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miércoles, 10 de abril de 2019

Retoma Estados Unidos la guerra fría para intimidar al mundo


Tomado de El Heraldo Cubano
Por Arthur González

Increíble pero cierto, Estados Unidos ha retomado con más fuerza sus conceptos de guerra fría, para intimidar a los países que no se le subordinan, especialmente contra Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Otros países reciben iguales sanciones económicas y amenazas, pues para Donald Trump y sus halcones, no puede existir nadie en el mundo que se contraponga a sus dictados.

martes, 5 de septiembre de 2017

La Guerra cultural sigue viva.

Resultado de imagen de La CIA y la Guerra fría cultural
Tomado de La Pupila Insomne
Por Frances Stonor Saunders.

El programa  Milenio, de la Televisora brasileña O Globo entrevistó hace algunos años en Londres a la historiadora británica Frances Stonor Saunders a raíz de la salida en Brasil de su obra sobre la CIA y la Guerra Fría Cultural bajó el título ¿Quién pagou a conta? Hemos transcrito y traducido la entrevista para la televisión y adelantamos aquí algunos fragmentos de la transcripión que más adelante publicaremos íntegramente. 
(…)
-Y su foco en la acción de la CIA en el campo de la cultura en la guerra cultural, en el frente cultural.  Con certeza, en esa área la CIA tuvo un gran alcance.

