del diseño y la implementación de la política hacia Cuba en los Estados Unidos creían que el bloqueo era funcional a la subversión, ahora se convencen de que más bien le resta efectividad. Si había consenso en que el bloqueo, al crear hambre y desesperación en el pueblo cubano, desataría la ira y el derrocamiento del gobierno, ahora consideran que facilitando al pueblo cubano el acceso a todo tipo de bienes materiales y medios de información, lo empoderan e independizan del gobierno y así, de forma gradual, terminará imponiéndose en la Isla el destino inevitable del capitalismo.

Para Cuba, los retos no dejan de ser enormes, pero al menos hemos dejado atrás una etapa que constituía el escenario menos deseado. No creo que nadie en su sano juicio, prefiera continuar en el punto en que nos encontrábamos anteriormente y que no entienda lo ocurrido como el paso hacia una nueva etapa basada en la victoria cubana.

Hace 56 años, el 8 de enero de 1959, Fidel expresó, en medio de la celebración por el triunfo, que quizás en lo adelante todo sería más difícil. Creo que, también ahora, quizás en lo adelante todo sea más difícil en algunos terrenos, especialmente en el campo del enfrentamiento ideológico y cultural al imperialismo. Del mismo modo, recordaba cuánto necesitaron nuestros mambises a José Martí y a Antonio Maceo en 1898. Los liderazgos de aquellas figuras imprescindibles hubieran ayudado muchísimo a los cubanos a enfrentar los desafíos de inicios del siglo XX. Por suerte para nosotros, esto ha sucedido en vida de nuestros principales líderes históricos: Fidel y Raúl.

La nueva contienda debe enfrentarse no solo en el plano del discurso y la reflexión –no menos importantes-, sino sobre todo, en la transformación real y concreta de la vida cotidiana del pueblo cubano, tanto en el plano espiritual como material y desde una plataforma anticapitalista. Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria, pero es la práctica la que en última instancia transforma la realidad. Por eso Fidel insistió en numerosas ocasiones que la Batalla de Ideas eran también hechos y realizaciones concretas. Y el primer vicepresidente Miguel Díaz Canel ha planteado que “el mejor antídoto contra los intentos de subversión del enemigo es hacer las cosas bien en cada lugar”.

Creo, a su vez, que hay que evitar cualquier viso de idealismo voluntarista o de pragmatismo economicista, extremos que conspiran contra el socialismo, y afrontar la transformación de nuestro país de manera orgánica, lo económico junto a lo ideológico y cultural. Se impone una batalla aún más rigurosa y efectiva contra todos aquellos males e insuficiencias de orden interno que en ocasiones resultan más subversivos que la labor de nuestro enemigo y les facilita el trabajo. En especial es necesario desatar una ofensiva a muerte contra el burocratismo, la corrupción, la insensibilidad, la negligencia, la ineficiencia y la doble moral.

Como sabiamente expresara Graziella Pogolotti a los artistas y jóvenes intelectuales cubanos en octubre del 2013:

“…el neoliberalismo propone una concepción totalizadora, una concepción económica, ideológica, social, de irrespeto a las víctimas, a los perdedores, y también cultural, que es la cultura de la banalidad que estamos consumiendo todos en alguna medida. Nuestro proyecto también tiene que ser un proyecto totalizador. Con una articulación que colocaría en otro orden lo político, lo social, lo cultural y lo económico, unido también a una batalla ideológica…”.

Habrá que movilizar a la verdadera sociedad civil cubana –nada que ver con la que defiende Obama- para articular una respuesta coherente a la nueva etapa de confrontación y que toda ella se convierta en nuestro principal y más poderoso núcleo de resistencia cultural.