lunes, 2 de enero de 2017

Los muertos que vos matas gozan de buena salud


Tomado de CubaDebate
Por Eliades Acosta Matos

Un epigrama similar al que da título a este texto aparece en la comedia de Juan Luis de Alarcón titulada La verdad sospechosa, de 1630, retomada por Pierre Cornielle, en 1644 mediante una reelaboración que sería publicada como Los mentirosos, y devuelta al español en versión definitiva, con traducción más contundente, una vez culminado este viaje de ida y vuelta.
No puedo menos que acordarme de esta frase afortunada, tras leer varios artículos escritos por improvisados sepultureros de un hecho de enorme significación histórica. Se trata, ni más ni menos, del epitafio o acta de defunción de la Revolución Socialista de Octubre, cuyo centenario conmemorará la Humanidad, el venidero noviembre del 2017.
Visitantes apresurados de San Petersburgo, sin más tiempo para indagaciones que de las que dispone un turista express, los críticos de hoy se siente autorizado, y en el deber, de leernos el responso final de una revolución que reduce a las pocas huellas visibles de esa época, apenas unas estatuas de Lenin, o ciertos bloques habitacionales austeros de la era soviética. De seguir semejante metodología, ¿qué queda en las grandes capitales latinoamericanas, con honrosas excepciones entre las que no está Santo Domingo, de las huellas visibles de la etapa colonial, por mencionar una, que no haya sido devorada por la especulación de terrenos y la barbarie constructiva del capitalismo rampante? ¿Y acaso eso es motivo para decretar la extinción de sociedades del ayer, de las que, por ejemplo nos queda un acervo infinito del que enorgullecernos, como es la lengua que hablamos?
En el caso ruso, sume a este fenómeno de rancia y pragmática globalización capitalista, como ocurrió en países de Europa del Este, especialmente Hungría, la antigua Checoslovaquia, Polonia, Alemania Democrática, y la propia URSS, el desmontaje programado y consciente de todo símbolo que pudiese recordar la época revolucionaria o socialista, siempre y cuando no reportase ganancias, como ocurrió con la torre de la televisión alemana de Alexander Platz, que sigue dominando los cielos de un Berlín unificado.
Por supuesto, no es en edificios y plazas, ni siquiera en monumentos, donde primero se han de buscar las huellas de una cultura y una civilización para poderla entender a cabalidad, y no como turista de paso. Es en las ideas, en los aportes históricos reales al progreso humano, siempre y cuando no estemos obnubilados por el cumplimiento de una tarea auto-impuesta desde el sesgo ideológico, donde estará la verdad.
Las críticas que se formulan contra el socialismo y la Revolución de Octubre se reducen de manera simplista al tema de la libertad de creación y expresión, como si solo eso tuviese importancia, y la tiene parcialmente, para medir el legado de millones de personas movilizadas por ideas, por conciencia, por las motivaciones reales que suelen poner en marcha a millones, al estallar revoluciones genuinas. Desde esa cómoda atalaya no pueden atisbar los críticos de nuevo cuño, y no alcanzan a atisbar, el por qué tuvo lugar la Revolución de Octubre, qué fuerzas sociales la apoyaron, contra quiénes se realizó, y en consecuencia, quiénes fueron sus enemigos derrotados.
No pueden explicar, y no explican estos denodados defensores del antiguo régimen en Rusia, cómo se convirtió en superpotencia el país más atrasado de la Europa de su época, un imperio feudal y autocrático donde apenas años antes se había derogado, al menos en el papel, el vergonzoso Derecho de Servidumbre, una versión eslava de la esclavitud de las plantaciones caribeñas. Tampoco cómo “eso” que se disuelve sin dejar huellas, a la vuelta de unas pocas décadas, y resurgiendo de las cenizas de la Guerra Civil, que contó con la invasión militar de 18 potencias extranjeras coaligadas contra el gobierno bolchevique, y luego de la Gran Guerra Patria, de 1941 al 1945, donde la URSS logró frenar y contribuyó decisivamente a la derrota final de la maquinaria nazi-fascista, se convirtió en “eso” que desafió al enorme poder de unos Estados Unidos intactos en su territorio. ¿O es que la Guerra Fría también se disolverá beatíficamente en el olvido?
Cuando estos críticos nos hablan de “las grandezas de Rusia”, por supuesto que no se iban a referir, y no se refieren, a la institución en la URSS del primer sistema sanitario y de seguridad social gratuito y universal en la historia de la Humanidad, ni de un sistema educativo totalmente público y gratuito, por primera vez también en la historia humana, del que surgieron los genios que deslumbraban al actuar con el ballet o los grupos folclóricos populares soviéticos, ni los premios Nobeles, ni los que disputaron el dominio de la energía atómica a los estadounidenses, ni pusieron al primer hombre y la primera mujer en el espacio. ¿A qué reducen estos señores las “grandezas de Rusia”? Pues a “…las grandes edificaciones de la época zarista y las colecciones de pintura y arte de El Ermitage”, dicho sea de paso, erigidas sobre el sudor, el sacrificio y el sufrimiento de los millones de rusos que trabajaban, pero no podían disfrutar de la contemplación de tales tesoros, por primera vez puestos al servicio del pueblo durante la detestable era de “eso que va camino al olvido”.
El mundo del arte y la cultura, de acuerdo a estos autores, “ámbito propicio para los excesos del socialismo real”, se nutre de una enumeración de artistas y escritores represaliados por Stalin, pero no a otros, (¡qué extraordinario descuido!) como los cineastas Serguei Eisenstein Vsevolod Pudovkin y Dziga Vertov; los poetas Evgueni Yestushneko, Andrei Voznesenski, Serguei Yesenin y Vladimir Maiakovski; los pintores Kuzma Petrov-Vodkin, Isaac Brodsky, L. Russov, V. Teterin, o N. Baskakov; los escritores Boris Polevoi, Konstantin Simonov, Máxim Gorky, Alexei Tolstoy, Julian Semionov, Yuri Olesha, Valentin Kataev, Mijial Bulgakov y Nikolai Ostrovki, junto al mencionado y Premio Nobel de Literatura, Mijail Sholojov.
Y no solo olvidan convenientemente, en su lista de artistas martirizados, a los que no lo fueron y entregaron en la URSS una obra de alcance universal, sino que insinúan que el socialismo es el único ámbito histórico donde la creación, los creadores y el poder han tenido confrontaciones, censuras, represaliados y mártires. Otra vez olvidan, y de nuevo convenientemente, a la Inquisición, la lengua cortada a Giordano Bruno, y él mismo quemado en la hoguera, el proceso contra Galileo, las persecuciones contra Kepler y Erasmo de Rotterdam, las obras de arte de civilizaciones devastadas o robadas por los poderes coloniales e imperialistas, o más recientemente, el destino de Lorca y Unamuno, de Víctor Jara, el McCarthismo en Hollywood, o si prefieren, los abultados expedientes del implacable espionaje y acoso del FBI contra John Lennon, Jimi Hendrix, Ernest Hemingway y Charles Chaplin.
La saña con que el capitalismo mundial, sus corifeos tarifados o voluntarios, sus amanuenses ilustrados o ignorantes, sus manipuladores venales u honorarios, atacaron desde su triunfo a la Revolución de Octubre, hasta el presente, es muestra de su alta peligrosidad a los ojos de quienes supieron desde el inicio que las sociedades desiguales en que vivían estaban en peligro. No fue la URSS quien inventó las sociedades dictatoriales, ni su desaparición las ha abolido para siempre sobre la faz de la tierra. Todo lo contrario. Abolida por decreto en 1991, su memoria sigue llenando de pánico a quienes atacan sus excesos y errores, pero callan los de las revoluciones francesa, inglesa o norteamericana.
Suspirar por el viejo régimen abolido por las revoluciones, o ver en él la grandeza de las naciones es, simplemente, una apuesta por el pasado, tanto como no comprender, o convenientemente callar, que las revoluciones son momentos imprescindibles en la historia humana, y justa solución de contradicciones que no se resuelven ya por otros medios. Lo fueron las guerras de independencia, lo fue la Restauración, y lo fue el frustrado gobierno de Juan Bosch.
No se necesitan sepultureros de un intento revolucionario, cuando las flagrantes injusticias, desigualdades, guerras, crisis económicas, epidemias, y amenazas que se ciernen sobre la Humanidad, no se han resuelto en los marcos de un sistema que exhibe capitales lujosas y hedonismo sobre la misma miseria, injusticia y desigualdad que lanzó a las masas francesas contra La Bastilla, a las mexicanas contra el Palacio del Zócalo y a las rusas, contra el de Invierno.
Son las injusticias y el sufrimiento de muchos los que desatan las revoluciones. Nuestra época es pródiga en ellos. Quien no quiera revoluciones, que no las abola en el papel, sino en la realidad, luchando contra las causas que las desatan.
Y sobre ese incierto horizonte del olvido prefabricado para embrutecer millenials, se perfila ya la figura totalitaria, intolerante, racista y brutalmente arrogante de ese líder del Mundo Libre que es Donald Trump. Ya arremetió contra los actores de Broadway que osaron pedirle respetuosamente a su vicepresidente Mike Pence, presente mientras escenificaban la obra “Hamilton”, que fueran gobernantes de todos y no solo de una parte de los norteamericanos.
Por la cultura empieza todo. Incluso esas revoluciones malditas que tanto desvelan a los doctos y acomodaticios críticos de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