Desde hace mucho tiempo estamos siendo testigos de una cruenta guerra de símbolos, por lo que resulta ineludible reforzar en el imaginario social nuestros símbolos y atributos nacionales, así como nuestras tradiciones más populares. Hoy nos hace mucho daño el hecho que una bandera cubana no pueda ser comprada a un precio asequible para el bolsillo de la mayoría de los cubanos o que nuestros niños no puedan tener calcomanías, juguetes y otros objetos con la imagen de animados cubanos como el Elpidio Valdés o Meñique y que ese vacío sea llenado por Mickey Mause y el Pato Donald. Al propio tiempo, nuestra ley y reglamento de símbolos nacionales necesita de una actualización urgente, pues la que existe prácticamente nos ata de pies y manos frente a la avalancha neocolonizadora.

La guerra cultural no se da solo en el presente, sino también en el pasado, de ahí que el trabajo con la historia de Cuba revista hoy cada vez más importancia. Escribir y divulgar la historia de la Revolución Cubana en el poder, de 1959 hasta la actualidad, sin que existan anatemas o zonas vedadas, constituye en mi criterio una cuestión de primer orden.

Debemos trabajar en la formación de un pensamiento crítico en nuestros jóvenes y adolescentes, dotarlos de un entrenamiento para el debate, e incentivar en ellos una mirada antiimperialista y anticolonialista. Así podrán cumplir la profecía de Fidel, cuando en el año 2000, dirigiéndose a los agoreros al servicio del Imperio, expresó: “…cumplo el cortés deber de advertirles que la Revolución cubana no podrá ser destruida ni por la fuerza ni por la seducción”. 

(Ver Parte I)
Notas
  1. Tomás Borge, Un grano de maíz. Entrevista concedida por Fidel Castro a Tomás Borge, Fundación Editorial el perro y la rana, Caracas, 2011, pp.144-145.
  2. Discurso del Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la Tribuna Abierta celebrada en la Plaza de la Revolución «Comandante Ernesto Che Guevara», en conmemoración del Aniversario 47 del Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Villa Clara, 29 de julio del 2000. En: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f290700e.html. (Internet)
  3. Conferencia de prensa ofrecida por el Presidente Obama, el 19 de diciembre de 2014 en: http://abcnews.go.com/Politics/obama-touts-progress-home-abroad-americas-resurgence-real/story?id=27719486 (Internet)
  4. Hoja informativa de la Casa Blanca anunciando cambios en la política hacia Cuba, 17 de diciembre de 2014 en: http://www.whitehouse.gov/issues/foreign-policy/cuba-politica (Internet)
  5. Cuba Study Group, “Restablecimiento de la Autoridad Ejecutiva sobre la Política de los Estados Unidos hacia Cuba”, febrero 2013, en: http://www.cubastudygroup.org/index.cfm/restoring-executive-authority-over-u-s-policy-toward-cuba, (Internet)
  6. Entrevista realizada a Carter por Peter Kornbluh y William M. Leogrande, 2004, citada en: “Talking with Castro”, en Cigar Aficionado, febrero de 2009.
  7. Memorándum de Peter Tarnoff y Robert Pastor a Carter, 17 de junio de 1980, The Carter Administration. Policy toward Cuba: 1977-1981, (documentos desclasificados, Biblioteca del ISRI) (Traducción del ESTI).
  8. Entrevista realizada a Robert Pastor por Juan O. Tamayo, en: Posted on Sun, 25 de octubre de 2009.
  9. Discurso pronunciado por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, miembro del Buró Político y primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto por el aniversario 55 de la entrada de Fidel a La Habana. Ciudad Libertad, 10 de enero de 2014, en: http://www.cubadebate.cu/opinion/2014/01/13/desterrar-el-inmovilismo-los-dogmas-y-las-consignas-vacias/ (Internet)
  10. Problemas de la Cultura Cubana. Conferencia de la Doctora Graziella Pogolotti, en el Segundo Congreso de la Asociación Hermanos Saíz, en la Escuela Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, el 18 de octubre de 2013. (Folleto)
  11. Discurso del Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la Tribuna Abierta celebrada en la Plaza de la Revolución «Comandante Ernesto Che Guevara», en conmemoración del Aniversario 47 del Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Villa Clara, 29 de julio del 2000. En: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f290700e.html. (Internet)

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