viernes, 12 de junio de 2015

Cuba-EU: el Capitolio, aferrado al pasado

us fascists
Tomado de La Jornada.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos, de mayoría republicana, votó ayer a favor de una cláusula sobre presupuestos al transporte urbano, que en los hechos mantiene las restricciones de viajes a Cuba. Días antes, la Casa Blanca manifestó disposición por vetar esta iniciativa no sólo porque obstaculiza el incipiente acercamiento entre Washington y La Habana, sino porque reduce inversiones críticas en materia de transporte y seguridad.

La aprobación legislativa de ayer representa un revés del Capitolio a la decisión estratégica del gobierno de Barack Obama de procurar el fin del largo conflicto entre su país y la isla caribeña, originado por el empecinamiento histórico de Washington de impedir la autodeterminación de los cubanos.

Pese a que puede interpretarse como una medida para salvar una presidencia que resultó decepcionante en muchos sentidos, es innegable que la Casa Blanca ha dado pasos hasta hace unos meses insospechados para revertir la política contraproducente y hostil hacia Cuba. Acaso el más significativo sea el retiro de la isla de la lista de países patrocinadores del terrorismo, un documento cuya existencia es en sí misma ominosa y que ha servido como pretexto para la política hostil y beligerante de Washington contra gobiernos que no son de su agrado.

Fuera del ámbito estrictamente gubernamental –tanto estadunidense como cubano– el deshielo entre ambas naciones puede palparse en hechos tan sencillos y simbólicos como la celebración de un partido de futbol entre el equipo Cosmos de Nueva York y la selección cubana, realizado el pasado martes, o bien en el interés que han manifestado empresas estadunidenses de diversos giros por explorar oportunidades de negocio en la isla y en el incremento del consenso social entre los estadunidenses respecto de poner fin al embargo contra Cuba, que se ubica alrededor de 59 por ciento, según datos de la encuestadora Gallup.

Todas estas circunstancias hacen pensar que se asiste a un punto de inflexión histórico y que el acercamiento que se ha iniciado entre ambas naciones será un proceso sinuoso y tardado, pero irreversible.

En ese sentido, la votación de ayer en el Congreso, con todo y su trasfondo de cálculos político-electorales, exhibe a un Legislativo estadunidense aferrado a inercias propias de la Guerra Fría, que ya ni siquiera se corresponden con la opinión mayoritaria de la población de ese país.

Los avances obtenidos hasta ahora en la perspectiva de la normalización de relaciones entre Washington y La Habana resultan ciertamente insuficientes para revertir la injusticia histórica que se ha cometido contra el pueblo cubano en tanto no se deroguen las leyes estadunidenses en que se fundamenta el embargo comercial impuesto a la isla hace más de medio siglo.

Es necesario que el clima de opinión favorable a la superación del conflicto entre Washington y La Habana avance también entre los legisladores de ese país; que éstos abandonen la postura anacrónica que manifestaron ayer y que deroguen cuanto antes los fundamentos legales de una política que desde hace tiempo es objeto de repudio internacional y que pudiera volverse un factor adicional de descrédito respecto a la clase política del vecino país del norte.

La Guerra No Convencional de EE.UU. contra Cuba (III y IV Partes Final)




Tomado de Cuba Defensa.
Por José Ramón Rodríguez Ruiz / 06-05-2015 
Aplastado el intento de fortalecer un movimiento de resistencia o guerrilla que fuera capaz de derrocar al gobierno revolucionario, las formas y métodos de agresión subversiva contra Cuba por parte de EE.UU. evolucionaron y se diversificaron. En lo adelante, habiendo comprendido que no existían en la Isla condiciones propicias para el éxito de una campaña de Guerra No Convencional (GNC), sucesivas administraciones yanquis, independientemente de su discurso político y en grado variable, han dedicado sus esfuerzos a intentar crear en nuestro país un escenario más propicio para sus intereses.
La GNC contra Cuba, luego del fin de las bandas armadas, no alcanzaría más su objetivo de articular una resistencia violenta o guerrilla, que pudiera recibir el apoyo directo de EE.UU. No obstante, el aliento a la contrarrevolución interna, con el objetivo de conducirla a tal fin y las acciones tendentes a crear las condiciones favorables para ello, van a caracterizar la política yanqui hacia Cuba a partir de la década de los setenta.
Ya desde 1960 (1) existían planes de agresión radioelectrónica contra la Isla, que fueron reforzados bajo la administración Reagan en 1982, con la creación de lo que luego sería la Oficina de Transmisiones hacia Cuba, responsable de las mal llamadas Radio y TV Martí.
La agresión radial y televisiva contra nuestro país, que el Comandante en Jefe ha caracterizado como “una loca y fracasada aventura” (2), se inscriben en lo que la doctrina de la GNC define como Actividades de Información, dirigidas a “influir en las emociones de una audiencia determinada” (3), con el fin de subvertir su ideología. Aunque la doctrina la sitúa como un esfuerzo organizado por una probable resistencia, a falta de esta, contra Cuba se ha realizado como política del Gobierno de EE.UU., a través de sus instituciones y con el dinero del contribuyente estadounidense.
La guerra económica contra Cuba tampoco puede aislarse de la estrategia de agresión no convencional. El bloqueo económico, comercial y financiero contra la Isla debemos situarlo como parte de los esfuerzos que pueden ser de carácter político, diplomático, informacionales, militares y económicos, mediante los cuales EE.UU. ejerce su poderío nacional en función de sus objetivos estratégicos.
Como sabemos, la GNC persigue explotar las vulnerabilidades del adversario y en el caso de Cuba, la economía ha sido objeto de ataque permanente, a fin de erosionar las bases de nuestra construcción socialista, presentando como única alternativa el retorno al capitalismo. El bloqueo puede considerarse el esfuerzo de GNC de más larga data en esta triste historia de agresiones subversivas.
Las décadas de los setenta, ochenta y noventa del pasado siglo, tienen otro signo que las identifica y que tampoco se desvincula de la GNC como forma de agresión. Para “preparar el ambiente” en Cuba, EE.UU. ha promovido, autorizado o no ha impedido, acciones de sabotaje, piratería, guerra biológica, atentados, secuestros, etcétera.
La doctrina de la GNC define el sabotaje como “el acto dirigido a dañar, interferir u obstruir las defensas nacionales de un país, dañando o destruyendo de forma voluntaria materiales de guerra o defensivos, recursos, bienes, incluidos recursos humanos y naturales” (4). Desde la voladura del vapor La Coubre , pasando por la agresión biológica al sector agrícola o contra la población misma, hasta las bombas en los hoteles en los años 90, los sabotajes han sido una herramienta no convencional frecuente en la guerra contra Cuba. El capítulo más triste de esa etapa: la explosión de un avión civil cubano en pleno vuelo, con 73 víctimas mortales, el 6 de octubre de 1976. El autor confeso de ese crimen vive libre en las calles de Miami.
El derrumbe del campo socialista y el recrudecimiento del bloqueo exacerbaron en EE.UU. efímeras esperanzas de que la Revolución no resistiera tales embates. El incentivo a la contrarrevolución y la inestabilidad interna en Cuba también recibió en esta etapa otra vuelta de tuerca, mientras las carencias económicas generaban en el pueblo descontento y dificultades en escala sin precedentes.
El objetivo de todo ello fue señalado por Fidel en su alocución al pueblo, a raíz de los sucesos del 5 de agosto de 1994. Fidel señaló: “Ellos, naturalmente, quieren que se produzcan escenas sangrientas, quieren que haya una balacera, que haya muertos, para utilizarlos como instrumento de propaganda, en primer lugar; como instrumento de subversión, y, finalmente, como instrumento de intervención en nuestro país. La estrategia imperialista es crear una situación, crear el máximo de descontento dentro de nuestro país, dividir a la población, crear las condiciones más difíciles posibles y conducir a nuestro país a un conflicto, a un baño de sangre. ¡Sueñan con eso, añoran eso!” (5)
Es este el contexto en que surge la Ley Helms-Burton, aprobada el 12 de marzo de 1996, utilizando como pretexto fundamental el derribo de las avionetas de la organización contrarrevolucionaria Hermanos al Rescate y que tenía entre sus objetivos esenciales el “apoyo para una Transición Democrática en Cuba”.
Desde el punto de vista político, la llamada Ley de la libertad cubana y solidaridad democrática pretendía aumentar el clima de hostilidad en la política de EE.UU. hacia Cuba, para forzar la destrucción de la Revolución y desde el punto de vista económico, intimidar por todos los medios posibles a los empresarios extranjeros, para tratar de evitar las inversiones y el comercio internacional con Cuba. (6)
El fracaso de este y otros engendros anteriores como la Ley Torricelli (23 de octubre de 1992), no ha significado el fin de la agresión de EE.UU. contra Cuba ni la renuncia a uno de sus métodos fundamentales: La Guerra No Convencional.
Las causas de los fracasos permanecen invariables: no hay en Cuba condiciones para el funcionamiento de estas estrategias. Medio siglo de agresiones directas han probado su ineficacia para crearlas y es seguramente esa la causa de que asistamos hoy al momento histórico del cambio de método, anunciado por la administración Obama en su “nuevo rumbo para Cuba” el 17 de diciembre de 2014. ¿Quedará en el pasado la Guerra No Convencional?
Referencias.
1. El 17 de marzo de 1960, el presidente Eisenhower aprobó un plan presentado por la CIA para, entre otras cosas, crear una estación de radio de onda media que transmitiera propaganda sucia hacia Cuba, daba inicio a la larga y activa historia de la agresión radioelectrónica de EE.UU.
2. Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, presidente de la República de Cuba, en el acto central por el Aniversario 52 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en el teatro Karl Marx, el 26 de julio de 2005.
3. Publicación de Técnicas del Ejército ATP 3-05.1 “Guerra No Convencional”, Escuela y Centro de Guerra Especial del Ejército de EE.UU. John F. Kennedy, Septiembre de 2013. Ver en http://www.cubadefensa.cu/sites/default/files/atp_3-05.1_gnc_esp.pdf
4. Ibídem.
5. Comparecencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz ante la televisión cubana y las ondas internacionales de Radio Habana Cuba, efectuada el día 5 de agosto de 1994. (Versiones taquigráficas-Consejo de Estado)
6. Enciclopedia Colaborativa Cubana Ecured, consultada el 20 de marzo de 2015.
Enlaces de interés


¿Quedará en el pasado la Guerra No Convencional (GNC) contra Cuba?
La interrogante planteada en nuestro anterior artículo, debe ser abordada partiendo de un contexto general.
Para el gobierno de EE.UU., la GNC es en la actualidad más relevante que nunca. Su historia, que se remonta hacia finales de la Segunda Guerra Mundial, observó en el último quinquenio un violento realce, convirtiéndose en un comodín de la baraja imperialista, especialmente luego de la Primavera Árabe, cuyos ecos aún resuenan en Siria y cuyo influjo de derrocar gobiernos avanzó hacia Europa impactando naciones como Ucrania, y cruzó el Atlántico para intentar similares métodos contra la hermana República Bolivariana de Venezuela.
Nada de eso fue casual. Para EE.UU., la GNC es una “herramienta político-militar de utilidad estratégica, que bajo ciertas circunstancias, puede proveer la única opción factible para el alcance de los objetivos del gobierno, cualesquiera que estos sean, para influir, coaccionar, interrumpir o derrocar a un gobierno o autoridad gobernante; moldear actitudes o influenciar el comportamiento de poblaciones relevantes […] aplicando de forma directa o indirecta el poderío nacional de EEUU” (1).
Su elevado nivel de riesgo político y su carácter mayormente encubierto la definen como una operación especial, generalmente invisible para sus víctimas, al menos, en sus primeras fases.
Según la doctrina de EE.UU. sobre la GNC, la primera fase de una campaña de este tipo, denominada Preparación, comienza probablemente después de “años de Preparación del Ambiente Operacional que pueden crear las condiciones para una rápida transición desde una etapa de creación de condiciones (shaping en la terminología estadounidense) a la primera fase oficial de la campaña de GNC” (2).
Durante esta “preparación”, la participación de EE.UU. puede no ser notable, ni tener influencia negativa alguna en sus relaciones con el “país objetivo.
Las acciones dirigidas a preparar el ambiente para una campaña decisiva de GNC incluyen esfuerzos que también implican altos niveles de involucramiento de las agencias e instituciones del gobierno estadounidense, coherentes con el tipo de interacciones que el imperialismo sostiene con las naciones del Tercer Mundo.
En el caso del escenario bilateral actual entre Cuba y EE.UU., es notable que, aun después del 17 de diciembre de 2014, subsisten esfuerzos considerables en virtud de “preparar el ambiente” para tal fin, pues como sus propios ejecutores señalan: “estas actividades normalmente preceden, a veces en años, las operaciones que deben apoyar” (3).
Evidencias de esos esfuerzos, constituyen la persistencia de la agresión mediante distintas plataformas comunicacionales, entre las que sobresalen la televisión satelital, la Internet y la telefonía celular, que como ya hemos mencionado, cumplen lo que en la doctrina de la GNC se denomina Actividades de Información. Las intenciones de “incrementar el acceso de Cuba a las comunicaciones y su capacidad para comunicarse de manera libre” (4) pudieran servir al fin anterior, en caso de persistir en este tipo de métodos.
Son evidencias también el reconocimiento, por parte del gobierno de EE.UU., de una supuesta “sociedad civil cubana”, algunos de cuyos “representantes” pudimos ver en la reciente Cumbre de las Américas en Panamá, a codo con terroristas cuya culpabilidad en varios de los tristes hechos que hemos relatado en esta serie de trabajos está más que probada. Mientras EE.UU. pague y aliente a personas para intentar subvertir el orden interno en Cuba, la GNC no quedará en el pasado.
“Fortalecer a la sociedad civil cubana”; “empoderar al naciente sector privado cubano […] para así mejorar su nivel de vida y obtener una mayor independencia económica del estado”, son solo algunas de las líneas de la nueva política y parecieran objetivos nobles pero, como dijera el Maestro: lo esencial en política es lo que no se ve.
Como ha expresado el General de Ejército Raúl Castro Ruz: “nadie podría soñar que la nueva política que se anuncia acepte la existencia de una Revolución socialista a noventa millas de la Florida” (5), lo cual nos permite no olvidar la existencia –o mejor dicho– la insistencia en un fin, pero ¿cuál será el método?
Queda claro que lo hecho hasta ahora ha formado parte de un “enfoque fallido”. Así lo han reconocido. Para lograr el mismo resultado deben emplearse “nuevos” métodos, quizás análogos a aquellos que pedía el señor Dulles en 1960 y que citamos en la primera parte de este trabajo.
En la última década los métodos para derrocar gobiernos se han perfeccionado al punto de que la ocurrencia de efímeras “revoluciones”, ocultan eficientemente las manos que han movido los hilos detrás del escenario y las que luego recogen los frutos de la nueva situación creada.
A tono con lo expresado por la mayoría de los líderes de Nuestra América en el más reciente cónclave regional, los pueblos al sur del río Bravo debemos prestar especial atención a las lecciones de la historia. Ese ha sido el objetivo de las ideas expuestas en estos trabajos.
Creemos en la posibilidad de que las agresiones encubiertas y las conspiraciones puedan quedar en el pasado, pero no tardaremos en identificarlas y denunciarlas mientras se insista en avanzar por esos caminos, históricamente condenados al fracaso.
La conclusión de esta serie de trabajos nos fue sugerida por un comentario de una compañera lectora a una de las primeras partes, donde se empleó la palabra “amistad” para definir el actual momento histórico de las relaciones entre Cuba y EE.UU.
No creemos que sea imposible la amistad entre los pueblos de nuestros dos países, ni hemos sido nosotros quienes la hemos impedido, pero para que ello suceda muchas cosas deben quedar en el pasado y entre ellas, las actividades subversivas y encubiertas que desde el triunfo mismo de la Revolución, han formado parte de la GNC de EE.UU. contra Cuba.
Referencias:
1. Publicación de Técnicas del Ejército 3-05.1 “Guerra No Convencional”, Escuela y Centro de Guerra Especial del Ejército de EE.UU. “John F. Kennedy”, Septiembre de 2013. Ver en http://www.cubadefensa.cu/sites/default/files/atp_3-05.1_gnc_esp.pdf
2. Ibídem.
3. Ibídem.
4. Ver documento “Un nuevo rumbo para Cuba” en https://www.whitehouse.gov/issues/foreign-policy/cuba-política
5. Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, en la III Cumbre de la Celac, Costa Rica, 28 de enero de 2015.

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